LA MATERA VACÍA
Demi
Hace mucho
tiempo, en China,
vivió un niño que
amaba mucho las
flores, cuyo
nombre era Ping.
Cultivaba con
mano maestra
flores, pequeños
arbustos y árboles
frutales.
Todos los
habitantes
del reino
amaban
también las
flores.
Plantaban en
todas partes y el
aire era
deliciosamente
perfumado.
El Emperador
amaba a los
pájaros y a los
animales, pero
sobre todo a las
flores.
Todos los días
cultivaba su
propio jardín.
Pero era viejo
y necesitaba
escoger un
sucesor del
trono.
¿Quién podría
ser su sucesor?
¿Cómo lo podría
escoger? Dado
que amaba tanto
las flores decidió
dejar que las flores
lo escogieran.
Al día siguiente
lanzó una
proclama: todos
los niños del reino
debían venir al
palacio. Allí el
Emperador les
daría unas semillas
muy especiales.
Y les dijo:
“Quien pueda
mostrarme su
mejor resultado
después de un
año, ese será mi
sucesor”.
La noticia causó
gran revuelo en
todo el país. Y de
todos los rincones
vinieron niños al
palacio para recibir
sus semillas de
flores.
Los padres
soñaban con
que su hijo
fuera escogido
como sucesor
del Emperador,
y los niños
esperaban con
ilusión lo
mismo.
Cuando Ping
recibió su semilla
de manos del
Emperador fue el
niño más feliz de
todos. Estaba
seguro que podría
cultivar la flor más
hermosa.
Ping llenó con
tierra fértil una
matera para
flores. Y
plantó en ella
la semilla con
mucho
cuidado.
La regó cada
día. Estaba
ansioso por
verla brotar,
crecer y
florecer.
Pasaron los
días, pero
nada
germinaba en
su matera.
Ping comenzó
a preocuparse.
Decidió poner
tierra en una
matera más
grande.
Luego pasó la
semilla a la
nueva matera
llena de tierra
fértil.
Esperó dos
meses más.
Pero no pasó
nada.
Y pasó
un año
entero.
Llegó la
primavera y
todos los niños
se pusieron sus
mejores vestidos
para acudir a la
presencia del
Emperador.
Y corrieron al
Palacio con su
hermosas flores,
llenos de
esperanza de
ser los
escogidos.
Ping estaba
avergonzado
con su matera
vacía. Pensó
que los demás
niños se
burlarían de él
porque esta vez
no había podido
cultivar una flor.
Su vecino
llegó corriendo
trayendo una
enorme y
hermosa
planta. “Ping”
dijo, “no irás
donde el
Emperador
con esa
matera vacía”.
Y continuó:
“No pudiste
cultivar una planta
tan hermosa como
la mía”.
“He cultivado
muchas flores
mejores que las
tuyas” dijo Ping,
“pero fue
precisamente esta
semilla la que no
quiso germinar”.
El padre de Ping
escuchó esta
conversación y
dijo: “hiciste lo
mejor que pudiste,
y tu mejor esfuerzo
es suficientemente
bueno para que lo
presentes al
Emperador”.
Tomando su
matera vacía,
Ping se dirigió
a la plaza.
El Emperador
observaba
detenidamente
la flores, una a
una.
Qué linda era esa
cantidad de
flores.
Pero el
Emperador
estaba serio y no
dijo una palabra.
Finalmente se
acercó a Ping.
Ping bajó la
cabeza lleno
de vergüenza,
esperando ser
reprendido.
El Emperador le
preguntó:
“¿Por qué trajiste
una matera
vacía?”
Ping comenzó
a llorar y
respondió:
“planté la
semilla que
usted me dio,
la regué cada
día pero no
germinó. La
puse en una
matera grande
con tierra
mejor y
tampoco”.
Esperé el año
entero pero
nada”.
Y concluyó:
“Por eso hoy
he venido a
traer esta
matera vacía
sin flores. Fue
lo mejor que
pude hacer”.
Cuando el
Emperador
escuchó estas
palabras, sonrió,
abrazó a Ping y
exclamó:
“Lo encontré.
Encontré una
persona digna
de ser el
Emperador”.
“De dónde
sacaron esas
semillas no lo sé,
porque las
semillas que yo
les dí todas
habían sido
cocinadas. Por lo
tanto era
imposible que
pudieran
germinar”.
“Admiro la gran
valentía de
Ping al
comparecer
ante mí con su
vacía verdad, y
ahora lo
premio con el
Reino y lo
hago
Emperador de
toda la tierra”.
Fin …
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