Ensortijada luna
que con tu luz inundas,
profunda y señera,
mi valle de sueños,
mi alma inquieta,
mi secreta inocencia,
mi amada soledad.
Dueña de mi signo,
romántico y febril,
buscador de quimeras,
del sempiterno amor,
extraño y sutil,
tan difícil de hallar
en la diaria realidad.
Entre la diadema de estrellas
busco la ansiada respuesta
a tanto desasosiego,
mas sólo encuentro
la selénica luz, misteriosa,
atrapante y perdida
en la infinita oscuridad.
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