Lección 6 para el
7 de mayo de
2011
“Pues la tristeza según la voluntad de
Dios conduce a una conversión que da
por resultado la salvación, y no hay
nada que lamentar. Pero la tristeza
del mundo produce la muerte”
(2ª de Corintios, 7: 10 DHH)
La lección de esta semana nos muestra cómo el
manto de Elías y Eliseo fue usado en diferentes
ocasiones con distintos significados.
A causa de la apostasía de Israel, Elías es enviado para
predecir una gran sequía que duraría tres años y medio.
Durante este tiempo es escondido y sustentado por Dios.
Para finalizar la sequía, Elías cita al rey Acab y a todo
el pueblo en el monte Carmelo, donde desciende
fuego del cielo para demostrar que Dios es el
verdadero Dios.
Al descender la
lluvia, Elías corre
delante de Acab a lo
largo de 36 km hasta
Jezreel.
Jezabel manda
matar a Elías y éste
huye para salvar su
vida.
Desesperado, Elías desea su muerte y huye al
desierto. Un ángel es enviado para alimentarlo.
Cuando escucha un silbo apacible, Elías cubre su
rostro con su manto como señal de reverencia ante
la presencia de Dios y se prepara para escuchar su
Palabra.
Fortalecido por el alimento,
Elías llega hasta una cueva en
el monte Horeb después de
40 días de marcha. Allí, Dios
manifiesta su poder de
distintas formas: viento,
terremoto y fuego.
“No fue mediante grandes manifestaciones del poder divino sino por "un
silbo apacible," cómo Dios prefirió revelarse a su siervo. Deseaba enseñar
a Elías que no es siempre la obra que se realiza con la mayor
demostración la que tiene más éxito para cumplir su propósito. Mientras
Elías aguardaba la revelación del Señor, rugió una tempestad, fulguraron
los relámpagos, y pasó un fuego devorador; pero Dios no estaba en todo
esto. Luego se oyó una queda vocecita, y el profeta se cubrió la cabeza en
la presencia del Señor. Su petulancia quedó acallada; su espíritu,
enternecido y subyugado. Sabía ahora que una tranquila confianza y el
apoyarse firmemente en Dios le proporcionarían siempre ayuda en
tiempo de necesidad.
No es siempre la presentación más sabia de la
verdad de Dios la que convence y convierte al
alma. Los corazones de los hombres no son
alcanzados por la elocuencia ni la lógica, sino por
las dulces influencias del Espíritu Santo, que obra
quedamente y sin embargo en forma segura
para transformar y desarrollar el carácter. Es la
queda vocecita del Espíritu de Dios la que tiene
poder para cambiar el corazón”
E.G.W. (Profetas y Reyes, cp. 13, pg. 124)
Con esta misión,
Dios le dio a Elías
un sucesor y un
ayudante en
quien apoyarse.
“Pero aunque era de un espíritu humilde y
tranquilo, Elíseo no tenía un carácter voluble.
Poseía integridad, fidelidad, y amor y temor de
Dios. Tenía las características de un dirigente,
pero además poseía la humildad del que está
dispuesto a servir. Su mente se había ejercitado
en las cosas pequeñas para ser fiel en cualquier
cosa que le correspondiera realizar. De manera
que si Dios lo llamaba para ocuparse en algo
más directo para el cielo, estaba preparado para
oír su voz” (CBA, comentarios de Elena G. White sobre 1ª de Reyes, 19: 19-21)
“Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el
desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por
rey de Siria. A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre
Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás
para que sea profeta en tu lugar” (1ª de Reyes, 19: 15-16)
“Cuando Elías, divinamente dirigido en
la búsqueda de un sucesor, pasó al lado
del campo en el cual Eliseo estaba
arando, echó sobre los hombros del
joven el manto de la consagración.
Durante el hambre, la familia de Safat
se había familiarizado con la obra y la
misión de Elías; y ahora el Espíritu de
Dios impresionó el corazón de Eliseo
acerca de lo que significaba el acto del
profeta. Era para él la señal de que Dios
le llamaba a ser sucesor de Elías”
E.G.W. (Patriarcas y Profetas, cp 17, pg. 164)
Tras hacer su llamamiento, Elías permitió a Eliseo tomar su decisión libremente.
Al sacrificar sus bueyes y quemar su arado, Eliseo demostraba que ya no los
necesitaría más y consagraba su vida completamente a Dios.
Fortalecido por el apoyo divino, Elías no dudó en seguir cumpliendo su misión.
Cuando Acab y Jezabel mataron a Nabot para apoderarse de su viña, Dios mandó a
Elías para reprender a Acab por su pecado.
Esta reprensión produjo arrepentimiento en Acab: “Y sucedió que cuando Acab oyó
estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en
cilicio, y anduvo humillado” (1ª de Reyes 21: 27)
Al igual que Eliseo fue probado
en su llamamiento, ahora,
cuando Elías fue llamado para
ascender al Cielo, también se le
probó: Elías, en cada escuela de
profetas que visitaban, le pedía
que se quedara.
Eliseo tenía clara su misión y
acompañó a Elías hasta el final.
Cuando llegaron al río Jordán, Elías golpeó con su manto
las aguas y éstas se dividieron.
Al preguntar Elías a Eliseo qué deseaba, éste pidió doble
cantidad del Espíritu Santo que la que tenía Elías.
El manto de Elías se convirtió en el símbolo de la
recepción del Espíritu Santo y, a partir de entonces, fue el
manto de Eliseo.
“[Eliseo] No pidió honores del mundo, ni un lugar elevado entre los grandes de la tierra.
Lo que ansiaba era una doble porción del espíritu dado a aquel a quien Dios estaba por
honrar trasladándolo al cielo. Sabía que solamente una doble porción del espíritu que
había estado sobre Elías lo prepararía para ocupar el lugar que éste dejaba, porque
Elías tenía la experiencia y la sabiduría de los años, que no puede ser impartida a los
jóvenes por medio de ningún método.
Si se le hubiera hecho a usted esa pregunta, ¿qué
habría contestado? ¿Cuál es el mayor deseo de su
corazón al entregarse al servicio de Dios?”
E.G.W. (Alza tus ojos, 13 de noviembre)
Eliseo recogió el manto de Elías, rompió en
dos partes sus propios vestidos, y se lo
puso.
A partir de ese momento, Eliseo comenzó a
servir a Dios de una forma distinta. Era el
profeta sucesor de Elías.
Eliseo golpeó las aguas del río Jordán y
éstas se dividieron nuevamente como
muestra de la aceptación por parte de Dios
de su nuevo ministerio.
Al principio, no se aceptó a Eliseo, sino que
se dudó de su palabra (se empeñaron en
buscar a Elías)
Pero él no procuró imponer su liderazgo,
sino que dejó el asunto en manos de Dios.
Su vida fue una vida de servicio a Dios y a
su prójimo.
“Aquel que lleve el
manto de Cristo, como
el de Elías, dará
evidencias de mantener
sus ojos en el Salvador.
Imbuido con el Espíritu
de Cristo, estará bajo la
influencia de las
elevadas y santas
impresiones divinas, y
estará capacitado para
enseñar”
E.G.W. (Spalding and Magan Collection, p. 231)
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