Historia de la Cruz de la
Misión
Hola, soy la Cruz de la
Misión, ¿Qué quien es
esa? Te lo voy a
contar, mi historia es
muy bonita y yo estoy
muyyyyyy feliz de serlo
pues desde que fui
elegida no me pierdo ni
uno de los encuentros
más importantes que
hay en la Diócesis de
Plasencia. Pero espera
que empiezo desde el
principio.
Yo nací en un bosque
muy grande lleno de
miles de árboles,
hierba, flores, pájaros,
ardillas,…un lugar
precioso.
Este
soy yo
Me costó un poquito crecer, era bastante
pequeño para los años que tenía y por eso me
llamaban “Arbolín”. De pequeño lo llevaba un poco
mal y aún más cuando veía que mis hermanos
crecían y crecían y yo, por más que lo intentaba,
no sabía qué hacer para estirar.
Mi mamá árbol intentaba trasmitirme por las raíces la mejor de su
sabia, pero yo no crecía.
Así pasaron unos años, mi mamá estaba preocupada porque cuando
pasaban a mi lado los leñadores comentaban:
–“ Este arbolillo no crece y nos quita sitio, quizá debamos arrancarlo
de raíz y sembrar otro.”
Pero siempre el compañero afirmaba:
- "Bueno, dejémoslo, quizá este año crezca, parece que su madera va
a ser buena".
Y así me dejaban, esperando que creciera.
Yo cada noche notaba que
crecía un poquito, pero
ciertamente no a la velocidad
que debiera.
Poco a poco, muy
poco a poco, me fui
haciendo un árbol
fuerte, alto, habían
pasado muchos años,
mi madera estaba
llena de círculos. A
mi mamá ya la habían
talado y a mis
hermanos también,
de mi familia ya sólo
quedaba yo y soñaba
despierto qué podría
ser.
-"Como me gustaría
viajar por el mundo,
pero … también me
gustaría ser signo de
alegría, de felicidad,
de amor,… o mejor
me gustaría escuchar
aplausos, canciones,
que mi vida sirviese
de aliento, de
impulso,…"
: ¡Uy, qué
bien se te da
soñar.
Sueña, sueña
que cuando
te talen a
saber dónde
irás, para
qué
servirás…!
Al oír mis sueños me dijo un amigo
árbol en tono gruñón
Estas
palabras me
ponían triste
¿sería cierto
que para
nada valía
soñar, tener
ideales,
querer algo
de la vida?
Una mañana llegó un leñador
y con su viejo hacha empezó
a romperme, fui sintiendo
cómo me separaba de mis
raíces: "Aquí termina mi vida
y mis sueños- pensé -¡OH,
dónde iré lejos del querido
bosque que me ha visto
crecer, de su luz, de los
pájaros!"
Cual no fue mi sorpresa al
descubrir después de unas
horas de dolor, de no saber
qué pasaba; que me cogían
en el aire y me llevaban de
un lugar para otro.
"¿Qué habrán pensado hacer de mí?" me pregunté. Pero no me atreví a
hablar, es la norma del bosque: si te
sacan de él, olvida que sabes hablar o
causarás graves problemas a los demás.
Me pasaban de un camión a otro e hice
muchos kilómetros hasta que al final me
encontré en una gran sala con otros
muchos árboles como yo, a los que
habían desnudado de su corteza y les
habían dado formas muy diversas, la
más común era ser un largo rectángulo
sin más.
Llegó mi turno, a
la máquina y
rassss, rassss,
rasssssss: cortes
por aquí, cortes
por allá y un
rectángulo largo,
largo, sin ramas,
sin hojas, OH
¡qué triste!
¿verdad?
Pero no, mis sueños se iban
a hacer realidad, una
mañana de invierno escuché
a alguien que llegaba al
almacén, quería encargar
una larga cruz de madera
para algo diocesano.
Sintiendo cómo me
acariciaba afirmaba:
"Este color me gusta,
tiene la altura necesaria
y el peso ideal".
Sí ¡sorpréndete! eligieron a
Arbolan para hacer una Cruz
que recorriera la diócesis.
Me trabajaron y quedé
fenomenal.
Desde Vejar
en Salamanca
Hasta Don Benito
en Badajoz
Esto era en Febrero
de este año 2014 y
desde entonces voy
visitando todos las
parroquias y
comunidades de los
pueblos . Tengo a mi
alrededor canciones,
alegría, aplausos,
cariño y oigo decir a
los demás que soy
signo de salvación, de
vida, de entrega, de
amor sin medida.
Esto es
estupendo, ¿quién
lo podía
imaginar? Soy la
Cruz de la Misión
Diocesana. No es
Arbolín que de
nada vale y es un
árbol
tremendamente
vulgar, es Quién
está detrás,
Aquel que confía
su amor y la
entrega de un
Dios hecho
hombre que llegó
a dar su vida en
una cruz para su
salvación.
Estoy super
orgulloso,
sirvo para
decirte que
Dios te ama
y te lo
quiero
gritar.
Cuando me
mires
descubre a
Jesús que
te abraza.
La abuelita de
Ana está de
visita en su
casa. A la
hora de la
cena, la
abuelita
bendice los
alimentos y al
final se
persigna.
Ana que es
muy
observadora y
muy curiosa,
le pregunta:
-¿Qué
significa eso
que haces
con las manos
al final de la
oración?
Mira Ana, ¿Tú
sabes cómo murió
Jesús?
-¡Claro abuelita!
Murió clavado en
una cruz.
La abuelita, que es muy
buena, le explica:
-Así es hijita. Pues
bien, todos los
cristianos cuando
rezamos hacemos con
los dedos de la mano
una cruz. De esta forma
estamos recordando que
Jesús murió en una cruz
para que nosotros
pudiéramos ir al cielo.
Esto se llama
persignarse y lo que
decimos al hacerlo es lo
siguiente:
"Por la señal de
la Santa Cruz"
(al decir esto
formamos una
cruz en nuestra
frente, para
que haga limpios
nuestros
pensamientos).
"De nuestros
enemigos"
(al decir esto
formamos una
cruz en
nuestra boca,
para que lo que
digamos sea
verdadero y
bueno).
"Líbranos Señor,
Dios nuestro"
(Al decir esto
formamos una
cruz en nuestro
corazón, para que
nuestros
sentimientos sean
buenos).
Hacemos una cruz grande
en nuestra cara, pecho y
hombros.
"En el
nombre del
Padre
del Hijo
y del
Espíritu
Santo
Amén
-¡Qué bien lo
he aprendido,
abuelita!
Y ahora todos
lo vamos a
hacer
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Power Point - Diócesis de Plasencia