Jesús a nadie niega un lugar en su mesa, ni se niega a ser comensal de nadie.
Nuestra tierra debiera ser una única gran mesa para todos,
llena de frutos humildes y sabrosos,
fruto de nuestro trabajo y regalo de Dios.
Si compartiéramos lo que tenemos, habría suficiente para todos.
Por malos o llenos de defectos que nos veamos,
nunca debiéramos dudar de esto:
Jesús nos acoge con gusto a su mesa,
y es un gusto para él que le invitemos a la nuestra.
José Arregi.
Texto: Lucas 16,19-31 // 26 Tiempo Ordinario –CComentarios y presentación: Asun Gutiérrez.
Música: Bruch. Violonchelo y Orquesta. Adagio.
19Había
un hombre rico que se vestía de púrpura y lino, y todos los días
celebraba espléndidos banquetes. 20Y había también un pobre, llamado Lázaro,
tendido en el portal y cubierto de úlceras, 21que deseaba saciar su hambre con
lo que tiraban de la mesa del rico. Hasta los perros venían a lamer sus úlceras
Lázaro significa “Dios ayuda”.En esta parábola es el pobre el único que tiene nombre.
El nombre del rico no aparece en el texto.
La riqueza de unas personas es la causa del empobrecimiento de otras, en tiempo de
Jesús y siempre.
De Lázaro no se dice que fuera bueno, ni del rico que fuera perverso. La única
acusación que se le hace es que no quiso compartir sus bienes. Bienes que impiden
toda actitud solidaria y fraterna, deshumanizan e incapacitan para ver y sentir las
necesidades de [email protected] demás.
El rico representa a quien tiene miedo de entrar en contacto con lo que pueda
cuestionar y complicar su estilo de vida. No ve las necesidades de [email protected] demás o, si
las ve, no se siente responsable ni movido ni conmovido por ellas.
22Un día el pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. También
murió el rico y fue sepultado. 23Y en el abismo, cuando se hallaba entre torturas, levantó
los ojos el rico y vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno. 24Y gritó: «Padre
Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje en agua la yema de su dedo y
refresque mi lengua, porque no soporto estas llamas». 25Abrahán respondió:
«Recuerda, hijo, que ya recibiste tus bienes durante la vida, y Lázaro, en cambio, males.
Ahora él está aquí consolado mientras tú estás atormentado.
El objetivo de la parábola no es reflexionar sobre el infierno ni sobre la credibilidad
o no de las apariciones, ni sitúa la enseñanza en el destino final. No se trata de
solucionar los problemas remitiéndolos al más allá. La cuestión es no dejarnos
deshumanizar por ningún tipo de riquezas y ser personas sensibles y solidarias con
quien lo necesite. El peligro, y el contrasentido para quien se considere cristian@, es
la despreocupación, la indiferencia, el no querer enterarse de la existencia de
tantos “lázaros” que necesitan una mano tendida.
26Pero, además, entre vosotros y nosotros se abre un gran
abismo, de suerte que los que quieran pasar de aquí a vosotros,
no puedan; ni tampoco puedan venir de ahí a nosotros».
El mensaje de la parábola es muy actual. Hay un abismo entre una persona
y/o una comunidad cerrada, basada en el dinero, las normas, el poder, la costumbre,
el aislamiento, el miedo... y una persona y/o una comunidad evangélica, abierta,
libre, solidaria, que acoge, comparte, respeta, comprende...
No hay ninguna duda de que Jesús acoge y acepta a [email protected] [email protected] que quieran
participar de su mesa, sin excepción. Por tanto, todo impedimento, prohibición,
exclusión, rechazo... para participar en la mesa y vida de la comunidad, no es actitud
evangélica, no es lo que Jesús hizo ni lo que nos recomienda hacer.
27Replicó el rico: «Entonces te ruego, padre, que lo envíes a mi casa
paterna, 28para que diga a mis cinco hermanos la verdad y no vengan
también ellos a este lugar de tormento». 29Pero Abrahán le respondió:
«Ya tienen a Moisés y a los profetas, ¡que los escuchen!». 30Él insistió:
«No, padre Abrahán; si se les presenta un muerto, se convertirán».
31Entonces Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas,
tampoco harán caso aunque resucite un muerto».
También hoy, a pesar de la claridad del mensaje de Jesús, podemos auto
engañarnos buscando subterfugios o pidiendo milagros para evadir
compromisos.
Como los fariseos –”amigos del dinero”- conocemos teóricamente y leemos
con frecuencia la Palabra de Jesús. ¿Transforma realmente nuestra vida?
Está claro que si la Palabra, la Persona, la vida de Jesús, no transforma
nuestra vida, no cambiaremos ni aunque resucite un muerto.
Señor, más de la mitad de la humanidad anda como Lázaro,
buscando las migajas que deja caer el Capital.
Todos a las puerta de los palacios y los negocios, esperando las sobras,
y Tú estás con ellos.
Estás a la puerta mendigando con los pobres
y recibiendo los portazos que ellos reciben.
Y gritas por la ventana a los mercaderes de esclavos:
Llegará un día en que lo perdáis todo. Porque al final, os examinarán del amor.
Van al templo el domingo a oír lo que ellos esperan:
que Tú has hecho ricos y pobres y que hay que ser bueno con todos,
es decir, con ninguno.
Y salen tranquilos como si ésa fuera tu voz.
Llévame contigo a las chozas de los “lázaros”, a recoger del suelo al caído
y dar un bastón al cojo, a levantar paredes y poner techos,
a preparar mesas redondas para niños desnutridos.
Llévame, no me dejes tirado/a en el camino, ahora que he llegado hasta aquí,
buscando la estrella del amor. Dime también a mí, como a aquel inválido:
¡Levántate y ponte en movimiento!
(Patxi Loidi)
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26 Tiempo Ordinario -C-