La santidad (felicidad)
es nuestro camino
y nuestra meta.
Mateo 5, 1-12a / Solemnidad de [email protected] [email protected] [email protected]
Autora: Asun Gutiérrez.
Música: Haendel. Aleluya.
Celebramos el amor de Dios, que ya ha acogido en casa a [email protected] que nos han precedido
y nos espera con los brazos abiertos a [email protected] que todavía estamos en camino.
Hoy celebramos a [email protected], no sólo a [email protected] que están escritos en las listas oficiales,
sino a [email protected] que están en la lista de Dios, que son muchí[email protected] más.
Entre [email protected] están nuestros familiares y [email protected]
Es una fiesta universal.
Al ver a la gente, Jesús subió al monte, se sentó, y se le
acercaron sus discípulos. 2 Entonces comenzó a enseñarles con
estas palabras:
1
Jesús va a señalar las pistas que conducen a la verdadera felicidad.
El camino hacia una vida plena y llena de sentido.
No es ley ni código ni norma moral, es Evangelio, Buena Noticia, anuncio gozoso.
Cada bienaventuranza es un grito de alegría de Jesús por la llegada del Reino
de Dios y por la liberación que viene con él.
Las bienaventuranzas de Mateo revelan cómo es el corazón de Jesús y, por lo
tanto, cómo ha de ser el corazón de sus seguidores y seguidoras.
Dichosos los pobres en el espíritu,
porque suyo es el reino de los cielos.
3
Es la actitud de la libertad y de la independencia interior.
Es estar abiert@ y agradecid@ a lo que [email protected] demás y Dios me regalan cada día.
En cada bienaventuranza se da una tensión entre el “ya” y el “todavía no”.
Las personas que cambian el proyecto de poseer por el de compartir lo que son
y lo que tienen son felices.
La primera bienaventuranza es el camino hacia la libertad interior y hacia la
verdadera felicidad.
Dichosos los que están tristes,
porque Dios los consolará
5 Dichosos los humildes, porque
heredarán la tierra.
4
Cuando no se impone el propio bienestar, sino el deseo sincero y eficaz
de compartir, consolar y ayudar a [email protected] demás, se elimina la causa de tantos
sufrimientos originados por el egoísmo personal y social.
Trabajar para que la vida sea más humana, más soportable, más llevadera,
más feliz, para convertir la tierra en un bien común para [email protected], es fuente
de la auténtica felicidad.
6
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque Dios los saciará.
La bienaventuranza es una invitación
a una vida feliz. Quien practica la
justicia no se saciará sólo en el “más
allá”, sino que vivirá feliz y estará
satisfech@ en su lucha de cada día.
¿Quién, qué es la causa de mi Sed?
¿Cómo alivio la Sed de [email protected] demás?
La persona misericordiosa tiene una actitud maternal hacia sí mism@ y hacia [email protected]
demás. La misericordia brota del amor a un@ mism@ y al prójimo.
Quien es misericordios@, consigo mism@ y con [email protected] demás, siente paz interior,
bondad, ternura, amabilidad. La misericordia es el camino hacia la felicidad interior.
Jesús nos muestra con su vida qué significa la misericordia y el lugar que ocupa para
él en sus palabras y en sus obras.
Jesús nos asegura que hay personas que tienen un corazón puro, sencillo, limpio,
claro, sin segundas intenciones, que no juzgan a [email protected] demás...
Las personas de corazón limpio ven a Dios.
¿Qué contemplan? La pureza, la felicidad, la santidad, la belleza, la sencillez... todos
los reflejos a través de los cuales se puede contemplar a Dios.
Con esta bienaventuranza Jesús quiere despertar en [email protected] el sentido de la
limpieza interior que nos sana y nos hace felices.
Dichosos los que tienen un corazón limpio,
porque ellos verán a Dios.
8
Dichosos los que
construyen la paz,
porque Dios los
llamará sus hijos.
9
Las personas que siembran reconciliación, no marginan ni juzgan ni condenan a
nadie, utilizan un lenguaje pacificador, no necesitan destacar... crean la paz
en su interior y en el ambiente que les rodea.
Sólo quien está en paz y armonía consigo mism@ puede construir la paz para [email protected]
demás. El amor, a un@ mism@ y a [email protected] demás, es la fuerza que crea la paz
verdadera.
Dichosos los que sufren
persecución por la justicia,
porque de ellos es el reino de los
cielos.
10
Ignacio Ellacuria
Jon Sobrino
Óscar Romero
Jesús felicita a quienes son [email protected] por causa de la justicia.
Quien lucha por la justicia, por un mundo justo, resulta incómod@.
La persona valiente no es temeraria, sino la que se mantiene fiel a sus convicciones,
es interiormente libre y no depende de la opinión de [email protected] demás.
La persecución es la consecuencia inevitable de la opción por el reinado de Dios.
El verse perseguid@ es señal clara de haber entrado en el proyecto de Jesús,
en el reino de Dios. Las personas que soportan la persecución
son quienes verdaderamente tienen a Dios por rey. Y son felices.
Quien vive pacíficamente en armonía
con el sistema establecido
tiene que preguntarse seriamente
si ha entrado o no ha entrado
en el Reino de Dios.
La persecución es promesa
de felicidad.
Dichosos seréis cuando os injurien y os persigan, y digan contra vosotros
toda clase de calumnias por causa mía.
12 Alegraos y regocijaos, porque será grande vuestra recompensa en los cielos,
pues así persiguieron a los profetas anteriores a vosotros
11
No cabe decir que el programa de las Bienaventuranzas
es una utopía, irreal e imposible,
antes de habernos puesto a practicarlo,
aunque sea de forma incipiente, imperfecta.
Lo importante es ponerse en marcha
para experimentar que ese modo de organizarse la vida
lleva consigo una felicidad
que no es comparable a ninguna otra Alegría.
Creo en Jesús, el Maestro,
el que conoce el camino de la vida.
Creo en sus palabras, tan sencillas,
que despiertan lo mejor de mí mismo,
que me hacen ser más persona y más hermano.
Creo que es mejor dar que recibir,
es mejor perdonar que vengarse,
es mejor compartir que atesorar,
es mejor vivir con poco,
es mejor sembrar que recoger,
es mejor sembrarse que conservarse,
es mejor caminar que instalarse,
es mejor confiar que juzgar.
Creo que son felices, sobre todo,
quienes escuchan la Palabra de Dios
y la ponen en práctica.
José E. Galarreta,
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