Semana Santa
Santa Semana
Este es el tiempo de la historia,
de la historia dura y pura;
de la pasión de Dios desbordada
y de las realidades humanas.
Es tiempo de muerte y vida,
de salvación a manos llenas;
del nosotros compartido,
del todos o ninguno,
y del silencio respetuoso y contemplativo.
Tiempo de amor, tiempo de clamor;
tiempo concentrado, tiempo no adulterado;
tiempo para sorberlo hasta la última gota.
Tiempo de Nueva Alianza y fidelidad
por encima de lo que sabemos, queremos y podemos.
Tiempo en el que Dios nos toma la delantera
y nos ofrece la vida a manos llenas.
Es el tiempo de todos los que han perdido,
de los que han sufrido o malvivido.
Es el tiempo de la memoria subversiva,
de Dios haciendo justicia
y dándonos vida.
Gesto de amor
fraterno
Cenar con los amigos,
abrirles el corazón sin miedo,
lavarles los pies con mimo y respeto,
hacerse pan tierno compartido
y vino nuevo bebido.
Embriagarse de Dios,
e invitar a todos a hacer lo mismo.
Un gesto solo, uno solo,
desborda tu amor,
que se nos ofrece
como manantial de vida.
Si nos dejamos alcanzar y lavar,
todos quedamos limpios,
como niños recién bañados,
para descansar en su regazo.
¡Lávame, Señor!
¡Lávanos, Señor!
¿Y si Dios fuera «el río»
que baña y refresca nuestros pies cansados
y calma nuestra sed de vida y ternura
en este mundo peregrino?
¿Y si Dios fuera «Jesús de Nazaret»,
muerto y resucitado hace dos milenios,
y en la actualidad estandarte de vida y esperanza
de pobres, misericordiosos y perseguidos?
Florentino Ulibarri
¿Y si tú y yo también fuéramos Dios
-dioses en miniatura- con la responsabilidad
de convertir este mundo inhóspito
en un «reino» de paz y de fraternidad?
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