♫ Enciende los parlantes
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Significa confiar en Él, creer
que nada es imposible para Él
y que Él puede suplir todas
nuestras necesidades.
No solo reparte recompensas de índole espiritual, sino también bendiciones
tangibles, visibles y materiales, de esas que se miden en pesos, dólares y euros.
Es Dios del Cielo y también del mundo terrenal.
Trasciende ambos mundos, manda y vive en ambos, domina y crea en ambos,
y tiene poder para pagarnos en ambas monedas.
Debemos aprender a confiar en
que nos dará todo lo que nos haga
falta, no solo lo espiritual —
felicidad, una meta en la vida, paz
interior—, sino también lo material.
No tiene reparo alguno en sacarse del bolsillo dinero
contante y sonante y entregárnoslo, siempre y cuando
tengamos fe para recibirlo. Para Él eso no es nada.
Hay que tener en cuenta que Su influencia se extiende a todo y
que puede llevar a cabo milagros no solo en la esfera espiritual,
sino también en el terreno físico.
«Deléitate asimismo en el Señor, y Él te concederá
las peticiones de tu corazón» (Salmo 37:4).
«Buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia,
y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33).
«Dad, y se os dará» (Lucas 6:38).
«Nada bueno niega a los que andan en integridad» (Salmo 84:11).
Dependen de que cumplamos cierta estipulación, que en casi todos
los casos consiste en obedecer Sus dos grandes mandamientos:
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