Ayer se había quedado en
el aire un grito de
injusticia y de horror.
¡Crucifícale! ¡Crucifícale!
Los soldados
obedecieron y mataron al
señalado.
La gente había preferido a
Barrabás que al buen de
Jesús
Señor, perdón por esa cruz
Los oídos se hicieron los sordos.
El látigo castigó con mayor fuerza.
La espina rompió la cabeza
y la cruz clavó al redentor.
Señor, perdón
por esa cruz
Allá quedaron las huellas.
Allá se dejaron ver las pisadas
de aquel hombre justo que por vergüenza
se agachó para no condenar a la mujer adultera.
A la que querían apedrear
No en ella, sino él,
clavaron la piedra de la traición.
De aquel amargo viernes.
Viernes de dolor.
Señor, perdón por esa cruz
Quisiera recoger aquellos pasos.
Pasos de tanto dolor.
Corrían para hacer daño.
Corrían para ofender
A un Dios que vino a traernos su amor.
Fueron ligeros para condenar.
Lentos para perdonar.
Hoy, con mirada triste,
Espero. Espero …
Señor, perdón por esa cruz
Y en el camino empinado de la vida
Vino Dios a sonreír.
Para regalarnos la mejor prenda de su vida
La Resurrección de la vida eterna.
Regalo. Dicha. Inmensa paz
De un Dios que perdona y olvida.
Las travesuras del mal vivir.
Vayan. Vayan a Galilea.
Allí les veré.
Y con la gracia de mi perdón.
Ámense. Ámense de corazón.
Para que con alegría.
Vivan la nueva vida en el amor.
Gracias, Señor por la Resurrección
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