Pasionistas
MALDAD DEL HOMBRE
y
BONDAD DE DIOS
El malvado escucha en su corazón
un oráculo del pecado:
«¡No tengo miedo a Dios
ni en su presencia!».
Se ve con ojos tan engañosos,
que no descubre ni detesta su pecado.
Las palabras de su boca
son maldad y mentira,
ha renunciado a la sensatez
de hacer el bien.
En su lecho planifica el crimen,
se obstina en el mal camino
y nunca rechaza la maldad.
Señor, tu amor llega hasta el cielo,
y tu fidelidad hasta las nubes.
Tu justicia es
como las montañas más altas,
y tus juicios como el océano inmenso.
Tú socorres a hombres y animales.
¡Qué precioso es tu amor, oh Dios!
Los hombres se refugian
a la sombra de tus alas.
Se sacian de los manjares de tu casa,
y tú los embriagas
con el torrente de tus delicias.
Porque en ti está la fuente de la vida
y con tu luz vemos nosotros la luz.
Mantén tu amor
por los que te reconocen,
y tu justicia
para los rectos de corazón.
Que no me pisotee
el pie del soberbio,
que no me eche fuera
la mano del malvado.
Han fracasado los malhechores,
han caído y no se pueden levantar.
A TUS MANOS, SEÑOR,
SEÑOR, MI DIOS,
ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.
A TUS MANOS, SEÑOR, MI DIOS,
ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.
Rompe mis cadenas, Señor,
mira mi dolor,
que tu mano me llene de alegría;
que me mire tu mirada,
que me quemen tus palabras,
Señor, renuévame por dentro,
amanece sobre mí.
Mi alma está sedienta de Ti,
sedienta de Ti,
como tierra del desierto sin lluvia,
como pájaro sin nido,
como niño sin madre,
así mi alma se despierta
y pregunta por Ti.
Mi alma aguarda al Señor
madruga por su amor;
en las luchas Dios me hace compañía;
Él atiende mis heridas
y levanta mi vida;
Señor, me lleno de justicia
cuando estoy junto a Ti.
Autor: Carmelo Erdozain
“RITMO, JUVENTUD Y DIOS”. Ediciones Musical PAX
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Salmo 36 (35)