por
¡Refleja!
La palabra es uno
de los dones
con que
el Amor Divino
ha dotado a la
humanidad,
y como todos
los dones
– tales como el
don de pensar y el
don de sentir –
constituye un
poder que
el ser humano
debe utilizar
exclusivamente
para el bien.
¡Refleja!
¡Refleja!
Ya sabemos que los pensamientos y sentimientos tienen gran fuerza
para con nosotros y para con los demás. Y sabemos también que podemos,
con esa fuerza, hacer bien si la utilizamos en sentido positivo
o hacer mal si la utilizamos en sentido negativo.
La palabras expresan nuestros
pensamientos y sentimientos
dándole forma y acción, de modo
que en la palabras están unidos el
poder del pensamiento
y el poder del sentimiento
con la fuerza de la propia
voluntad,
que utiliza esos poderes
con un fin determinado.
¡Refleja!
Por lo tanto, la palabra – sea hablada o escrita –
constituye un conjunto de vibraciones que tiene,
por Ley de Afinidad, intensa acción
en las mentes y en las almas
de quienes la escuchan o la leen.
Además, actúan sobre la voluntad
de quienes reciben esas vibraciones,
pudiendo en muchos casos
llegar a dominarla,
si quien habla o escribe
lo hace con esa finalidad.
¡Refleja!
En todo obran
permanentemente
las Leyes
y nosotros tenemos
la responsabilidad
de utilizar el poder
-que por Ley recibimos –
sólo y exclusivamente
con amor.
¡Refleja!
Si empleamos amorosamente el poder
maravilloso de la palabra - hablada o
escrita – podemos por Ley de Afinidad
transmitir, mediante ella, a las mentes
y a las almas de quienes escuchan o
leen esas palabras, las vibraciones de
bien que las palabras llevarán como
“contenido espiritual”.
¡Refleja!
Si, por el contrario, pretendiendo ignorar la gran responsabilidad que
significa poseer el poder de la palabra, la utilizamos con fines egoístas y
ambiciosos, con rencor, con desamor,
ese poder maravilloso se transformará en una poderosa arma
al servicio del mal.
¡Refleja!
Las palabras
pueden
acariciar o herir,
ser bálsamo o corrosivo,
alentar o deprimir,
despertar
los sentimientos
más puros
o los más bajos,
impulsar al heroísmo
o a la degradación;
las palabras
pueden unir o dividir,
pueden construir
o destruir.
Todo esto
podemos corroborarlo
a diario si analizamos
nuestros pensamientos,
sentimientos y acciones.
¡Refleja!
¡Refleja!
El poder de la palabra utilizado
positivamente, es decir, con amor,
es un maravilloso instrumento de bien,
pero utilizado negativamente,
es decir, con egoísmo y desamor, es un
terrible instrumento de mal.
Cuidemos, pues, nuestra palabra en todo momento,
procuremos que jamás perjudique ni cause dolor a los demás,
sino que, por el contrario, sea siempre expresión de nuestro amor
y de nuestros fraternales pensamientos y sentimientos de bien.
¡Refleja!
Si sientes que sólo el odio te rodea,
revisa cómo te estás manifestando.
Serás lo que pienses y eso mismo recibirás.
Empieza a analizar tus pensamientos y
descarta los que observas no están siendo amorosos.
Eres responsable de tu transformación
y la de tu entorno;
nadie puede llevarlas a cabo por ti.
¡Basta de victimas y culpables!
¡Hazte responsable!
Tienes el poder, aprende a usarlo.
Comienza a expresar el Amor que eres, AHORA!
Desde el amor y al servicio del Amor,
¡Refleja!
por Marcela Parolin
Buenos Aires, Argentina
Vamos siendo un movimiento cuyo objetivo es irradiar Amor al mundo,
facilitando herramientas para la transformación personal,
que ayuden a discernir cuál es el camino, a fin de ya no desviarnos
y no atraer para nuestras vidas el dolor.
El único protagonista es el mensaje.
No perseguimos fines económicos porque es una tarea de servicio.
Nos mantenemos con aportes que Uds. eligen hacer,
cada uno desde su vocación y servicio,
para que siga girando la rueda de la prosperidad y nos beneficiemos todos.
Es necesario que el mensaje de Amor llegue a mayor cantidad de personas cada día.
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Imágenes de la Web. Texto de Madú Jess, adaptado.
Música: “Candle in the Wind”, Elthon John by The Royal Philarmonic Orchestra
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