Paseo
con la ingenuidad
Ana Sánchez Azofra
4·C E.S.O
Mira, Xena, con tus ojos tiernos y vidriosos como juegan los chiquillos al porom
porom pompero… Ellos están en la flor de la vida ¿te das cuenta?
Xena ¡Qué felicidad tranquila como el remanso del río, sin enigmáticas dudas ni
terribles dilemas! Acerquémonos a su dulzura e ingenuidad y digámosles si
desean dar un paseo en tu esbelto y elegante caminar de árabe pura sangre.
-Niños, ¿deseáis dar un paseo sobre mi preciosa yegua torda y cabalgar con su
dulce y sencillo tacatá-tacatá-tacatá…?
-Pos supuesto que quiero montar y llegar sobre ella hasta la plaza del pueblo
como una reina en su trono majestuoso.-Comentó la menor, una pequeña de
dulces rasgos, cabellos igual al sol, ojos aguamarina y sonrisa pícara.
-Yo también deseo alzarme sobre tu lomo espléndido y llegar a la plaza como un
soldado victorioso de la guerra. -Dijo el hermano mayor de la pícara.
Ves, Xenita, la sencillez de los niños. Entre risas y alegres palabras nos contaban
que serían igual a la secuoya y al abedul.
¡Ay, Xenita! si todos fuéramos como los niños, cuán fácil sería convivir. Ellos
siempre generosos y amables hacen de nuestra vida un dulce paseo de violetas.
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