Queridas hijas,
aprovecho uno
de aquellos
momentos buenos
que tiene el espíritu
y después de
haberos encomendado
a Dios, tomo la pluma
para entretenerme un
rato con vosotras.
Os repetiré muchas veces
aquellos consejos que forman
el espíritu, según la vocación
especial a que sois llamadas…
Vivir las dos uniones:
- amor a Dios
- amor al prójimo.
“Esas dos uniones se trabajan
en la oración, en la meditación,
en el silencio y en el retiro interior”
“En la oración encontrarás la fe,
la esperanza y el amor…
Vive unida con Dios y cuida que
nada… nada turbe tu corazón”.
“Vive unida con Dios y todo lo
demás es vapor y humo y
sombras que se desvanecen”
“Durante las bellas tardes de verano
y al amanecer, harás oración;
vendrás solo a este sitio y me hallarás”
“La oración curará todos tus males.
No faltes”
“Ofrécete, date y entrégate toda a Él
para que en ti, por ti y contigo,
haga Dios lo que le plazca”
“No te inquiete
ni te turbe
cuanto de próspero
o adverso pase
a tu alrededor.
Antes piérdelo todo
que la paz del
corazón”.
“Amor entre vosotras.
Haceos todas criadas,
esclavas y servidoras
la una de la otra;
tomad de las manos
la una a la otra todo
lo más vil y penoso.
Disputaos lo trabajoso
y lo amargo…”
“Sed pobres de propia
voluntad; despojaos de
vuestros propios afectos…
Si no queréis tener nada
lo tendréis TODO…”
“Despojaos de vuestros
juicios propios y
de vuestra propia voluntad”
“Si nadie tiene nada,
siempre estaréis unidas
y con paz en Jesucristo”
“Hacerse toda a todas…
No ser de sí misma sino de todas…
Cuidar de cada hermana como de sí misma”
“He tomado
mi vuelo
hacia los prójimos
sin dejar
a Dios”
"Porque te amo,
busco en los
servicios
ocasión de
complacerte.
-Pues si me amas
tendrás penas
a medida del
amor…"
“Desde que recibí en mi
corazón el amor de padre
para contigo y desde que
te he conocido, ya no ha
habido en mí más reposo”
“Mira a Jesús en este cuerpo que
es su Iglesia, llagado y crucificado,
indigente, perseguido, despreciado
y burlado. Y bajo esa consideración,
ofrécete a cuidarle y prestarle
aquellos servicios que estén
en tu mano”
“Marcha, yo te envío”
“Dios no nos dejará sin luz ni dirección”
“No tardaré en volveros a escribir…
Os he encomendado mucho a Dios
y tengo aún muchas cosas que deciros…”
Queridas Hermanas:
quisiera proponeros unos sencillos
pensamientos, que dejo a vuestra
profundización personal y comunitaria.
Vivid el “éxodo”
de uno mismo
en un camino de
adoración y de
servicio, sobre todo
a través de los tres
pilares de vuestra
existencia:
pobreza, castidad
y obediencia.
…y ayudad a vuestras
comunidades a vivirlo así.
La POBREZA como superación
de todo egoísmo, en la lógica
del Evangelio y abandono en
la Providencia de Dios.
La pobreza, que se aprende
tocando la carne de Cristo pobre,
en los humildes, en los pobres,
en los enfermos, en los niños...
Ah, ¡cómo quisiera
una Iglesia pobre y
para los pobres!
La consagrada es
madre; tiene que ser
madre y no solterona.
Perdónenme si hablo
así, pero es importante
esta maternidad de la
vida consagrada… esta
fecundidad.
La CASTIDAD es un carisma que amplía la
libertad de la entrega a Dios y a los demás, con la
ternura, la misericordia y la cercanía de Cristo…
Pero, POR FAVOR… vivan una castidad
fecunda, una castidad que genere hijos
espirituales en la Iglesia
La obediencia,
como ESCUCHA de
la voluntad de Dios,
en la moción
interior del
Espíritu Santo.
“La ORACIÓN en nombre de Jesús
nos hace salir de nosotros mismos…
La eternidad será esto:
ALABAR A DIOS.
Pero no será aburrido,
¡será bellísimo!”.
Aceptando que la
obediencia pasa
también a través
de las mediaciones
humanas.
Vuestra vocación es un
carisma fundamental para
el camino de la Iglesia.
Y no es posible que una
consagrada o un
consagrado no “sienta”
con la Iglesia.
¿Qué sería de la Iglesia sin vosotras?
¡Le faltaría maternidad, afecto, ternura,
intuición de MADRE!.
“No sean nunca hombres y mujeres tristes:
¡un cristiano no puede estarlo nunca!
¡No se dejen ganar nunca por el desaliento!
Quiero consagrados y consagradas felices.
Queridas hermanas, estad seguras de que
os sigo con afecto. Rezo por vosotras,
pero vosotras también rezad por mí.
Saludad a vuestras comunidades de mi parte.
Guardadlas en el corazón
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