DE UNA “NAVIDAD LAICISTA” HACIA UNA
“NAVIDAD CRISTIANA”
“El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto
una gran luz. Sobre los que habitaban en el
país de la oscuridad ha brillado una luz” (Is. 9,1)
Estas palabras del profeta están llenas de
“gozo”, “alegría”, “esperanza” y “salvación”
para toda la humanidad.
Con el correr de los años, estas palabras
parece que no tienen mucho que decirles a los
hombres y mujeres de hoy.
Muchos de los signos han sido vaciados de su
significado cristiano, siendo opacados o
reemplazados por signos e imágenes que
manifiestan el proceso laicista de nuestra
sociedad.
La sociedad laicista, al retirar las raíces
cristianas, convierte a la Navidad en una fiesta
profana.
La navidad laicista deja el pesebre como
“adorno”, pero no coloca en el a Dios que se
encarna.
Este hecho trae consigo que el pesebre deje
de ser un signo en donde nace “La Vida” que
Dios trae a toda la humanidad y que quiere
compartir con todos nosotros.
Suprimido Dios, la
navidad queda
falsificada, destruida y
traicionada …
porque no se celebra “la presencia comenzada
de Dios en medio de la humanidad”
La Navidad pierde su sentido auténtico y pasa a
convertirse en una navidad:
• gastronómica
• postal
• turística
• night-club
Los cristianos estamos llamados a ser en
medio de la sociedad los nuevos profetas
que anunciemos la “Buena Nueva” de la
presencia de Dios.
Una presencia que nos tiene que llevar:
• a no caer en las redes de la navidad laicista
que nos quieren imponer.
• a no parapetarnos tras las luces, los
regalos, los villancicos …
sino, que en medio de este desierto, podamos
beber de la fuente donde nace La Vida, La
Alegría, La Paz
y emprendamos un camino a vivir y alegrarnos
por la locura más grande que Dios ha
cometido, la de hacerse uno de nosotros en la
persona de un niño pequeño y pobre.
Quienes quieran celebrar la navidad laicista del
gozo, del disfrute, del consumo pasando de lo
religioso que lo hagan, están en su derecho …
pero que a los creyentes, nos dejen vivir la
Navidad:
• en la que queremos encontrar el aire fresco y
maravilloso que nos trae nuestro Dios.
• de la Esperanza para los sin esperanza.
• del amor para los abandonados.
• dicha para los pobres.
Que esta Navidad dejemos de admirar y
contemplar árboles de navidad, luces,
escaparates …
Nuestra admiración y contemplación tiene que
ir hacia este gran acontecimiento que nos
anuncia el ángel:
“Les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un
Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc.2,11)
Con este anuncio del ángel, Dios nos dice que
Él ya no es ese ser lejano, poderosísimo,
distante, temible …
Dios es ese Niño pequeño que llora, tiembla
y pide de comer … que acaba de nacer en
Belén.
Feliz Navidad
Parroquia de Jesucristo Crucificado
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