Baucis y Filemón
Alba Fuentes Cruz
Cultura Clásica II
Ies. Fuente de la Peña
Júpiter, hijo de Saturno, era el
soberano de todos los dioses.
Júpiter era el dios de la tierra
y el rey del firmamento.
Tal era su
grandeza que no
podía aparecer
ante los mortales
en todo su
esplendor sino que
debía
transformarse en
mortal o en animal
para hacerlo. Era
el guardián de la
ley, defensor de la
verdad y protector
de la justicia y la
virtud. Su templo
situado en el
monte Capitolino,
era venerado por
todos.
Mercurio era hijo de
Júpiter y Maya. Mercurio
era el guía de los
caminantes y el conductor
de las almas a los
infiernos.
Como Heraldo
y mensajero de
Júpiter,
Mercurio
llevaba casi
siempre el
atributo del
caduceo del que
se enrollaban
dos serpientes
en alusión a
aquellas dos
que, Mercurio,
vio pelear y que
separó
pacíficamente
con el caduceo.
Filemón era un pobre campesino, mas
aunque la comida no le sobraba, la
bondad y la generosidad llenaban su
corazón.
Baucis era la esposa de Filemón.
Llevaban juntos toda la vida y
ambos soñaban con permanecer
juntos hasta después de la muerte.
Vivían en una humilde cabaña en
el pueblo de Frigia. Frutas,
olivas, queso y un solo ganso en
el corral era todo lo que estos
pobres ancianos tenían para
comer
En aquel tiempo Júpiter y
Mercurio disfrazados de
mortales, visitaron el pueblo
de Frigia. Buscaron posada
en todos los hogares del
lugar pero en ninguno de
ellos encontraron cobijo.
No obstante, cuando
llegaron a la choza más
pobre de los alrededores,
los ancianos Filemón y
Baucis los recibieron de
buen agrado en su casa.
Júpiter y Mercurio descansaron
en el banco que Baucis les había
acomodado mientras que se
calentaban con el fuego que ésta
misma había logrado encender a
base de mucho esfuerzo.
Ambos ancianos llenaron la mesa con
todos los alimentos de los que
disponían. Mientras Filemón llenaba
los vasos de vino, se dio cuenta de que
el vino nunca se acababa y entonces
descubrió que eran las divinidades las
que estaban sentadas en su mesa.
Consciente de esto, Filemón pidió mil disculpas a los dioses por el
indigno banquete que les había servido y seguido de esto se apresuró a
buscar el ganso que guardaban en el corral con el fin de ofrecérselo a los
superiores.
Sin embargo, ante esto, el ganso se escondió entre las piernas de Júpiter y este,
tras impedir el sacrificio, les habló a los ancianos de que iba a destruir la
ciudad y a todos aquellos que les habían negado la entrada:
“Todos estos impíos que habitan este
cantón van a perecer; vosotros solos seréis
librados de esta suerte; para esto es
preciso que abandonéis vuestra cabaña y
nos sigaís montaña arriba, sin volver la
vista atrás hasta no haber llegado a la
cima”
Desde allí los dos ancianos pudieron ver todo el pueblo cubierto de agua
excepto su cabaña que ahora estaba convertida en un templo de oro y
mármol.
“Viejo prudente y tú, esposa de
hombre tan virtuoso, ¿Cuál es
vuestro mayor deseo?”
“ Todos nuestros deseos se reducen a ser
guardianes de ese templo y a como siempre
hemos vivido en perfecta unión, perecer los dos
el mismo día”
Así pues, ambos guardaron el templo desde ese momento, y cuando llegaron a una vejez
extrema, Júpiter los convirtió en dos árboles que se tornaban el uno hacia el otro
entrecruzando sus ramas. Filemón se convirtió en roble y Baucis en tilo.
Así es cómo los dioses recompensaron la piedad y honraron después de la muerte a
aquellos que les rindieron honor en vida
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