Año de la Fe:
Del 11 octubre 2012
al 24 noviembre 2013
Redescubrir la
alegría de creer
Catequesis del Papa
Audiencia General miércoles 23 de enero de 2013
Creo en Dios: el ejemplo de Abraham
"Creo en Dios” es una
afirmación fundamental,
aparentemente simple, pero
que nos abre al infinito
mundo de la relación con el
Señor y con su misterio.
Creer en Dios implica la
adhesión a Él, acogiendo su
Palabra, y la gozosa
obediencia a su revelación.
Es la respuesta libre del
hombre a la iniciativa de Dios
que se revela a sí mismo.
Ser capaz de decir que se
cree en Dios es, junto a un
regalo (Dios se revela, va a
al encuentro con nosotros),
un compromiso.
Es gracia divina y
responsabilidad humana,
en una experiencia de
diálogo con Dios, que por
amor, habla a los hombres
como amigos.
¿Dónde podemos escuchar a
Dios y su palabra?
Fundamental es la Sagrada
Escritura, en la que la Palabra
de Dios se hace audible para
nosotros. Toda la Biblia nos
enseña la fe contando una
historia en la que Dios se
acerca a nosotros los
hombres a través de muchas
figuras luminosas de
personas que creen y
confían en Él.
Abraham, el gran patriarca,
es modelo ejemplar y padre
de todos los creyentes .
¿Qué le pide Dios a este
patriarca? Le pide que parta,
abandonando su país, para ir
al lugar que le mostrará.
Se trata de una partida en la
oscuridad; es un viaje que
pide obediencia y confianza
radicales, al que solo la fe
puede tener acceso.
Cuando decimos: "Creo en
Dios", decimos como Abraham:
"Yo confío en Ti, Señor", pero
no como en alguien a quien
recurrir solo en momentos de
dificultad, o a quien dedicar
algún momento del día o de la
semana.
Significa fundamentar en Dios
mi vida, dejar que su Palabra la
oriente cada día, en las
opciones concretas, sin temor
de perder algo de mí mismo.
La fe nos hace peregrinos en
la tierra, insertados en el
mundo y en la historia, pero
en camino hacia la patria
celestial.
Creer en Dios nos hace
portadores de valores que a
menudo no coinciden con la
moda y la opinión del
momento.
Nos pide adoptar criterios
que no pertenecen a la
manera común de pensar.
La sed de Dios no se extingue
y el mensaje del Evangelio
sigue resonando a través de
las palabras y los hechos de
muchos hombres de fe.
Abraham sigue siendo el
padre de muchos hijos que
están dispuestos a seguir sus
pasos y se encaminan, en
obediencia, a la llamada
divina, confiando en la
presencia benevolente del
Señor .
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Del 11 octubre 2012
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