Palabra
de
Vida
Mayo 2014
"... en nombre de Cristo:
¡Déjense reconciliar con Dios"
(2 Cor 5,20).
Es la exhortación de Pablo a los Corintios, que sigue al gran
anuncio, núcleo de todo el Evangelio: Dios ha reconciliado al
mundo consigo mismo, por medio de Cristo.(cf 2 Cor 5,19).
En la cruz, con la muerte de su Hijo, Dios nos dio la
prueba suprema de su amor. Por medio de la cruz de
Cristo, Él nos reconcilió consigo mismo.
Esta verdad fundamental de nuesta fe, tiene hoy plena
vigencia.
Es la revelación que la humanidad entera espera: Si, Dios
está cerca de todos con su amor y ama apasionadamente a
cada uno.
Nuestro mundo tiene necesidad de este anuncio, pero lo
podemos pregonar si antes nos lo anunciamos repetidamente a
nosotros mismos, hasta sentirnos rodeados por este amor, aún
cuando todo hicera pensar lo contrario.
"... en nombre de Cristo:
¡Déjense reconciliar con Dios!"
(2 Cor 5,20).
Pero esta fe en el amor de Dios no puede permanecer encerrada
en el interior de cada uno, como bien explica Pablo:
Dios nos confió la tarea de conducir a otros a la reconciliación con
Él (cf 2 Cor 5,18).confiando a cada cristiano la gran responsabilidad
de dar testimonio del amor de Dios por sus criaturas.
¿Como?Todo nuestro comportamiento debería hacer creíble
esta verdad que anunciamos.
Jesús dijo claramente, que antes de llevar la ofrenda al altar
debemos reconciliarnos con nuestro hermano, con nuestra
hermana, si ellos tuvieran algo contra nosotros
(Mt 5,23-24).
Y esto vale, primero que todo, en lo íntimo de nuestras
comunidades: familias, grupos, asociaciones, Iglesias.
Es decir, que estamos llamados a derribar todas las barreras
que se opongan a la concordia entre las personas y los pueblos
[…]
"... en nombre de Cristo:
¡Déjense reconciliar con Dios!"
(2 Cor 5,20).
“En nombre de Cristo", significa “en su lugar".
Haciendo las veces de Él, viviendo con Él y como Él: amémonos
como Él nos amó, sin condiciones ni prejuicios, sino abiertos a
acoger y a apreciar los valores positivos de nuestro prójimo,
dispuestos a dar la vida los unos por los otros.
Éste es el mandamiento por excelencia de Jesús, el distintivo
de los cristianos, válido aún hoy como en los tiempos de los
primeros que siguieron a Cristo.
Vivir esta palabra significa convertirnos en reconciliadores.
Y así, cada uno de nuestros gestos, cada palabra nuestra,
cada uno de nuestros comportamientos, si están
impregnados de amor, serán como los de Jesús.
Entonces seremos como Él, portadores de alegría y de
esperanza, de concordia y de paz; y seremos portadores de ese
mundo reconciliado con Dios (cf 2 Cor 5,19), que toda la creación
espera.
"... en nombre de Cristo:
¡Déjense reconciliar con Dios!"
(2 Cor 5,20).
Texto de Chiara Lubich, publicada en Città Nuova, 1992/2, p.32-33.
Gráfica Anna Lollo en colaboración con P. Placido D’Omina (Sicilia, Italia)
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Para información www.focolare.org
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Este PPS, fue publicado en: www.santuariosancalogero.org
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