Vi un látigo brillar en el vacío,
fiel rúbrica en la mano del jinete,
y, al choque, convertirse en estilete
cual rayo quemador en el estío.
Vi grácil el vapor salir del río,
tejer con él los vientos un tapete,
volverse con el trueno en un machete
y herir con su furor el bosque umbrío.
Si llegas a alcanzar tranquila vida,
siguiendo de los sabios el sendero,
vendrá el jinete para abrir la herida.
Si eliges, como fin, el ser austero
y encuentras la quietud tan perseguida,
vendrá al final el rayo traicionero.
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VENDRÁ