Vive sencillamente para que otros,
sencillamente puedan vivir.
CORPUS CHRISTI,
fiesta del Cuerpo y
Sangre de Cristo,
la fiesta popular
de la EUCARISTÍA.
Las tres lecturas presentan
la EUCARISTÍA
como el Sacramento
de la NUEVA ALIANZA.
La 1ª Lectura describe el rito de la
ANTIGUA ALIANZA:
Moisés
recuerda
las palabras
y la Ley de Dios,
y el pueblo
se comprometió
a ponerlas
en práctica. “Haremos
todo lo que manda el Señor
y lo obedeceremos.”
Los antiguos
sellaban
un contrato
de alianza
con la sangre
de las víctimas
ofrecidas.
Después Moisés,
con la sangre de las víctimas
asperja el altar y al pueblo.
La 2ª Lectura nos habla de la
NUEVA ALIANZA.
La Sangre de Cristo sella
una ALIANZA NUEVA
y definitiva entre Dios
y la humanidad.
“No usa sangre
de machos cabríos
ni de becerreros
sino la suya propia.”
Será un sacrificio definitivo,
que no se repetirá, sólo se actualizará
continuamente en la Eucaristía.
El Evangelio presenta
las características esenciales
del Sacrificio de Cristo.
Cristo,
da su vida
como sacrificio
de la
Nueva Alianza
y ratifica esa Alianza definitiva entre
Dios y los hombres a través de su sangre.
Mientras comían, Jesús tomó pan,
pronunció la bendición,
lo partió y se lo dio, diciendo:
“TOMAD, ESTO ES MI CUERPO”.
Cogiendo una copa,
pronunció la acción de gracias,
se la dio y todos bebieron.
Y les dijo:
“Esta es mi sangre,
sangre de la alianza,
derramada por todos.
Os aseguro que
no volveré a beber
del fruto de la vid
hasta el día que beba
el vino nuevo
en el reino de Dios.”
Jesús desapareció,
ausentándose en la Ascensión.
Desde entonces, esconde una presencia
siempre real,
aunque más discreta,
para poder ser más universal.
Salmo 115
ALZARÉ
LA COPA
DE LA SALVACIÓN,
INVOCANDO
EL NOMBRE DEL SEÑOR.
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
ALZARÉ
LA COPA
DE LA SALVACIÓN,
INVOCANDO
EL NOMBRE DEL SEÑOR.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas.
ALZARÉ
LA COPA
DE LA SALVACIÓN,
INVOCANDO
EL NOMBRE DEL SEÑOR.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
ALZARÉ
LA COPA
DE LA SALVACIÓN,
INVOCANDO
EL NOMBRE
DEL SEÑOR.
Yo soy
el pan vivo
que ha bajado
del cielo
-dice el Señor-;
el que coma de este pan
vivirá para siempre.
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