Dios está en Adviento permanente.
Se hace interioridad de quien lo acoge.
¿Cómo podría ser de otro modo?
¿Cómo podríamos entablar una oración
interior,
si no se hiciera presente en nuestra más
honda interioridad?
Jesús
Busca el rostro de la
realidad, por humilde que
ésta sea; no quiere
evasiones enfermizas.
Busca la propia casa de
cada ser humano y, si
alguien le abre, ahonda la
interioridad como verdad
de vida, como posibilidad
de estar en la propia casa,
como opción por lo que
uno/a es, como espacio de
reconciliación. A quien le
deja morar, él enseña
caminos de liberación.
Si oyes sus pasos...
Acércate a tu vida. No
estés lejos de ti, sino muy
cerca.
Alégrate de que Jesús
venga a tu encuentro.
Alégrate de que Jesús te
llame.
Alégrate de que Jesús
busque la amistad contigo
en tu propio corazón.
Alégrate de poder convivir
con el Amor.
Acércate a la vida de los
demás. No estés lejos de
sus gozos y dolores.
Si oyes sus pasos...
Levántate
Alza la cabeza
Que se acerca tu
Liberador.
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Adviento