4º Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B
Llegó Jesús
a Cafarnaúm,
y el sábado fue
a la sinagoga.
“Todos se quedaron asombrados de su doctrina,
porque no enseñaba como los escribas,
sino con autoridad”
EL AUTOR Y LA AUTORIDAD
Desde las altas tribunas,
los políticos se dedican
a rebatir las frases
más sonoras
que han pronunciado sus adversarios
el día anterior.
Los periodistas salpican sus columnas con
citas famosas.
Y la gente de a pie
repite las consignas que le pasan
por la tele o por el teléfono móvil.
Esto puede revelar que
no son muchos
los pensadores originales
y convincentes.
Hay pocos autores
con autoridad.
Sin embargo, las dos palabras deberían referirse
a esa sublime cualidad de quien ayuda a otros
a crecer de verdad.
El texto presenta a Jesús curando a un hombre
afectado por una enfermedad psíquica,
entonces atribuida a un mal espíritu.
Las palabras de Jesús están acompañadas
por gestos de curación
y de cercanía a los que sufren.
Un hombre que tenía
un espíritu inmundo
se puso a gritar:
¿Qué quieres de nosotros,
Jesús Nazareno?
¿Has venido
a acabar con nosotros?
Sé quién eres:
El Santo de Dios.
(Mc 1, 21-24)
¿Has venido a acabar con nosotros?
Nos engañamos al pensar que al aceptar
a Jesús saldremos perdiendo.
Ese es nuestro mal.
“Sé quien eres: El Santo de Dios”
En el evangelio se pone en boca
de los “alejados”
las más altas confesiones de fe.
Como ésta.
El “endemoniado” refleja
la convicción más alta de los
creyentes.
Jesús participa como nadie de la santidad de Dios.
Señor Jesús, sólo tú nos hablas con autoridad
y acompañas tus palabras con los gestos
que nos liberan de nuestras dependencias
y esclavitudes.
¡Bendito seas por siempre, Señor! Amén.
Texto:
José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR –Salamanca
Presentación: Antonia Castro Panero
Música: Relajación con violines y arpa
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