En un tiempo remoto del que ya no quedan recuerdos, en una
ignota comarca ubicada en el país del no sé donde, un grupo de
personas de diversos orígenes solía reunirse al llegar la noche,
en una cabaña perdida en el bosque…
La quietud del lugar sólo era quebrada por el susurro
de un arroyo cercano
Los viajeros traían al llegar, prendido en sus ropajes, el
aroma de los árboles de los más remotos rincones de
lejanos Continentes … del Mundo y del Universo …
Procedían de todos los Pueblos portando dispares
equipajes, pero tenían la dicha de arribar a ese rincón
del planeta donde yacía la LUZ y compartir con otros
sus mágicas experiencias y sus respectivas historias.
Se sentaban alrededor de la mesa de pueblos arraigados en estas
tierras que pese a la violencia prepotente que lucían los extraños
sabían cobijarlos y acercarlos entre sí, un brasero cercano les
aportaba su calidez en el invierno.
En un caldero una sabia anciana venida de la
magia del Pueblo preparaba un delicado
brebaje que bebían con deleite
Quien presidía las reuniones sabía imponer el orden para que
todos pudiesen exponer su parecer y mostrar lo que traían en sus
alforjas
Algunas eran pesadas y oscuras pues cargaban los
problemas, las preocupaciones, la miseria, el hambre
ocasionados por los primitivos del Norte, otras, en
cambio, eran livianas, casi etéreas porque en ellas
cabían los sueños, las ilusiones, las esperanzas, la
fraternidad y la solidaridad cinceladas por los
pueblos del Sur.
Las mujeres recogían el contenido y con especial esmero cosían las
Preocupaciones con la Esperanza, la Miseria y el Hambre con la
Solidaridad, los Problemas con las Ilusiones y bordaban la
Tolerancia en todos los retazos y los rociaban con los Sueños.
Cada uno de los hombres pincelaba los grises con destellos de
brillantes colores y así llenaban nuevamente sus alforjas que
ahora eran más parejas en su contenido.
Un día, el viento perverso de la Globalización se filtró por las
ventanas, un temblor violento sacudió los cimientos de la morada y
un mensajero avisó a los viajeros que debían huir.
Así partieron sin saber uno a dónde se dirigían los restantes, pero
previamente repartieron con equidad una bolsa con las valiosas
semillas del Pan, la Libertad, la Justicia, la Integración, la
Solidaridad y la Fraternidad que los mayores guardaban
celosamente.
Para algunos no era buen negocio que los viajeros
compartieran con otros las bondades de la vida, bregando para
que los verdaderos valores prevalecieran sobre la mezquindad,
la envidia y el egoísmo. Ellos se prometieron guardar
celosamente las semillas y legarlas a sus descendientes.
Durante mucho tiempo, tanto que no se puede medir,
nada se supo de los viajeros ni de quienes los sucedieron
en el camino de la vida hasta que…
En un cálido rincón de Indoamérica, un grupo de Escogidos se
volvieron a reunir en el Día que no tiene nombre, ni Tiempo ni
Lugar … TODOS llegaron …
Allí ubicados y sentados en círculo, cada uno muestra los naipes
que el mazo de la Vida les ha repartido. Como los viajeros de
antaño ellos traen mochilas a cuestas y a través de relatos se
van despojando de sus vestiduras dejando sus almas al
desnudo.
Todos prestan más que sus oídos para sostener al resto. Brindan
sus corazones.
Sus valores, sus principios, convicciones y metas son las mismas
que alimentaban aquellos otros.
Saben muy bien lo que es verdadero, justo y valedero porque ellos
son , sin dudas los herederos de aquellas valiosas semillas.
Este
MENSAJE
es un pequeño obsequio para todos aquellos que
continúan preservando y manteniendo vigentes
los verdaderos Valores en la Vida en este
Continente aun desconocido que es
INDOAMERICA.
EN UNA NOCHE, DE AQUELLOS ENCUENTROS, SE
ESCUCHO AL POETA DE LAS GRANDES OREJAS
MURMURAR NOSTALGICO Y OPTIMISTA “LA
APOTEOSIS DEL VERBO”… UN DUENDE TOMO NOTA
DE ALGUNOS DE ELLOS …
Marchemos compañeros,
Han llegado esta noche los viejos y los jóvenes.
Los que no conocieron el pan de las ergástulas
Y aquellos para quienes
El miedo es un fantasma rodeado de alcanfores.
Marchemos compañeros, que vendrán esta noche
De distintas regiones
Los hombres para quienes el día es un milagro.
Del sur, del norte, de las estaciones
De las altas tierras donde los pensamientos
Perforan la estratosfera.
Ya vienen los marineros de los días dolientes
Trayéndonos la brisa de extraños continentes
Y de la negra noche vendrán los flagelados
Con la sangre caliente trocada en alacranes.
Vendrán los habitantes de los sueños perdidos
Los mineros, los sastres, los chóferes, los
maestros,
También los periodistas y los estibadores
Y entre ellos pensativo vendrá Manuel Seoane
Cargando solitario su fardo de injusticias.
Ya partió para siempre la estación de las dudas
Y los frutos amargos.
Cantemos compañeros que entre los estandartes
Desfila Juan Mac Lean con su sombra benigna.
Mac Lean ha muerto una tarde de mil muertes
distintas
Cuando la primavera le pesaba en el alma
Como un pecado leve.
Desde imprentas remotas vendrá Perico Chávez
De su áspera comarca de fiebre y de tristeza.
También Lucho Negreiros
Dormido dulcemente como un niño entre ancianos
Y Amador Ríos Idiáquez con su muerte sin miedo.
Y vendrá Cerna Valdivia con Celso Albinagorta
Desde el mundo temible de los decapitados
trayendo la bandera de días olvidados
La brisa de otros tiempos,
Los amores perdidos,
La primera prisión.
Alberto Valencia Cárdenas
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En un tiempo remoto del que ya no quedan recuerdos