El Señor nos llama
por el nombre a
cada uno
personalmente. Y
esa llamada es
insistente, no nos
deja tranquilos:
“Samuel, Samuel”
A partir de ahí tratamos
de clarificar su llamada
hablando con los que
tenemos más cerca,
haciendo oración,
buscando la dirección de
un consejero espiritual.
“El sacerdote Elí le dijo a
Samuel: no te he
llamado”
Dios es el que llama
Esta llamada no la
hace el Señor
directamente sino a
través de los demás,
de las
circunstancias de la
vida, de los
problemas que
viven los
necesitados. Todo
eso nos interpela.
Tratamos de
iluminar nuestro
interior con la
escucha de la
Palabra de Dios
“Habla Señor que
tu siervo escucha”.
Poco a poco nos damos cuenta que podemos y
tenemos que dedicar parte de nuestra vida a los
demás,
cada uno según su espíritu personal:unos son
sensibles a la enfermedad, otros a la pobreza, o
a la ignorancia.
Todo ello
lleva consigo
unas
habilidades
que Dios nos
da para el
servicio de
los demás
Cuando tomamos la decisión formamos parte
de una ONG, un grupo parroquial, una
congregación, Cáritas…
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