Los romanceros son colecciones de romances. El más antiguo es
el romancero viejo. Los mas importantes son:
El romancero viejo: es la recopilación de romances anónimos de
tradición oral recogidos entre el s XV y XVI
La plaza tiene una torre,
la torre tiene un balcón,
el balcón tiene una dama,
la dama una blanca flor.
Ha pasado un caballero
-¡quién sabe por qué pasó!y se ha llevado la plaza,
con su torre y su balcón,
con su balcón y su dama,
su dama y su blanca flor”.
El romancero nuevo: es la recopilación de romances escritos por
autores cultos y conocidos a partir del siglo XVI, que imitan los
romances tradicionales de transmisión oral.
A mis soledades voy.
De mi soledades vengo,
Porque para andar conmigo
Me bastan mis pensamientos.
¡No sé qué, tiene la aldea
Donde vivo y donde muero,
Que con venir de mí mismo
No puedo venir más lejos!
Ni estoy bien ni mal conmigo;
Mas dice mi entendimiento
Que un hombre que todo es alma
Está cautivo en su cuerpo.
Lope de Vega
Pervivencia de los romances:
en nuestro siglo, muchos poetas enamorados de la forma y
sencillez
expresiva de los romances, continúan componiendo
romances. Destacan
los de Antonio Machado, Alberti, García Lorca.
Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!
Rafael Alberti
Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera.
Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.
En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.
¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!
El romancero canario:
es el conjunto de romances conservados por tradición oral en
Canarias desde la conquista ( s XV ).
Los castellanos que se aventuraron en la conquista de las islas
trajeron como patrimonio cultural los romances que habían
aprendido de sus mayores por tradición oral. Aquí se han conservado muchos de ellos y su forma arcaica y antigua se ha transmitido de generación en generación.
Las penitas que yo siento
Son cual las olas del mar,
Que unas penitas se vienen
Y otras penitas se van.
Soldadito, soldadito,
¿de dónde ha venido usted?
-He venido de la guerra,
De la guerra de Aranjuez.
-¿Ha visto usted a mi marido
una vez en Aranjuez?
-Si le he visto no me acuerdo
déme usted las señas de él.
-Mi marido es alto y rubio,
alto y rubio, aragonés.
En la punta de la lanza
lleva un pañuelo bordés,
se lo bordé cuando niña,
cuando niña lo bordé;
uno que le estoy bordando
y otro que le bordaré.
Siete años llevo esperando,
y otros siete esperaré,
si a los cartorce no viene,
monjita me meteré.
-Calla, Isabelita, calla.
Calla por Dios, Isabel,
Que soy tu querido esposo,
tú mi querida mujer.
Anónimo
Romance de amor
En el tiempo que me vi
más alegre y placentero,
me encontré con un palmero
que me habló y me dijo así:
-¿Dónde vas, el caballero?
¿Dónde vas, triste de ti?
Muerta es tu linda amiga,
muerta es, que yo la vi;
las andas en que ella iba
de luto las vi cubrir,
duques, condes la lloraban
todos por amor de ti;
dueñas, damas y doncellas
llorando dicen así:
-¡Oh triste del caballero
que tal dama pierde aquí!
Anónimo
Romance de la luna
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.
Federico García Lorca
Si mi niño se durmiera
Le cantara un arroró,
Pero como no se duerme,
¿para qué le canto yo?
Anónimo
Cansada estoy de arrullarte
Y no te quieres dormir:
Duérmete, lirio del valle.
Duérmete, rosa de abril.
Anónimo
https://www.youtube.com/watch?v=G03oGsAz3ZM
https://www.youtube.com/watch?v=epY6ZvgUfvI
Youtube : romance de la luna ( a)Camarón y Paco de Lucía, b), recitado )
Descargar

Diapositiva 1