6Porque
un niño nos es nacido, hijo nos es
dado, y el principado sobre su hombro; y se
llamará su nombre Admirable, Consejero,
Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
11El
consejo de Jehová permanecerá para
siempre; Los pensamientos de su corazón
por todas las generaciones. 12Bienaventurada
la nación cuyo Dios es Jehová, El pueblo que
él escogió como heredad para sí.
33¡Oh
profundidad de las riquezas de la
sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán
insondables son sus juicios, e inescrutables
sus caminos! 34Porque ¿quién entendió la
mente del Señor? ¿O quién fue su
consejero? 35¿O quién le dio a él primero,
para que le fuese recompensado? 36Porque
de él, y por él, y para él, son todas las cosas.
A él sea la gloria por los siglos. Amén.
32Y
Jonatán tío de David era consejero, varón
prudente y escriba; y Jehiel hijo de Hacmoni
estaba con los hijos del rey. 33También
Ahitofel era consejero del rey, y Husai arquita
amigo del rey.
14Donde
no hay dirección sabia, caerá el
pueblo; Mas en la multitud de consejeros
hay seguridad.
22Los
pensamientos son frustrados donde
no hay consejo; Mas en la multitud de
consejeros se afirman. 23El hombre se
alegra con la respuesta de su boca; Y la
palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!
5El
hombre sabio es fuerte, Y de pujante
vigor el hombre docto. 6Porque con ingenio
harás la guerra, Y en la multitud de
consejeros está la victoria.
18Los
pensamientos con el consejo se
ordenan; Y con dirección sabia se hace la
guerra.
24Por
tanto, dice el Señor, Jehová de los
ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré
satisfacción de mis enemigos, me vengaré de
mis adversarios; 25y volveré mi mano contra
ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y
quitaré toda tu impureza. 26Restauraré tus
jueces como al principio, y tus consejeros
como eran antes; entonces te llamarán
Ciudad de justicia, Ciudad fiel.
20Quebrantada
está mi alma de desear. Tus
juicios en todo tiempo. 21Reprendiste a los
soberbios, los malditos, Que se desvían de
tus mandamientos. 22
Aparta de mí el
oprobio y el menosprecio, Porque tus
testimonios he guardado. 23Príncipes también
se sentaron y hablaron contra mí; Mas tu
siervo meditaba en tus estatutos, 24Pues tus
testimonios son mis delicias Y mis consejeros.
4Pero
el pueblo de la tierra intimidó al pueblo
de Judá, y lo atemorizó para que no
edificara. 5Sobornaron además contra ellos a
los consejeros para frustrar sus propósitos,
todo el tiempo de Ciro rey de Persia y hasta
el reinado de Darío rey de Persia.
11Ciertamente
son necios los príncipes de
Zoán; el consejo de los prudentes consejeros
de Faraón se ha desvanecido. ¿Cómo diréis
a Faraón: Yo soy hijo de los sabios, e hijo de
los reyes antiguos? 12¿Dónde están ahora
aquellos tus sabios? Que te digan ahora, o te
hagan saber qué es lo que Jehová de los
ejércitos ha determinado sobre Egipto.
13Se
han desvanecido los príncipes de Zoán,
se han engañado los príncipes de Menfis;
engañaron a Egipto los que son la piedra
angular de sus familias. 14Jehová mezcló
espíritu de vértigo en medio de él; e hicieron
errar a Egipto en toda su obra, como
tambalea el ebrio en su vómito.
33También
Ahitofel era consejero del rey, y
Husai arquita amigo del rey.
12Y
mientras Absalón ofrecía los sacrificios,
llamó a Ahitofel gilonita, consejero de David,
de su ciudad de Gilo. Y la conspiración se
hizo poderosa, y aumentaba el pueblo que
seguía a Absalón.
23Y
el consejo que daba Ahitofel en aquellos
días, era como si se consultase la palabra
de Dios. Así era todo consejo de Ahitofel,
tanto con David como con Absalón.
23Pero
Ahitofel, viendo que no se había
seguido su consejo, enalbardó su asno, y se
levantó y se fue a su casa a su ciudad; y
después de poner su casa en orden, se
ahorcó, y así murió, y fue sepultado en el
sepulcro de su padre.
11Pero
mi pueblo no oyó mi voz, E Israel no me
quiso a mí. 12Los dejé, por tanto, a la dureza de
su corazón; Caminaron en sus propios consejos.
13¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, Si en mis
caminos hubiera andado Israel! 14En un momento
habría yo derribado a sus enemigos, Y vuelto mi
mano contra sus adversarios. 15Los que
aborrecen a Jehová se le habrían sometido, Y el
tiempo de ellos sería para siempre. 16Les
sustentaría Dios con lo mejor del trigo, Y con miel
de la peña les saciaría.
24Por
cuanto llamé, y no quisisteis oír,
Extendí mi mano, y no hubo quien
atendiese, 25Sino que desechasteis todo
consejo mío. Y mi reprensión no quisisteis,
26También
yo me reiré en vuestra
calamidad, Y me burlaré cuando os viniere
lo que teméis;
30Ni
quisieron mi consejo, Y menospreciaron
toda reprensión mía, 31Comerán del fruto de
su camino, Y serán hastiados de sus propios
consejos. 32Porque el desvío de los
ignorantes los matará, Y la prosperidad de
los necios los echará a perder; 33Mas el que
me oyere, habitará confiadamente. Y vivirá
tranquilo, sin temor del mal.
21Hijo
mío, no se aparten estas cosas de tus
ojos; Guarda la ley y el consejo, 22Y serán
vida a tu alma, Y gracia a tu cuello.
23Entonces
andarás por tu camino
confiadamente, Y tu pie no tropezará.
1Hijo
mío, está atento a mi sabiduría, Y a mi
inteligencia inclina tu oído, 2Para que
guardes consejo, Y tus labios conserven la
ciencia.
17Inclina
tu oído y oye las palabras de los
sabios, Y aplica tu corazón a mi sabiduría;
18Porque es cosa deliciosa, si las guardares
dentro de ti; Si juntamente se afirmaren sobre
tus labios. 19Para que tu confianza sea en
Jehová, Te las he hecho saber hoy a ti también.
20¿No te he escrito tres veces En consejos y en
ciencia, 21Para hacerte saber la certidumbre de
las palabras de verdad, A fin de que vuelvas a
llevar palabras de verdad a los que te enviaron?
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