Decía Jesús:
“Salió un sembrador a sembrar.
Al sembrar un poco cayó al borde del camino;
Vinieron los pájaros y se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas
tenía tierra, y como la tierra no era profunda, brotó
en seguida; pero en cuanto salió el sol se abrasó
y por falta de raíz, se secó.
Otro poco cayó entre zarzas,
que crecieron y lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena y dio grano:
unos ciento, otros sesenta, otros treinta.
El que tenga oídos, que oiga”. (Mt 13, 3-9)
La actividad de la siembra
está llena de lecciones.
El sembrador
ha de conocer el terreno
y las semillas, ha de estar
atento a los cambios del
clima y de las estaciones.
Pero, sobre todo, el sembrador ha de tener una
paciencia a prueba de desaliento.
Sembrar es siempre apostar por la esperanza.
Algo parecido
pasa en la escuela.
Son muchos los
profesores que se
sienten desanimados o
quemados
por la abundancia del
fracaso escolar..
Nos resulta fácil criticar la calidad del terreno
para encontrar una respuesta al fracaso
o éxito de la siembra.
Habría que analizar la calidad de la semilla
y evaluar la preparación y el estilo de los sembradores.
La parábola del sembrador es conocida
por todos los cristianos.
En ella no se habla tanto del sembrado
como del sembrador.
Se insiste:
 en su fe,
 en su confianza,
 en su esperanza.
Esparce la semilla generosamente,
en todo el terreno y con igual dedicación.
LIBERTAD Y PAZ
“¡Dichosos vuestros ojos porque ven
y vuestros oídos porque oyen!”
Toda persona ha de dar fruto en la vida.
Confiar en la siembra porque existe un Sembrador.
Es posible abrir los ojos y los oídos para descubrirlo
en medio de la algarabía de este mundo.
Padre nuestro,
que por Jesucristo
derramas sobre nosotros
la semilla de tu palabra,
ayúdanos a acogerla
de verdad, para que
produzca frutos de buenas
obras para tu gloria
y nuestra paz. Amén.
Texto:
José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR –Salamanca
Presentación: Antonia Castro Panero
Música: Langour
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