“Alimenta al que se muere de hambre,
porque si no lo alimentas lo matas”.
Vaticano II - G.S. 69
Mateo 14, 13-21
XVIII Tiempo Ordinario –A3 de agosto de 2008
13Jesús,
al enterarse de lo sucedido, se retiró de allí en una barca a un lugar
tranquilo para estar a solas. La gente se dio cuenta y lo siguió a pie desde los
pueblos.
La noticia de la muerte de Juan Bautista parece que impulsa a Jesús a hacer
un alto en el camino.
Pero deja su deseo de estar a solas para dedicarse por entero a la gente
que le busca y le sigue.
14Cuando
Jesús desembarcó y vio aquel gran gentío, sintió compasión de ellos
y curó a los enfermos que traían.
Jesús al ver la situación de las personas, se compadece, siente una profunda
conmoción interior que revela la misericordia del corazón de Dios.
No se queda en el sentimiento,
sino que hace algo concreto a favor de quien le necesita.
Como Él, veamos, no retiremos la mirada ante lo que ocurre, no miremos hacia otro
lado. Sintamos compasión, dejémonos afectar, conmover por la necesidad de los
demás. Que nazca en nosotros la misericordia. Curemos, actuemos con eficacia,
con una vida mucho más austera y generosa.
15Al
anochecer, sus discípulos se acercaron a decirle:
-El lugar está despoblado y es ya tarde; despide a la gente para que vayan a las
aldeas y se compren comida.
Quienes piensan estar cerca de Jesús se creen con el derecho de alejar
y separar de Él a las personas. Actitud que Jesús no aprueba.
Hoy, como ayer: “Que se las apañen o que lo arreglen otros”.
Al “comprar” de las leyes económicas, Jesús propone el COMPARTIR
generoso y gratuito.
16Pero
Jesús les dijo:
-No necesitan marcharse;
dadles vosotros de comer.
Jesús pone la solución –compartir- en manos de sus seguidores y seguidoras.
Es necesario que se impliquen y colaboren en su tarea.
¿Cómo y con quién comparto el banquete de mi vida?
¿A quién siento a la mesa de mi tiempo, mis bienes, mis intereses, mis palabras,
mis proyectos? ¿A quién excluyo?. ¿Por qué?.
El drama del hambre en el mundo, el más grave de los
dramas
Los medios de comunicación social se están haciendo
eco de la hambruna que amenaza ahora mismo a más de
cien millones de personas en el mundo. Cien millones a
añadir a la multitud de personas que cada año mueren de
hambre y miseria. Se recogen las palabras rotundas de
Jean Ziegler, delegado de la ONU para asuntos
alimentarios del “silencioso asesinato en masa” al que
está llevando el actual aumento de precios de los
alimentos.
Y no se muerde la lengua al denunciar que “tenemos una
multitud de empresarios, especuladores y bandidos
financieros que han convertido en salvaje un mundo
de desigualdad y de horror”.
Aunque no parece que ni la compasión por los pobres
ni el miedo a la inseguridad provoque en el mundo rico,
buena parte del cual se declara cristiano, alguna
Jean Ziegler
reacción seria, decidida, eficaz, para cambiar el actual
estado de cosas.
. ¿Cómo es posible que este mensaje no se traduzca en
tareas concretas, en caminos de amor y de justicia?
Te animo a buscar con otras personas,
La campaña “Pobreza Cero” nos dijo que “la humanidad
creyentes y no creyentes,
tiene hoy en sus manos la capacidad de acabar con el
cauces y acciones de solidaridad
hambre en el mundo”. Se nos ha invitado a reflexionar:
hacia las personas más desfavorecidas
“¿Cómo juzgará la Historia a una generación que pudo
acabar con el hambre en el mundo y no lo hizo?”.
de nuestro mundo.
Cumpliremos así el deseo de Jesús:
“¡Dadles vosotros de comer!”.
17Le
dijeron:
-No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.
18Él les dijo:
-Traédmelos aquí.
Si ponemos en manos de Jesús todo lo que somos
y tenemos, por poco que nos parezca,
puede producirse el milagro.
19Y
después de mandar que la gente se sentase en la hierba, tomó los cinco
panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió
los panes, se los dio a los discípulos y éstos a la gente.
Los detalles del texto pueden
recordarnos a la eucaristía.
La eucaristía, celebración y expresión
de lo que debe ser
la nueva comunidad cristiana,
no es auténtica y se contradice a sí
misma si quienes participamos en ella
no somos persona solidarias,
si quienes decimos ser sus seguidores
no compartimos lo que tenemos.
La eucaristía no es signo mesiánico
ni puede considerarse dignamente
memorial de Jesús
ni celebración que inaugura el Reino,
si no abrimos la mesa
al amor y a la solidaridad.
20Comieron
todos hasta hartarse, y recogieron doce canastos llenos de
los trozos sobrantes. 21Los que comieron eran unos cinco mil hombres,
sin contar mujeres y niños.
Dios quiere que todas las personas vivan y puedan alimentarse hasta saciar
el hambre de pan y todas las clases de hambres que fácilmente podemos
descubrir. Hambre de amor, de paz, de justicia, de ilusión, de alegría,
de cultura...
Su voluntad solamente se hace efectiva a través de nuestro compartir.
Partir con quien nada tiene,
pero que es digno de todo, a sus ojos
y a los de Dios.
Partir no sólo lo sobrante,
también lo que hemos robado,
y hasta lo necesario.
Partir por justicia, por amor,
por encima de lo que es legal,
sin llevar cuenta,
hasta que el otro se sienta a gusto.
Partir con sencillez y entrega,
sin creerse superior o mejor,
sin exigir cambio o reconocimiento.
Partir evangélicamente en todo tiempo,
en todo lugar, en toda ocasión,
ahora ya.
Partir,
o al menos intentarlo;
nunca en soledad, siempre en compañía;
nunca para salvar
y menos aún para sentirse salvado;
sencillamente para hacer posible
el COMPARTIR,
como Tú, Señor. Ulibarri Fl.
Descargar

18 Tiempo Ordinario -A-