Ambientación: Un cirio,
rodeado de flores, imagen
del Resucitado, frase:
¿Me amas?
Cantos sugeridos:
Vaso nuevo; El Señor resucitó; Yo lo resucitaré
La Iglesia es testigo de la resurrección cuando
lleva en el centro de su tarea evangelizadora a
Cristo resucitado.
Testigos somos también nosotros cuando
escuchamos la palabra de Dios, nos alimentamos
en la mesa de la fraternidad y vivimos en la
esperanza gozosa y comprometida de su vuelta
definitiva.
Lago de Tiberíades
Señor, ayúdanos a que viendo lo que le pediste a
tu Apóstol, veamos nosotros nuestra actitud ante
ti, para ver cómo estamos viviendo nuestra fe y
nuestra seguimiento a ti.
I. LECTIO
¿Qué dice el texto? – Juan 21, 1-19
Motivación:
El Evangelio de hoy nos
muestra cómo Jesús
acompaña a los suyos
en la misión y, a la vez,
presenta las
condiciones necesarias
para que dicha misión
dé fruto abundante.
Escuchemos.
En aquel tiempo,
1Jesús se apareció
otra vez a los
discípulos junto al
lago de Tiberíades.
2Y
se apareció de esta manera: Estaban
juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el
Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los
Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
3
Simón Pedro
les dice:
– «Me voy a
pescar».
Ellos contestaron: «También nosotros vamos
contigo». Fueron pues y subieron a la barca;
pero aquella noche no pescaron nada.
4 Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se
presentó en la orilla; pero los discípulos no
sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
«Muchachos, ¿tienen algo para comer?»
Ellos contestaron: «No».
5
6 El
les dijo:
«Echen la red a la derecha de la
barca y encontrarán».
La echaron, y no tenían fuerzas para
sacarla, por la abundancia de peces.
7
Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le
dijo a Pedro: «¡Es el Señor!»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro
que estaba desnudo, se ató la túnica
y se tiró al agua.
Los otros discípulos fueron en la barca,
arrastrando la red con los peces, porque
estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
8
9
Al bajar a tierra, ven unas brasas, con
un pescado puesto encima y pan.
10
Jesús les dice: «Traigan algunos
peces que acaban de pescar».
Simón Pedro subió a la barca y arrastró
hasta la orilla la red repleta de peces grandes:
ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos,
no se rompió la red.
11
Jesús les dice: «Vengan a comer».
Ninguno de los discípulos se atrevía a
preguntarle quién era, porque sabían bien
que era el Señor.
12
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo
dio, y lo mismo hizo con el pescado.
13
14 Esta
fue la tercera vez que Jesús se
apareció a los discípulos, después de
resucitar de entre los muertos.
15 Después
de comer,
dice Jesús
a Simón Pedro:
«Simón, hijo
de Juan,
¿me amas más
que éstos?
El le contestó:
«Sí, Señor,
tú sabes
que te quiero».
Jesús le dice:
«Apacienta mis corderos».
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo
de Juan, ¿me amas?»
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Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te
quiero». Él le dice: «Pastorea mis ovejas».
Se entristeció
Pedro de que le
preguntara por
tercera vez si lo
quería, y le
contestó:
«Señor tú conoces
todo, tú sabes que
te quiero».
Jesús le dice: «Apacienta mis
ovejas.
Te aseguro: cuando eras joven, tú
mismo te ceñías e ibas adonde querías;
18
pero, cuando seas viejo, extenderás las manos
otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras».
19
Esto lo dijo aludiendo a la muerte
con que iba a glorificar a Dios.
Dicho esto,
añadió:
Palabra de Dios
Cada un@ puede leer en voz alta el versículo que más le llamó la atención
Juan 21, 1-19
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos junto al lago de
Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro,
Tomás «El Mellizo», Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y
otros dos discípulos. En esto dijo Pedro: –Voy a pescar. Los otros dijeron: –
Vamos contigo. Salieron juntos y subieron a una barca; pero aquella noche
no lograron pescar nada. Al clarear el día, se presentó Jesús en la orilla del
lago, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo:–Muchachos,
¿habéis pescado algo? Ellos contestaron: –No. El les dijo: –Echad la red al
lado derecho de la barca y pescaréis. Ellos la echaron, y la red se llenó de tal
cantidad de peces que no podían moverla. Entonces, el discípulo a quien
Jesús tanto quería le dijo a Pedro: –¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era
el Señor, se ciñó un vestido, pues estaba desnudo, y se lanzó al agua. Los
otros discípulos llegaron a la orilla en la barca, tirando de la red llena de
peces, pues no era mucha la distancia que los separaba de tierra; tan sólo
unos cien metros. Al saltar a tierra, vieron unas brasas, con peces colocados
sobre ellas, y pan. Jesús les dijo: –Traed ahora algunos de los peces que
habéis pescado. Simón Pedro subió a la barca y sacó a tierra la red llena de
peces; en total eran ciento cincuenta y tres peces grandes. Y, a pesar de ser
tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: –Venid a comer.
... /...
Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntar: «¿Quién eres?»,
porque sabían muy bien que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan
en sus manos y se lo repartió; y lo mismo hizo con los peces. Esta fue la
tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de haber
resucitado de entre los muertos. Después de comer, Jesús preguntó a
Pedro: –Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Pedro le
contestó: –Sí, Señor, tú sabes que te amo. Entonces Jesús le dijo: –
Apacienta mis corderos. Jesús volvió a preguntarle: –Simón, hijo de
Juan, ¿me amas? Pedro respondió: –Sí, Señor, tú sabes que te amo.
Jesús le dijo: –Cuida de mis ovejas.
Por tercera vez insistió Jesús: –Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Pedro se entristeció, porque Jesús le había preguntado por tercera vez
si lo amaba, y le respondió: –Señor tú lo sabes todo. Tú sabes que te
amo.
Entonces Jesús le dijo: –Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando
eras más joven, tú mismo te ceñías el vestido e ibas adonde querías;
mas, cuando seas viejo, extenderás los brazos y será otro quien te
ceñirá y te conducirá adonde no quieras ir. Jesús dijo esto para indicar
la clase de muerte con la que Pedro daría gloria a Dios. Después
añadió: «Sígueme».
II. MEDITATIO
¿Qué me dice? ¿Qué nos dice el Texto?
Motivación:
Jesús resucitado se ha hecho
presente en medio de la vida y
misión de la Iglesia, a quien ha
recordado que debe prestar
atención a su Palabra y ponerla
en práctica.
Sólo él puede dirigir y sostener una tarea
evangelizadora que está encomendada a
toda la comunidad cristiana.
¿Escucho la voz
del Señor?
¿Dejo que
me enseñe y
me instruya?
¿A qué me invita hoy?
¿Dónde tendré que “echar” las redes de
mi vida para que la “pesca sea
fecunda”?
Si el Señor me
preguntara a mí…
¿me amas más
que éstos?...,
¿en qué y cómo justifico y manifiesto
mi respuesta?
¿De qué manera me implico y me
comprometo en la misión que el Señor
nos ha dejado en su resurrección?
¿Qué hago para que el Señor sea
cada vez más conocido y así su
proyecto se realice?
Luego de un tiempo de meditación personal, compartimos con sencillez
nuestra reflexión, lo que el texto ME dice a mi propia realidad y
situación personal.
III. ORATIO
¿Qué le digo al Señor motivado por su Palabra?
Motivación:
Como los primero discípulos, también
nosotros hemos reconocido al Señor por
su Palabra y estamos dispuestos para el
servicio misionero.
Pero nos cuesta reconocerlo en la dureza de
lo cotidiano y obedecer sus indicaciones.
Es el momento de pedirle que nunca nos
falte el pan de su Palabra y el pan de la
Eucaristía.
Luego de un tiempo de oración personal, podemos compartir
en voz alta nuestra oración, siempre dirigiéndonos a Dios
mediante la alabanza, la acción de gracias o la súplica
confiada.
Salmo 29
Te ensalzaré, Señor, porque me
has librado y no has dejado que
mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del
abismo, me hiciste revivir cuando
bajaba a la fosa.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
Cante para el Señor, fieles suyos,
den gracias a su nombre santo; nos
visita el llanto; por la mañana, el
júbilo.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
Escucha, Señor, y ten
piedad de mí; Señor,
socórreme. Cambiaste mi
luto en danzas. Señor, Dios
mío, te daré gracias por
siempre.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
IV. CONTEMPLATIO
¿Qué me lleva a hacer el texto?
Los Apóstoles exhortaban a la conversión
como exigencia necesaria para reconocer a
Cristo Resucitado y gozar del gran don de la
Resurrección: el Espíritu Santo que nos guía
en la misión.
Escuchemos la
recomendación de
Vicente a un misionero:
“Le pido a Nuestro Señor que podamos morir a nosotros
mismos para resucitar con él, que sea él la alegría de
nuestros corazones, el objeto y el alma de sus acciones y su
gloria en el cielo.
Así será si nos humillamos ahora como él se humilló, si
renunciamos a nuestras propias satisfacciones para
seguirle, llevando nuestras pequeñas cruces, y si
entregamos voluntariamente nuestras vidas, como dio él la
suya, por nuestro
prójimo, a quien él ama
tanto y quiere que
nosotros amemos como
a nosotros mismos.”
Vicente de Paul (III,584)
Oración final
Ayer estuvimos sepultados contigo,
¡Oh Cristo vuelto a la vida!
Ayer estuvimos crucificados contigo,
a causa de la predicación
de tu buena nueva.
Ahora recibimos de Ti la vida,
el poder y la gloria
y somos bendecidos por ti,
en cuyo nombre hemos anunciado,
la vida misma.
Fortifícame siempre,
Señor de la Pascua,
a los que te proclaman vivo y
reinante allí donde dominan las
sombras, la muerte,
la injusticia, el dolor.
Atrae a muchos hacia ti,
por nuestro humilde testimonio,
y otorga el gozo que no termina
a tus siervos y mensajeros
siempre amenazados por tu causa.
AMÉN
Texto de Lectio Divina: Padre César Chávez Alva (Chuno) C.ongregación de la Misión.
Power Point : Sor Pilar Caycho Vela - Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl
www.hijasdelacaridadperu.org
www.cm.peru.com.pe