La noche era ideal.
Sobre nuestras cabezas un cielo lechoso, por el
reflejo de las luces de la ciudad en
las nubes.
En la cara una brisa fresca, que no fría,
y ni una gota de lluvia, aunque había
llovido durante toda la tarde y el suelo
estaba húmedo.
Lo que tenía que hacer no era muy complicado, pero en
el cine no hay nada que no tenga su dificultad.
Se trataba de venir andando por
la avenida, una toma bastante
larga, o mejor dicho varias tomas.
Y para terminar me encuentro con Michel,
al que vengo buscando y que encuentro
sentado en un banco al final de la avenida.
Cruzamos unas frases y después yo sigo mi
camino, aunque debo dar la impresión de que
en realidad me gustaría quedarme con él.
Es un pasaje crucial de la película.
Es el momento en que Michel se enamora de mí.
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