CATEQUESIS
DE LA ORACIÓN
1 - INTRODUCCIÓN
Por favor, siéntate cómodamente y no toques el ratón
Por favor, siéntate cómodamente y no toques el ratón
Hoy no está de moda hablar de Dios.
Será quizá, porque son pocos los
hombres que hablan “con” Dios.
El cristiano sabe que mal se puede hablar de Dios si no se es
capaz de callar, de apagar los ruidos que a diario nos aturden.
Hablar con Dios, hablar de Dios es, primero y fundamentalmente,
callar nosotros y dejar que Él hable para poder escucharle.
La mayoría de los cristianos piensan que la oración es más
que un acto exterior, en el que se dicen a Dios ciertas
cosas, que en definitiva ya conoce.
La mayoría de los cristianos piensan que la oración es más
que un acto exterior, en el que se dicen a Dios ciertas
cosas, que en definitiva ya conoce.
Y aunque desgraciadamente la plegaria de muchos cristianos
no pasa de aquí, saben sin embargo, que debería ser algo más.
El cristiano intuye que en este campo hay un tesoro escondido; una semilla
de gracia con una vitalidad que puede convertirse en poderoso árbol florido
y fructuoso, si se es capaz de sembrarla y cultivarla.
El cristiano intuye que en este campo hay un tesoro escondido; una semilla
de gracia con una vitalidad que puede convertirse en poderoso árbol florido
y fructuoso, si se es capaz de sembrarla y cultivarla.
En esta dura y amarga obligación está la más libre
y dulce de las vidas si me abro y me entrego a ella.
Vivimos en una época de
sequedad espiritual.
Deseamos orar, pero nos sentimos
remisos, inseguros, desalentados,
dudamos de Dios porque deja al
mundo ser como es.
La vida nos agobia, añoramos cansados un
remanso de silencio, de autenticidad, de alivio.
Nos gustaría recrearnos en Dios, dejarnos caer en sus brazos,
para recuperar nuevas fuerzas y continuar viviendo.
Pero no le buscamos donde Él nos espera, donde le tenemos
a nuestro alcance: en su Hijo, que es su Palabra dada.
Para mis pies antorcha es tu palabra,
luz para mi sendero. Salmos 119-105
Buscamos a Dios porque nos gustaría hacerle mil preguntas, sin cuya
solución creemos imposible continuar viviendo, porque queremos
descargar en él nuestros problemas; olvidamos que su Palabra
ilumina ya nuestras cuestiones.
Para mis pies antorcha es tu palabra,
luz para mi sendero. Salmos 119-105
Somos sordos y ciegos para oír, ver y caminar en
la luz de la Palabra siempre personal, siempre
nueva.
Orar es encontrase con el Señor
que nos ama, interpela, penetra
y renueva en la obediencia de la
fe, impulsándonos al mundo y a
la misión.
Muchos emprenden la ruta de la oración,
y la abandonan casi de entrada Diciendo:
Yo no nací para esto.
Lo más grande de este mundo se ha conseguido:
con ardiente perseverancia
Textos: Hoja parroquial San León Magno, Madrid
http://www.granosdemaiz.com
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