En la Ilíada, Homero representa a un Ares sin alianzas fijas ni respeto hacia Temis,
el orden correcto de las cosas: prometió a Atenea y Hera que lucharía del lado de
los aqueos, pero Afrodita logró persuadirle para que luchase junto a los
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En la Ilíada, Homero representa a un Ares sin alianzas fijas ni respeto
hacia Temis, el orden correcto de las cosas: prometió a Atenea y Hera
que lucharía del lado de los aqueos, pero Afrodita logró persuadirle
para que luchase junto a los troyanos.
Durante la guerra, Diomedes se enfrentó a Héctor y vio a Ares luchando en el bando
troyano. Diomedes pidió a sus soldados que se retirasen lentamente. Hera, la madre de
Ares, vio la injerencia de éste y pidió permiso a Zeus, su padre, para alejarlo del campo
de batalla. Ares atacó a Diomedes con su lanza, pero Atenea desvió el ataque.
Diomedes respondió con la pica y Atenea guió el golpe para herir a Ares, quien en su
caída bramó como nueve o diez mil hombres y huyó al monte Olimpo, lo que obligó a
los troyanos a retirarse.
Cuando Hera mencionó durante una conversación con Zeus que su hijo
Ascálafo había muerto, Ares rompió a llorar y quiso unirse a la batalla del lado
de los aqueos contra la orden de Zeus de que ningún olímpico debía participar
en la guerra. Atenea detuvo a Ares y le ayudó a quitarse la armadura. Más
tarde, cuando Zeus permitió a los dioses tomar parte activa en la guerra de los
mortales, Ares intentó vengarse de Atenea, pero terminó herido de nuevo
cuando ésta le golpeó con una piedra, cubriendo al caer con su cuerpo
tumbado siete yugadas
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