En una ocasión los animales se
unieron para formar una
escuela.
El currículo consistía de clases
de correr, subir árboles, volar
y nadar. Todos los animales
tenían que aprobar todas las
materias.
El pato resultó ser mucho más
aventajado que su profesor en
la clase de natación.
Obtuvo “C” en
la clase de
vuelo, pero
definitivamente
estaba
“colgado” en
la clase de
correr.
Ya que era tan flojo en esta
asignatura, era obligado a
quedarse practicando todas las
tardes después del horario
escolar.
Hubo momentos
en que tuvo que
usar el tiempo
de su clase de
natación para
practicar el
correr.
Con la falta de práctica llegó a
bajar su nota de natación a
“C”, pero como con esa nota se
pasa de grado, a nadie le
preocuparon sus notas…
…excepto al pobre pato que
estaba muy frustrado.
El águila era
considerada
como una
estudiante
“problema”…
…y la castigaban duramente porque
aunque sobresalía en la clase de
subir a los árboles, lo hacía como a
ella “le daba la gana” y no según el
plan del maestro.
El conejo
tuvo al fin
que
abandonar
la escuela…
…pues aunque tenía “A” en la clase
de correr, sufrió un ataque de
nervios por el gran número de horas
que tuvo que quedarse para
practicar la natación.
La ardilla también abandonó las
clases. Subiendo a los árboles
lo hacía mejor que todos sus
compañeros de clase…
…pero la vida se le complicó cuando el
maestro de la clase de vuelo se
empeñó en que ella volara desde el
suelo hacia el árbol y no desde el
árbol hacia el suelo como a ella le
gustaba hacerlo.
El día de la graduación
desfilaron unos cuantos
mediocres que sabían un poco de
natación y un poco de subir a
los árboles, un poco de volar,
pero que no dominaban nada.
Los maestros aplaudían muy
contentos al ver el fruto de su
escuela.
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