Pasionistas
SALMO 7
Señor, Dios mío, me acojo a ti.
¡Líbrame de mis perseguidores!
¡Sálvame!
¡Que no me atrapen como un león,
y me desgarren,
sin que haya quien me libre!
Señor, Dios mío, si he hecho algo...
si he cometido injusticia,
si he devuelto a un amigo mal por bien,
si he liberado sin razón
al que me oprimía,
que el enemigo me persiga y me alcance.
Que me pisotee vivo por tierra
apretando mi vientre contra el polvo.
¡Levántate, Señor, con tu ira!
¡Álzate contra el abuso de mis opresores!
¡Despierta, Dios mío!
¡Convoca un juicio!
Que te rodee la asamblea de las naciones;
pon tu asiento en lo más alto de ella.
El Señor es el juez de los pueblos.
Júzgame, Señor, según mi justicia,
conforme a la inocencia que hay en mí.
Pon fin a la maldad de los injustos
y apoya tú al inocente,
pues tú sondeas
el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo.
Dios es quien me protege,
él, quien salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo.
Dios amenaza cada día.
Si no se convierten,
afila su espada,
tensa el arco y apunta;
prepara sus armas mortíferas,
apunta sus flechas incendiarias.
Mirad:
el injusto ha concebido el crimen,
está preñado de ambición
y da a luz el engaño.
Cava y ahonda una fosa,
y acaba cayendo en el hoyo
que ha excavado.
Su maldad se vuelve contra él,
recae su violencia sobre su cabeza.
Yo daré gracias al Señor
por su justicia,
cantaré
el nombre del Señor Altísimo.
QUE TU ESPÍRITU, SEÑOR,
ABRASE TODO MI SER.
HAZME DÓCIL A TU VOZ,
TRANSFORMA MI VIDA ENTERA,
HAZME DÓCIL A TU VOZ,
TRANSFORMA MI VIDA ENTERA.
Vengo ante Ti, mi Señor,
reconociendo mi culpa,
con la fe puesta en tu amor,
que Tú me das como a un hijo.
Te abro mi corazón
y te ofrezco mi miseria,
despojado de mis cosas,
quiero llenarme de Ti.
Puesto en tus manos, Señor,
siento que soy pobre y débil.
Más Tú me quieres así,
yo te bendigo y te alabo.
Padre, en mi debilidad,
Tú me das la fortaleza,
amas al hombre sencillo,
le das tu paz y perdón.
(Kairoi – Disco: “Jesús es el Señor” – Edic. Musical PAX)
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Salmo 7