Cuando te miro, María
no sólo te miro a ti;
tras esos tus ojos grandes,
profundos, tiernos, de Madre,
me miro también a mí.
Y al ver dormido
en tu regazo al Niño,
angelical, tranquilo,
me veo transportado a un cielo
de querubes y luceros
en tus maternales brazos.
En esta noche te pido,
mientras su candor e inocencia
en tu seno duerme el Niño,
me mires también a mí;
así, cuando Él te mire
me veré en el mismo espejo
donde sus ojos se miran,
¡Madre mía, querida!,
y yo, en silencio, le diré:
¡Feliz Navidad, mi Bien!
Juan Manuel del Río.
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Feliz Navidad, mi Bien