¿Cuánto dolor somos capaces de soportar? El dolor es algo a lo que todo
ser humano teme. Hubo un hombre que soportó terribles dolores, sin
merecerlo, fue azotado, humillado, molido a golpes y finalmente
crucificado. Y todo lo soportó por amor. Ese hombre se llama Jesús.
Fue traicionado por uno de
los suyos y entregado a los
romanos, quienes eran
famosos por su sadismo.
Los látigos que usaban
constaban de cinco cuerdas
gruesas y largas,
en cuyos extremos tenían
numerosas bolitas de plomo
y huesos.
Al hacer contacto con un
cuerpo, este no solo
recibía el golpe, sino que el
látigo se enrollaba en él y al
separarse desgarraba la
piel, dejándolo en carne viva.
Después de ser torturado,
le clavaron una corona de espinas en
su cabeza. Las púas traspasaron su
frente y cuero cabelludo hasta
encajarse en el cráneo.
Después echaron un manto
sobre su espalda lacerada,
el cual debió pegarse a la
carne viva y al ser quitado...
el dolor debió ser terrible.
Aparte del dolor físico,
Jesús tuvo que soportar
burlas, vejaciones e insultos
de lo peor. Después de
todo esto: la cruz.
La muerte por crucifixión
ha sido la más cruel ejecución que
haya ideado la mente
humana, la más horrible y
dolorosa en toda la historia
del mundo.
Se maquinó detalladamente,
de manera que el
sufrimiento resultara
insoportable y durara el
mayor tiempo posible.
La cruz estaba formada por un
madero vertical y otro horizontal.
En la parte vertical tenía una
pequeña sobresaliente llamada
sedile, sobre la cual, con mucha
dificultad, los condenados podían
apoyar los pies.
Jesús tuvo que cargar la pesada cruz
hasta llegar al lugar de la ejecución.
Allí fue echado al suelo, de espaldas
sobre la cruz y sus muñecas fueron
traspasadas por enormes clavos,
para fijarlas al madero.
Los clavos no rompieron sus huesos, pero sí
la membrana que los cubría, lo cual es
extremadamente doloroso. Al igual
que el nervio mediano, lo cual provoca
espasmos agudos de dolor en los brazos.
Lo mismo hicieron con sus pies,
al ser atravesados por los
clavos, los nervios se dañaron.
Después de clavado al madero,
la cruz fue puesta en posición
vertical y allí comenzó la
terrible agonía.
La ciencia actual señala que la
muerte de una persona colocada
en la posición que tenían los
crucificados, sobreviene por
insuficiencia coronaria.
Esta posición provoca que la
sangre se agolpe en la parte
inferior del cuerpo. A raíz de
esto, la presión arterial baja
a la mitad y el pulso aumenta
su ritmo al doble.
La cantidad de sangre que llega al
corazón disminuye gradualmente y
por consiguiente, la que irriga el
cerebro, produciendo un colapso.
Este proceso estaba calculado que
durara hasta dos días o más.
Los sentenciados, trataban de mitigar
su dolor, apoyando sus pies en el
sedile, entonces la sangre volvía a
subir y el colapso se interrumpía.
Pero esto no podía durar mucho,
debido a la posición
extremadamente incómoda de
los pies, que estaban clavados en
el madero y tenían que adaptarse
al escaso tamaño del sedile.
El martirio cesaba por unos minutos para después volver a manifestar
se en toda su intensidad. Fisiológicamente, se producía un gran impacto
en el organismo de un agonizante en la cruz. La respiración era alterada,
dificultándose enormemente. Calambres, contracciones, hormigueo,
fatiga, pérdida de sangre, deshidratación, insuficiencia cardíaca, shock
emocional, asfixia...
Pero existía un sistema
"piadoso" que acortaba la
agonía de los sentenciados.
Si un centurión se
"conmovía", podía poner fin
al martirio de un
agonizante, rompiéndole las
piernas con un garrote.
Así, este ya no podía
apoyar los pies en el
sedile y moría más
rápido. Este
"misericordioso"
procedimiento era
llamado "Cririfragium".
Jesús permaneció solo seis horas en
la cruz, así que sus piernas no fueron
quebradas. Un soldado romano
traspasó su costado y brotó sangre
y agua.
Médicamente, esto significa
ruptura del pericardio. Jesús
murió a causa de que su corazón se
hizo pedazos. El agua que salió de
su costado era líquido pericárdico
y la sangre, la que se alojó en la
cavidad pericárdica.
Esto indicaba una coagulación masiva de
sangre en las arterias principales, lo cual
constituye una prueba concluyente de su
muerte. Igualmente el hecho de que sus
piernas no fuesen quebradas es un testimonio
histórico de que Jesús ya estaba muerto al
ser traspasado por aquella lanza.
Jesús murió como un criminal, sufriendo los peores tormentos.
El, que nunca hizo mal a nadie, que solo hizo el bien a sus
semejantes, que vino a enseñar a vivir con amor y paz.
El que nunca cometió pecado alguno, murió por los nuestros y
de una manera terrible. Se puso en nuestro lugar y sufrió todo
eso por nosotros, por amor a la humanidad.
Porque tanto amó Dios al
mundo, que dio a su Hijo
unigénito, para que todo el
que cree en él no se pierda,
sino que tenga vida eterna.
Juan 3:16
Que la Semana Santa no
signifique solamente
tiempo de vacaciones
para ti, sino que sea
tiempo de reflexión y
agradecimiento hacia
Aquel que murió por ti,
para que tú puedas
alcanzar la vida eterna.
Angie
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