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Bendecir
significa
desear
y
querer
incondicionalmente el
bien ilimitado para los
demás y para los
acontecimientos de la
vida,
haciéndolo
aflorar de las fuentes
más profundas y más
íntimas de vuestro ser.
(Pierre Pradervand)
Bendecir es un
deseo de amor
sin límites.
La bendición
nace siempre
de un corazón
limpio que
desea para
todos gracia y
favor.
Hemos de
aprender a
bendecir,
irradiar con
nuestra mirada,
nuestro toque,
nuestra oración,
con sola nuestra
presencia,
algo de paz,
bienestar y
alegría,
ungido todo en
misericordia.
Nunca
transmitas
rechazo,
resentimiento,
odio o
violencia.
Eso es
maldición,
y significa
muerte,
empezando
para el que
maldice.
Al empezar el
curso, bendición.
¡Cuántas
posibles
sementeras y
cuántas nuevas
oportunidades!
Cada curso, una
carrera hacia
adelante.
Bendición a la
semilla que se
esparce y a la
tierra que la
acoge.
Bendición a los
esfuerzos y
a las
gratificaciones.
Al empezar el
día, bendición.
Encontrarás
noticias buenas,
sentimientos
nobles,
saludos
amistosos;
Encontrarás,
quizás,
contratiempos
y dificultades.
Para todo,
bendición
Los hilos de la
Providencia nos
entrelazan,
y la Providencia
no descansa.
Cada instante es
un don.
Al empezar la
noche,
bendición.
Repasa los
sucesos de la
jornada y
bendícelos.
Y en el
silencio
profundo,
bendice a
Dios.
No has
malgastado
el tiempo y
necesitas
descansar.
Las estrellas
vigilarán
tus sueños;
y en los
sueños Dios
te puede
hablar.
En cada encuentro,
bendición.
Si la persona es
amiga, bendice la
amistad.
Bendice su mirada
radiante, sus gestos
abiertos, sus toques
acariciantes.
Cada amigo es una
bendición en
cadena, que crece y
crece, no se sabe
hasta dónde.
Y si la persona es indiferente, incluso adversa, bendición.
Convierte el silencio, el rechazo o la ofensa en bendición.
Rompe así el círculo vicioso del desamor.
Desea
a tu enemigo
que el cielo le
sonría y los
vientos le sean
favorables.
Matarás así,
no al enemigo,
sino a
la enemistad.
En cada
acontecimiento,
bendición.
Si los hados te
sonríen, bendice
el éxito.
Seguro que lo
has conquistado,
pero seguro que
te han
bendecido.
Siempre jugamos
con cartas
divinamente
marcadas.
Si la fortuna te ha vuelto la
espalda, bendición.
El sufrimiento puede ser
fuente de gracia, no
desgracia, si tú lo
bendices.
El dolor te hizo paciente, el
fracaso te hizo humilde,
la debilidad te hizo
compasivo.
Bendice especialmente
al que cargó con tus penas
y tus dolores,
nuestro Señor.
Para tu familia,
bendición.
Se lo debes casi
todo, lo más
bendito que has
encontrado,
donde fuiste
primeramente
amado, donde
respiras el aire del
paraíso y te dan
alas para volar.
Para tu trabajo,
bendición.
Por tu fuerza y tu
salud, por tu
competencia y
disponibilidad,
por tu interés y tu
vocación,
bendición.
“Pusiste una
herramienta en
nuestras manos y
nos dijiste:
Es tiempo de crear”.
Para los pobres e inmigrantes, especial bendición.
Y para los enfermos y desvalidos, especial bendición.
Son presencia misteriosa de Cristo, que, por cada
bendición que recibe, bendice cien.
En todas
las cosas,
bendición.
Por el
hermano
sol,
bendito
seas, mi
Señor…
Y por el
despertador…
… por el agua
corriente,
por el
calentador,
por el pan de
cada día,
por la radio
y la televisión…
…por el
móvil,
por el
regalo
acertado,
por todas
las cosas
útiles y
bonitas,
bendición.
Como San Juan Crisóstomo,
que murió en el destierro repitiendo:
“Gloria a Dios en todas las cosas”.
“Y por encima de todo, no os olvidéis de bendecir a
esa persona maravillosa que sois vosotros mismos”
(P. Pradervand)
Montaje: Marta Reina Sánchez
Fin
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El arte de bendecir