BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
- Psicosis (Robert Bloch)
- El silencio de los corderos (Thomas Harris)
- El perfume (Patrick Suskind)
- Mary Terror (Robert R. McCammon)
- American psycho (Bret Easton Ellis)
- La fábrica de las avispas (Iain Banks)
- Spider (El Araña)- Patrick McGrath
- El arte más exquisito (Poppy Z. Brite)
EL MATERIAL YACE TENDIDO DE LADO, encogida
como una gamba. Parece dormir. Junto a ella tiene el cubo
sanitario. [...]Duerme agarrando una esquina del jergón en la
que apoya la cara al tiempo que se chupa el pulgar.
Contemplando a Catherine, paseando la linterna de
infrarrojos una y otra vez por todo su cuerpo, el señor Gumb se
prepara para los verdaderos problemas que le esperan.
LA PIEL HUMANA es endemoniadamente difícil de
manejar, si la exigencia de perfección es tan elevada como la
que ambiciona el señor Gumb. Le es preciso tomar
fundamentales decisiones de estructura, la primera de las
cuales es DÓNDE COLOCAR LA CREMALLERA.
Mueve la linterna por la espalda de Catherine. Lo
normal sería PONER LA ABERTURA EN LA ESPALDA, pero
entonces ¿cómo vestir la prenda por sí solo? No es el tipo de
cosa para la cual se pida ayuda, por excitante que le parezca
esa perspectiva. [...]Debe hacer cosas que pueda emplear por sí
solo. RASGAR LA PARTE ANTERIOR POR EL CENTRO sería
un sacrilegio; rechaza tal posibilidad alejándola de inmediato
de su mente. [...]
La experiencia le ha enseñado a esperar de cuatro días
a una semana antes de COSECHAR LA PIEL. Una rápida
pérdida de peso afloja la piel y la torna más fácil de quitar.
Además, EL HAMBRE consume una gran parte de la energía
de sus suministradoras de material, tornándolas más
manejables. MÁS DÓCILES. A algunas les sobreviene una
lánguida resignación.No obstante, al mismo tiempo es preciso
alimentarlas lo suficiente para que
no se apodere de ellas la
desesperación e impedir así las
rabietas destructivasque podrían deteriorar la piel.
Definitivamente, ha perdido peso. Ésta es TAN ESPECIAL, tan
crucial para la labor que tiene entre manos que no puede
soportar la espera, ni tiene por qué
esperar. MAÑANA POR LA TARDE
LO HARÁ, o por la noche. Como máximo
al día siguiente. PRONTO.
Thomas Harris: El silencio de los corderos.
Terror urbano por excelencia, encarnación
actual del eterno miedo al otro, la novela de psicópatas
se nutre de la neurosis que devora nuestras modernas sociedades,
violentas, masificadas y de un individualismo extremo,
para mostrarnos una cruenta y descarnada
radiografía del hombre, que aquí aparece, despojado de
todo disfraz o hipocresía, como lo que realmente es :
su peor enemigo.
A Grenouille le sudaba la frente. Sabía que los niños no
olían de manera particular, tan poco como las flores aún verdes
antes de abrir los pétalos. En cambio ésta, este capullo casi
cerrado del otro lado del muro, que ahora mismo empezaba - sin
que nadie, excepto Grenouille, se apercibiera de ello- a abrir sus
odoríferos pétalos, olía ya de modo tan divino y sobrecogedor que,
cuando floreciera del todo, emanaría un perfume que el mundo no
había olido jamás. [...] Dentro de uno o dos años, esta fragancia
habría madurado y adquirido una impetuosidad a la que nadie,
hombre o mujer, podría sustraerse.Y la gente sería dominada,
desarmada y quedaría indefensa ante el hechizo de esta
muchacha, sin que nadie supiera la razón.Y como la gente es
estúpida y sólo sabe usar la nariz para resollar, pero cree
reconocerlo todo con los ojos, dirían todos que era porque la
muchacha poseía belleza, gracia y donaire. En su miopía,
cantarían las alabanzas de sus facciones regulares, de su figura
esbelta, de su pecho impecable.Y sus ojos, añadirían, son como
esmeraldas y sus dientes como perlas y sus miembros como el
marfil... y demás comparaciones a cual más idiota.Y la
nombrarían reina del jazmín y la pintarían necios retratistas y su
imagen sería pasto de los mirones, que la proclamarían la mujer
más hermosa de Francia.Y los jovencitos vociferarían noches
enteras bajo su ventana, al son de la mandolina... ricachones
gordos y viejos caerían de hinojos ante su padre para pedir su
mano... y mujeres de todas las edades suspirarían al verla y
soñarían con ser tan seductoras como ella durante un solo día.Y
nadie sabría que no era su aspecto lo que de verdad los había
conquistado, que no era su belleza exterior, supuestamente
perfecta, ¡sino únicamente su fragancia, magnífica e
incomparable! [...]
¡Ah! ¡Quería poseer esta fragancia! No de una forma tan
inútil y torpe como en el pasado la fragancia de la muchacha de
la Rue des Marais, que se había limitado a aspirar como un
borracho, con lo cual la había destruido. No, ahora pretendía
apropiarse de la fragancia de la muchacha que jugaba detrás de
la muralla, arrancársela como si fuera una piel y convertirla en
suya. Aún ignoraba cómo conseguirlo, pero disponía de dos años
para reflexionar sobre la cuestión. En el fondo, quizá no era más
difícil que arrebatar el perfume de una flor rara.
Patrick Suskind: El perfume
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Pasaje de Terror