‫بسم اهلل الرحمن الرحيم‬
Día 11 del mes
de Dhul Qa‘dah
Felicidades por el bendito nacimiento del octavo Imam de Ahl-ul Bait,
‘Ali ibn MusA Ar-Rida
–la paz sea con él-.
Dijo
Ibrahima ibn
Al- ‘Abbas:
No vi que
insultara
ninguno
de sus criados
y sirvientes,
lo vivirtuoso
reírse a carcajadas,
sino
“No
vi a nadienimás
que Abul Hasan
que su risa era una sonrisa. Y cuando servían
Ar-Rida.
En élhacía
vi lo sentar
que noa vi
en nadie
más.
la comida
la mesa
a sus
Nunca
quealhubiera
menospreciado
criados,vitanto
jefe de los
mismos como a
al
portero. en
Dormía
poco durante
la noche;
alguien
absoluto;
no vi que
haya
ayunaba mucho
y jamásde
dejaba
ayunar
interrumpido
la palabra
nadiedehasta
que
tres días de cada mes. Practicaba la
terminara
de hablar;
no le ynegó
a nadie una
benevolencia
en demasía
era cuantiosa
la
necesidad
que
él
pudiera
satisfacer;
no
limosna que daba en secreto, lo que hacía la
mayoría
laspies
veces
en las
noches
oscuras.
estirabade
sus
ante
otra
persona
que
Así pues,sentada,
quien pretenda
que ha visto
a
estuviera
ni se apoyaba
en un
alguien semejante en cuanto a virtud, no le
respaldo encontrándose
reunido con
creáis”.
alguien.
Dijo Ibrahim ibn
Al-‘Abbas:
“No vi que le hicieran
a Ar-Rida alguna
pregunta sin que
supiera su
respuesta, y no vi a
nadie más sabio que
él en cuanto a lo
sucedido en la
historia hasta su
tiempo y época. [El
califa] Al-Ma’mun
solía probarlo con
preguntas sobre
todas las cosas y él
le respondía, siendo
todas sus respuestas
extraídas del Corán”.
Un hombre que había perdido su
dinero le pidió al Imam una
cantidad de dinero para
proveerse y volver a su
comarca. Entonces el Imam
ingresó en su casa y volvió con
una bolsa de dinero; se la
entregó al hombre por detrás de
la puerta, y le dijo: “¡Márchate
sin verme y sin que yo te
vea!”.
Al observar esto sus
compañeros, le preguntaron la
razón de lo que había hecho, y
él respondió: “Temí llegar a ver
en su rostro la humillación del
que pide, y en mí mismo la
altivez de aquél a quien se le
pide”.
Cuando Al-Ma’mun ocupó el Califato, le
Narró As-Saduq,
de As-Sayistani:
escribió
al Imam Ar-Rida
(a.s.)
“Cuando llegó
el mensajero
requiriéndole
queaseMedina
dirigiera
hacia Jorasán
requiriendo
la presencia
-en
el actual Irán-,
pero élen
noJorasán
aceptó ydese
Ar-Rida,
me encontraba
en la
ciudad.
excusó
de yo
hacerlo.
Al-Ma’mum
permaneció
El Imam ingresó
a la Mezquita
para
insistiéndole
al Imam,
quien se rehusaba
a
despedirse
del que
Mensajero
de la
Dios
hacerlo,
puesto
sabía que
razón de su
(s.a.w.) varias
cada vezcon
él volvía
invitación
era unveces,
juegoypolítico
el que
hacia la tumba
y elevaba
su voz
llanto
Al-Ma’mun
pretendía
engañar
a laengente.
y gemido.
Entonces
me acerqué
a él yhasta
lo
Pero
Al-Ma’mun
continuó
insistiendo
saludé,
y me respondió
el saludo.
A los
llegar
a amenazarle,
tal como
cuentan
continuación Cuando
me dijo:el“Me
voyvio
deque
la no
historiadores.
Imam
vecindad
de mi abuelo
para
morirallí,
tenía
otro remedio
más que
dirigirse
alejado
de alos
partió
junto
sumíos”.
hijo Al-Yawuad
acompañado por Raya’ ibn Ad-Dahhaq, uno
de los oficiales de Al-Ma’mun.
Entonces
Cuando elelImam
Imam hizo
ingresó la
detener
enmula
Nishapur
y les en
su viajeaasus
ordenó
Jorasán
sirvientes
(en
Irán),descubrieran
que
lo recibió una
la
gran cantidad
parte
delanterade
del toldo.
narradores
Cuando
sacó
desu
hadices
cabezay
oradores
y
aparecióreligiosos,
frente a ellos,
entre
la
gente
loscomenzó
cuales sea llorar
hallaba
y
a gemir.
Zira’ah
Los sabios
y
les
Muhammad
pidieron
queibn
hicieran
Aslam
At-Tusi, y junto
silencio
les ordenaron
a ellos,
un granoídos
prestar
número
a lodeque iba
personas.
a
decir el Imam.
Ellos se
presentaron
Entonces,
volteándose
ante el
Imam ellos
hacia
y le pidieron
el Imamque
(a.s.)
les mostrase su rostro,
dijo:
puesto que estaba
dentro de un toldo
cerrado, y que les
narrara un Hadiz.
“Mi padre, el siervo recto de Dios, Musa Ibn Ya‘far (a.s.) me narró: Mi
padre As-Sadiq Ya‘far ibn Muhammad (a.s.) me narró: Mi padre Abu
Ya’far Muhammad ibn ‘Ali Baqir ‘Ilm Al-Anbia’ (a.s.) me narró: Mi padre
‘Ali Ibn Al-Husain Zain Al-‘Abidin (a.s.) me narró: Mi padre, el Señor de
los Jóvenes del Paraíso, Al-Husein (a.s.) me narró: Mi padre ‘Ali ibn Abi
Talib (a.s.) me narró:
Escuché al Profeta (s.a.w.) decir:
Escuché al Ángel Gabriel decir: Dijo
Dios Majestuoso e Imponente:
“Ciertamente que Yo soy Dios;
fuera de Mí no existe otra
divinidad. Así pues, ¡adoradme!
Aquél que con sinceridad atestigüe
que “No hay divinidad fuera de
Dios” (la ilaha il·lal·lah), entrará en
Mi fortaleza, y aquél que entre en
Mi fortaleza estará a salvo de Mi
castigo”.
Después de decir esto, el Imam dio unos pasos con su cabalgadura, y
entonces agregó:
“Con sus condiciones, y yo soy una de esas condiciones”.
(Es decir, la fe en la unicidad de Dios que origina la salvación del castigo
divino tiene sus condiciones, y aceptar la Wilaiah (Potestad y Supremacía) y
el Imamato de los Inmaculados Imames (a.s.) es una de esas condiciones).
Veinticuatro mil personas escribieron esta narración mientras el Imam la
pronunciaba.
En una de las celebraciones islámicas como el ‘Id Al-Fitr
o ‘Id Al-Ad·ha, Al-Ma’mun envió un mensaje al Imam (a.s.)
pidiéndole que aceptase dirigir la oración del ‘Id. El Imam
le respondió: “Tú sabes perfectamente las condiciones
existentes entre nosotros dos. Exímeme de dirigir la
oración”.
Al-Ma’mun dijo: “¡Mi intención es que la gente se asegure
y conozca tus virtudes!”.
Debido a que Al-Ma’mun insistió mucho, el Imam le
respondió: “Preferiría que me eximieses de ello. Pero
en caso de que te rehúses, y me vea obligado a
realizarlo, entonces me presentaré para dirigir la
Oración de la misma manera que lo hacían el
Mensajero del Islam (s.a.w.) y el Emir de los Creyentes
‘Ali (a.s.)”.
Al-Ma’mun aceptó y dijo: “Preséntate como quieras”. Y
ordenó que los comandantes del ejército, los cortesanos y
toda la gente se presentaran frente a la casa del Imam en
la madrugada del día del ‘Id.
El día señalado, las calles y caminos
se llenaron de gente, e incluso las
mujeres y niños estaban presentes
esperando que el Imam saliese de su
casa. Los comandantes montados
sobre sus caballos y acompañados
de sus soldados se encontraban
parados fuera de la casa del Imam
(a.s.).
Salió el sol. El Imam realizó el gusl
—baño ritual— especial de ese día y
vistió sus ropas. Luego rodeó su
cabeza con un turbante blanco de
algodón y colocó un extremo de éste
sobre su pecho y el otro sobre su
espalda; se perfumó, cogió un bastón
y les dijo a los que lo acompañaban:
“¡Imitadme en todo lo que yo
haga!”.
Entonces, recogió su pantalón y
túnica hasta la mitad de la pantorrilla,
y descalzo, comenzó a caminar.
Después de dar unos pasos, levantó
la cabeza y dijo: “¡Al·lahu Akbar!”
(¡Dios es el más Grande!)
Sus compañeros repitieron:
“¡Al·lahu Akbar…!”
El Imam llegó al portón de la casa y
se detuvo.
Cuando los comandantes y sus
soldados vieron al Imam, bajaron de
sus monturas y se quitaron los
calzados. Todos se encontraban
descalzos y sobre la tierra.
El Imam fuera de su casa volvió a
exclamar: “¡Al·lahu Akbar!”
Y la gente lo siguió. La escena
desbordaba tanto esplendor y
grandeza, que era como si el cielo y
la tierra también estuviesen
engrandeciendo a Dios.
Los sollozos y gritos abarcaron a la
ciudad de Marv. Cuando Fadl ibn
Sahl observó la situación, se dirigió
ante Al-Ma’mun y le dijo: “¡Oh Emir!
Si Ar-Rida continúa de esta manera
hasta el lugar destinado para la
oración, sin duda ocasionará una
revuelta. Todos nosotros tememos
por nuestras vidas. ¡Ordénale que
regrese!”.
Al-Ma’mun envió un mensaje al Imam diciendo: “Nosotros te hemos
ocasionado molestias. No deseamos incomodarte ni fatigarte más.
¡Regresa! La misma persona que anteriormente dirigía la oración, lo
hará también esta vez”.
El Imam pidió que le trajesen sus sandalias, las calzó, y montando
su caballo regresó a su casa. La gente se percató de la hipocresía y
falsedad de Al-Ma’mun y se dio cuenta de que aquello que sostenía
respecto al Imam era falso, y que su única meta era lograr sus
intereses políticos.
Su padre: El Imam Musa
Al-Kadzim (a.s.)
Su madre: Naÿmah
Su apodo: Abul Hasan, al
igual que su abuelo el
Imam ‘Ali (a.s.)
Lugar de entierro: Ciudad
de Mash·had (Irán)
Santuario del Imam Ar-Rida –la paz sea con él- en Mash·had (Jorasán – Irán)
Fue una realización de:
Instituto de Cultura y Ciencias
del Islam
ICCI
Al-Gadir
Montaje:
Zeinab Áminah Morhell
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