SUBSECRETARÍA DE EDUCACIÓN MEDIA SUPERIOR
RESEMS - Zacatecas
REFLEXIONES Y NOTAS EN TORNO AL
ARTÍCULO 3° CONSTITUCIONAL
Conferencia dictada por el destacado maestro Lic. Gabriel Huante Altamirano en el año 2000
Abril, 2009
Por sus implicaciones históricas,
filosóficas y legales, el Artículo
Tercero constitucional ha venido a ser
uno de los preceptos en que la
sociedad mexicana ha mostrado
especial interés. Su concepción y
alcances han sido frecuentemente
impugnados según sea la postura
ideológica que se adopte.
Después de haberse cumplido 83 años del apasionado debate que suscitó
su análisis en el Congreso Constituyente de 1916-1917, aún resuenan las
voces de quienes sostuvieron posiciones contrarias. Por un lado, “La
tendencia liberal o de liberales moderados”, como también se le ha
llamado, estaba representada por los diputados Natividad Macías, Luis
Manuel Rojas, Felix F. Palavicini, Alfonso Cravioto y otros. La neoliberal o
revolucionaria estaba, a su vez, representada por Francisco J. Múgica,
Heriberto Jara, Juan de Dios Bojórquez, Esteban N. Calderón, Enrique
Colunga, Jesús Romero Flores, Luis G. Monzón, Enrique Recio, Jesús López
Lira y otros”.
El día que se discutió el proyecto del
Artículo Tercero, de la Constitución, el
Jefe del Ejército Constitucionalista,
Venustiano
Carranza,
consideró
necesario estar presente, lo cual, lejos
de evitar la crítica al proyecto, la avivó
terminando en su rechazo.
El Artículo Tercero presentado en el
proyecto, decía así: “Habrá plena
libertad de enseñanza; pero será laica
la que se dé en los establecimientos
oficiales de educación y gratuita la
enseñanza primaria, superior y
elemental que se imparta en los
mismos establecimientos”.
Según el maestro Leopoldo Zea, “Se mantuvo así el espíritu liberal de abstención
en el campo ideológico, ese espíritu que ya había sido combatido por un liberal
como José María Luis Mora, por considerarlo inadecuado para nuestra realidad.
Las escuelas particulares mantenían su intocabilidad en este campo al no ser, ni
siquiera, sometidas a este laicismo considerado como neutralidad”.
La comisión encargada de dictaminar sobre el proyecto, formada por Francisco
J. Múgica, Alberto Román, Enrique Recio y Enrique Colunga dictaminaron en
contra del proyecto. Otro de sus miembros, Luis G. Monzón, dio un voto
particular, también condenatorio, pero en desacuerdo sobre la definición que
debería darse al espíritu que había de animar la educación.
La comisión sostuvo: En consecuencia, el Estado debe proscribir toda enseñanza
religiosa en todas las escuelas primarias, sean oficiales o particulares. Pero
había algo más, por educación laica no debería seguirse entendiendo educación
neutral, “dando a este vocablo la significación de neutral, se ha entendido que el
laicismo cierra los labios del maestro ante todo error revestido de alguna
apariencia religiosa”. Por ello, “La Comisión entiende por enseñanza laica, la
enseñanza ajena a toda creencia religiosa, la enseñanza que transmite la verdad
y desengaña del error inspirándose en un criterio rigurosamente científico”.
Pero, no encuentra la comisión otro vocablo que exprese su idea más que el de
laico, y de éste se ha servido, haciendo constar que no es su propósito darle la
acepción neutral indicada al principio.
Uno de los miembros de la comisión había encontrado ese otro vocablo que fue
rechazado. “Los miembros de la Comisión de Puntos Constitucionales - dice el
diputado y profesor Luis G. Monzón - hemos formulado, de común acuerdo, el
Artículo Tercero de la Constitución reformada como aparece en el dictamen
relativo y no hemos discutido sino el empleo de una palabra que, precisamente
es la capital en el asunto de referencia, porque es la que debe caracterizar la
educación popular en el siglo XX. Esa palabra es el vocablo laico, empleado
mañosamente en el siglo XIX, que yo propongo se sustituya por el término
racional, para expresar el espíritu de enseñanza en el presente siglo”. Y agrega
más adelante: La escuela del siglo XVIII enseñaba el error; la escuela del siglo XIX
no lo enseñaba, pero lo toleraba; pues que la escuela del siglo XX lo combata en
todos sus reductos, por tradicionalmente respetables que sean, para lo cual
necesita trocarla de laica en racional, así lo piden las leyes de la evolución”.
La Comisión, sin aceptar el nuevo vocablo, propone se establezca el Artículo
Tercero en la siguiente forma: “Habrá libertad de enseñanza, pero será laica la
que se dé en los establecimientos oficiales de educación, lo mismo que la
enseñanza primaria elemental y superior que se impartan en los
establecimientos particulares. Ninguna corporación religiosa, ministro de culto o
persona perteneciente a alguna asociación semejante podrá establecer o dirigir
escuelas de instrucción primaria ni impartir enseñanza personal en ningún
colegio. Las escuelas primarias particulares sólo podrán establecerse
sujetándose a la vigilancia del gobierno. La enseñanza primaria será obligatoria
para todos los mexicanos, y en los establecimientos oficiales será impartida
gratuitamente”. La discusión transformaría, en parte la redacción, pero
manteniendo el mismo espíritu.
Para ilustrar el grado de intensidad que se dio en el debate al fijarse las
posiciones, resulta útil y revelador transcribir, así sea parcialmente, las ideas
expuestas por representantes de las dos tendencias:
Hilario Medina, Heriberto Jara y Francisco J. Múgica, integrantes
de la Comisión de Puntos Constitucionales, 1916-1917.
Francisco J. Múgica, al defender el dictamen de la comisión sobre el Artículo
Tercero, decía: si se deja la libertad de enseñanza absoluta para que tome
participación en ella el clero con sus ideas rancias y retrospectivas, no se
formarían generaciones nuevas de hombres intelectuales y sensatos, sino que
nuestros postreros recibirían de nosotros la herencia del fanatismo, de
principios insanos, y surgirían más tarde otras contiendas que ensangrentarían
de nuevo la patria, que la arruinarían y que quizá la llevaría a la pérdida total de
su nacionalidad.
Por su parte, Luis Manuel Rojas, uno de los expositores del otro punto de vista,
más liberal en la letra, pero menos realista, decía: “En el caso de México es
extemporánea la fórmula intolerante y agresiva que nos propone la comisión
para el Artículo Tercero, después de haberse dado las leyes de reforma y de
realizarse la independencia de la Iglesia y el Estado. El proyecto del Primer Jefe
establece la libertad de enseñanza, y cuando ella se refiere sólo a los individuos,
debe entenderse sin restricciones”. Y más adelante abundaba: “Desde el punto
de vista más correcto, se formula la perfecta neutralidad del gobierno en la
enseñanza pública, respecto a todas las instituciones o creencias religiosas o
filosóficas, al establecer que ella será laica; pero esta condición no se extiende a
los establecimientos educativos de los particulares, como pretenden los
Jacobinos de esta asamblea”.
José Natividad Macías, sin hacer caso de la elemental discreción, se escandaliza
ante el proyecto Jacobino y pregunta: “¿Qué va a decir el gobierno de los
Estados Unidos?, Carranza ha prometido respetar todas las libertades; prometió
que se respetaría la Constitución de 57; todas esas promesas las ha hecho a
través de manifiestos y reformas, y en una enérgica comunicación enviada a la
Cancillería de Estados Unidos, que creía lo contrario. Pero ahora resulta que
Carranza no puede cumplir, porque el Congreso se le ha insubordinado”. La
mejor manera de educar al pueblo “ no es quitarle la libertad de enseñanza, sino
defender la instrucción, como lo ha hecho el ciudadano Primer Jefe, y a medida
que el pueblo tenga instrucción, que la luz penetre a todas las conciencias, ese
día, señores, las costumbres se modificarán y entonces vendrá efectivamente la
renovación que todos esperamos”.
Al final, la redacción del Artículo Tercero Constitucional quedó en los siguientes
términos:
“La enseñanza es libre; pero será laica la que se dé en los establecimientos
oficiales de educación, lo mismo que la enseñanza primaria elemental y superior
que se imparta en los establecimientos particulares”.
“Ninguna corporación religiosa, ni ministro de algún culto, podrán establecer o
dirigir escuelas de instrucción primaria”.
“Las escuelas primarias particulares sólo podrán establecerse sujetándose a la
vigilancia oficial”.
“En los establecimientos oficiales se impartirá gratuitamente la enseñanza
primaria”.
Como se observa, el precepto consagró
la libertad de enseñanza, siguiendo el
ejemplo de la Constitución de 1857, que
establecía: “La enseñanza es libre. La ley
determinará qué profesiones necesitan
título para su ejercicio”.
Secretaría de Educación Pública
Las circunstancias históricas y los
cambios experimentados en la sociedad
han originado reformas al Artículo
Tercero de 1917. Sus postulados y
normas constituyen el marco jurídico en
que se sustenta una de las funciones
sociales de mayor rango que competen
al Estado. La educación pública en
México ha oscilado entre un régimen de
libertad y un sistema de control estatal.
Importa de manera esencial, antes de
mencionar las reformas, determinar si
el Artículo Tercero debe considerarse
como una garantía individual o tiene otra
naturaleza. Para ello, seguiremos la
opinión expuesta por el distinguido
jurisconsulto Ignacio Burgoa en su obra
“Las Garantías Individuales”.
“El Estudio del Artículo 3 de nuestra Ley Fundamental- dice el jurista - lo
hemos colocado con toda intención en un lugar aparte, debido a que, no
obstante estar comprendido dentro del capítulo denominado “De las garantías
individuales”, propiamente no contiene ningún derecho subjetivo público. En
realidad, el Artículo 3 Constitucional debe estar incluido en la Ley Suprema a
título de prevención general, como acontece, verbigracia, con el Artículo 130;
y si actualmente permanece inserto dentro del referido capítulo, es por un
resabio histórico, pues efectivamente, bajo la Constitución de 57 y la de 17,
hasta antes de la reforma de diciembre de 1934, tal precepto contenía un
derecho público subjetivo individual al ocasionar la libertad de enseñanza”.
Ampliando este concepto, el maestro Burgoa apunta: “Si observamos, aunque
sea someramente, el contenido del Artículo 3 Constitucional, descubriremos
que no importa esa relación jurídica como generadora de ese derecho
subjetivo público para el gobernado ni de esa obligación estatal autoritaria
correlativa. El mencionado precepto no consigna, en efecto, ninguna libertad
especifica como contenido de una posible potestad jurídica subjetiva del
gobernado; antes bien, proscribe, dentro de un considerable ámbito
educacional, la libertad de enseñanza, al imponer a ésta un determinado
contenido.
En concepto del mismo autor, “ La Educación pública debe ser una función del
Estado, con el fin de conservar las esencias vitales de la nación que lo
constituye, y que la libertad educativa, por el contrario, propende a alterarlas
o desfigurarlas. Ahora bien, estas afirmaciones no implican que deba
legitimarse la dictadura ideológica. La educación estatal, que no debe
confundirse con la mera transmisión de conocimientos culturales o
científicos, es el medio para la formación de la conciencia de la niñez y de la
juventud en torno al ser y modo de ser nacionales.
Esta finalidad no excluye que el gobernado, fuera del ámbito en que dicha
educación se imparta, ejercite su libertad de expresión en todos sus aspectos
y que abrace la fe religiosa que se adecue a su conciencia. La perfecta
compatibilidad que debe existir entre ambas libertades, por un lado, y la
educación estatal como función obligatoria, por el otro, se proclama en
nuestra Constitución vigente, en cuyo espíritu se conjugan armónicamente, el
imperativo de conservar las esencias del pueblo mexicano y el respeto a dos
de las potestades libertarias más caras de la personalidad humana”.
Mural de Diego de Rivera
Al hablar de las últimas reformas efectuadas al Artículo Tercero
Constitucional, en 1993, volveremos a reflexionar sobre el derecho público
subjetivo que puede derivar del precepto para los gobernados.
Las reformas introducidas al Artículo Tercero de 1917 han sido las siguientes:
La reforma de 1934
“La educación que imparta el Estado será socialista, además de excluir toda
doctrina religiosa, combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la
escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear
en la juventud un concepto racional y exacto del universo social”.
(Transcripción parcial).
La reforma de 1946
“Suprime el calificativo de socialista que se había atribuido a la educación
impartida por el Estado. Puede afirmarse que el actual Artículo 3 de nuestra
Constitución establece que la Educación Estatal debe administrarse con base
en los principios políticos, sociales y económicos que se sustentan al régimen
implantado por nuestra Ley Suprema. En consecuencia, es dable sostener que
dicha educación es eminentemente nacionalista o mexicanista, según se
advierte de las diferentes disposiciones que integran dicho precepto”.
Adición a un párrafo final por decreto publicado en el Diario Oficial del 9 de junio de 1980.
Artículo 3º.- ..........................................
I a VII.- ................................................
VIII.- Las universidades y las demás instituciones de educación superior a las que la Ley
otorgue autonomía, tendrán la facultad y la responsabilidad de gobernarse a sí mismas;
realizarán sus fines de educar, investigar y difundir la cultura de acuerdo con los principios
de este artículo, respetando la libertad de cátedra e investigación y de libre examen y
discusión de las ideas; determinarán sus planes y programas; fijarán los términos de ingreso,
promoción y permanencia de su personal académico; y administrarán su patrimonio. Las
relaciones laborales, tanto del personal académico como del administrativo, se normarán por
el Apartado A del Artículo 123 de esta Constitución, en los términos y con las modalidades que
establezca la Ley Federal del Trabajo conforme a las características propias de un trabajo
especial, de manera que concuerden con la autonomía, la libertad de cátedra e investigación y
los fines de las instituciones a que esta fracción se refiere.
IX.- El Congreso de la Unión, con el fin de unificar y coordinar la educación en toda la
República, expedirá las leyes necesarias, destinadas a distribuir la función social educativa
entre la Federación, los Estados y los Municipios, a fijar las aportaciones económicas
correspondientes a ese servicio público y a señalar las sanciones aplicables a los
funcionarios que no cumplan o no hagan cumplir las disposiciones relativas, lo mismo que a
todos aquellos que las infrinjan.
Reforma que modificó a varios artículos de la Constitución: 3º, 5º, 24, 27 y 130 (D.O. del 28 de
enero de 1992).
Reformas a los artículos 3º y fracción del 31 (Diario Oficial del 5 de marzo de 1993).
Y que seguramente continuará modificándose, porque todo es perfectible…
En el proceso de decantación por el que ha atravesado el artículo tercero se
advierte el ideario de quienes lucharon por sentar las bases para dar al
pueblo una educación en que se conjugaran la libertad y la justicia con el
interés colectivo. La memoria de esos hombres habrá de perdurar y será
motivo de veneración y respeto.
Así como recordamos a los ideólogos, tampoco debemos olvidar a los
maestros y maestras que rompieron con los viejos y agotados esquemas
educativos, aportando ideas renovadoras. A educadores de la talla de Enrique
Laubscher y Enrique C. Rébsamen, fundadores de la Escuela Modelo de
Orizaba en 1883, la cual influiría decisivamente en la orientación educativa,
que va a derivar en la revolución.
Al evocar las tesis pedagógicas de Enrique Rébsamen, advertiremos que su
influencia fue determinante para dar contenido al Artículo Tercero
Constitucional en la concepción que más ha perdurado, sin dejar de reconocer
a la pléyade de educadores que surgieron en el ocaso del Porfiriato: Joaquín
Baranda, Justo Sierra, Gregorio Torres Quintero, Estefanía Castañeda, Carlos
A. Carrillo, entre otros.
Evoquemos en estas reflexiones el pensamiento de Rébsamen…
Analizando las diversas definiciones que sobre la educación han venido dando
todos los filósofos, dice: “Dejemos las disputas filosóficas y fijémonos en lo
que hay de común en todas las definiciones sobre la educación. Basta que
cada educador trate de desarrollar armónicamente todas las facultades
físicas, intelectuales, éticas y estéticas de sus educandos, procurando que
este desarrollo llegue al mayor grado posible de perfección. Lo importante es
una formación armónica, total, que estimule todas las posibles cualidades del
educando. No importa tanto la orientación que el educador imprima a su
actividad, la dirección que su criterio y su conciencia le sugieran…
… Cuando el niño llegue a ser hombre y se encuentre con todas sus facultades
bien educadas, ya sabrá escoger el camino que mejor le convenga. Lo que
importa es que se cultiven sus facultades, todas de una manera racional”.
Rébsamen - lejos de estar de acuerdo con la tesis pedagógica positivista que
habla de una educación a base de libertades y represiones de los instintos y
facultades para anquilosar las que pueden ser fuentes de lo malo y
desarrollar las que pueden ser fuente de lo bueno -, dice: “Pero no hay más
que un modo de desarrollar las facultades del niño: ajustándonos del todo a
las leyes fisiológicas y psicológicas que presiden su desenvolvimiento…
…Éste es precisamente el grave reproche que tenemos que hacer a los
educadores empíricos, llámense padres, madres o maestros, que lejos de
favorecer el desarrollo espontáneo de las facultades de sus educandos, los
están contrariando y entorpeciendo a cada momento porque ignoran las leyes
fisiológicas y psicológicas y no pueden ajustarse a ellas, por consiguiente. La
nueva pedagogía no acepta trabas, limitaciones. Es una pedagogía basada en la
libertad. Una pedagogía que se preocupa, no de formar un determinado tipo de
hombre, sino de estimular lo propio de cada hombre, de cada individuo,
dotando al educando del instrumental adecuado para destacar y desarrollar lo
que le es personal...
El educador no es un formador de hombres como lo puede ser el mecánico
que fabrica determinados utensilios; el educador debe ser un evocador como
lo fue Sócrates. El pedagogo debe ofrecer al educando los estímulos que le
permitan sacar a flote su personalidad, su vocación su propia orientación. No
es un forjador, sino un invocador. Es el educando el que libremente habrá de
elegir su destino, su situación, su lugar en la comunidad de acuerdo con sus
naturales capacidades.”
Fijemos, por último, cuál era el estado que guardaba la educación al dejar el
poder Porfirio Díaz: En 1910 había en la República 12,418 escuelas primarias
oficiales a las que concurrían 889,511 niños; la población en edad escolar era
de 3,486,910 de suerte que el 74.6% no tenía atención por falta de planteles y
maestros. Por esta causa el 70% de los habitantes no sabían leer ni escribir.
En contraste, según se asienta en la exposición de motivos que se acompañó
por el Ejecutivo Federal a la iniciativa de reformas del Artículo Tercero y 31 de
la Constitución, “En el curso de siete décadas en buena medida, bajo el
impulso del mandato constitucional, la escolaridad promedio pasó de uno a
más de seis grados y el índice de analfabetismo se redujo de más del 70 por
ciento aproximadamente al 12 por ciento.
Hoy en día, uno de cada tres mexicanos está en la escuela, dos de cada tres
niños en edad preescolar tienen acceso a esa enseñanza, la atención a la
demanda de educación primaria es cercana al 90 por ciento y cuatro de cada
cinco egresados de primaria continúan la enseñanza secundaria.
Actualmente, en el país se tiene una población de 15 años y más, de casi 69
millones de habitantes, de los cuales: el 18.5% (casi 12 millones 800 mil)
estudió la educación media superior y el 13.6% (casi 9 millones 400 mil) tiene
la educación superior*.
Es decir, México ofrece una matrícula que es superior a la población entera de
cerca de un centenar de naciones de hoy, individualmente consideradas.
*Fuente: INEGI, Censos de Población y Vivienda, 1960 a 2000. párrafo actualizado de la conferencia original.
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reflexiones y notas en torno al artículo tercero constitucional