CONTEMPLACION
ACCIÓN
PARA
ORAR
y VIVIR
LA PALABRA
LECTURA
PREPARACION
ORACION
MEDITACION
Hoy nosotros estamos aquí reunidos en torno al Señor
en quien creemos.
Después de recorrer muchos caminos
descubierto que sólo El merece nuestra fe.
hemos
Apoyados en Dios démosle gracias en esta Eucaristía
sabiendo que la fe es un don y un regalo del Padre.
Hoy como siempre creer es un riesgo.
No tenemos un Dios que podamos manejar a nuestro
propio antojo, y nosotros en nuestra lucha y esfuerzo
tratamos de encontrar a un dios capaz de suplirnos en
nuestros sudores y problemas.
Por otra parte hemos vivido largo tiempo adorando a un
«dios-idea», a un dios que se parecía demasiado a
nosotros, a nuestros propios intereses, como para ser algo
distinto de ellos.
Hemos sido idólatras y la búsqueda del Dios verdadero
se nos hace costosa.
Conscientes de que muchos hermanos nuestros no ven
a Dios por no encontrar amor en su camino;
... sabiendo que tenemos un tesoro escondido en vasos
de barro y que ponemos constantemente en peligro nuestra
vida por poner más fe en las cosas que en Dios,
... pidamos perdón al Padre.
Preparación
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Espíritu Santo, ven.
Necesitamos tu presencia vivificadora
para disponernos a escuchar la Palabra.
Necesitamos tu asistencia
que nos capacite para acoger esa Palabra
en el corazón.
Espíritu de esperanza, de fe en las promesas,
de paciencia y de vigilia,
haznos dóciles para hacer
lo que nos pide la Palabra.
Amén.
Lectura
¿QUÉ DICE EL TEXTO?
PRIMERA
LECTURA
«Lejos de
nosotros
abandonar al
Señor para servir
a otros dioses»
El relato del libro de Josué es una figura de la lectura
del próximo Evangelio.
La gente de Israel quiere tener ambas cosas: seguir al
verdadero Dios y, a la vez, seguir con sus falsos dioses e
ídolos.
Josué los enfrenta.
La gente debe escoger: el Dios de la Biblia e ídolos
son completamente incompatibles.
En esta elección, ¡la gente elige a Dios!
No pueden olvidar la misericordia de Dios y su
presencia en sus vidas.
La historia de Dios con el pueblo de Israel fue siempre
una historia de amor que el pueblo no entiende y
comprende,
... amor que exige al hombre «ser» y lo libera de las
esclavitudes del tener.
En este momento el Pueblo de Dios, mejor, un grupo
de nómadas, tiene que optar por un nuevo camino...
Todo depende del «sí» o del «no» dado a la Palabra
de Dios.
Lo que une a los nómadas es su fe común en el Dios
del Desierto y del Monte.
No los une la raza, ni la política, los une la fe en Dios y
el «sí» dado a la Alianza.
El pueblo eligió a Dios y comenzó el duro camino de su
historia.
Pero la fe del pueblo de Dios está sometida a prueba.
Los cananeos adoran a otros dioses que son más
fáciles, más cercanos, más útiles para el campo y más
fáciles para el egoísmo humano.
No se puede adorar a Diosy al resto de los dioses, «no
se puede servir a Dios y al dinero».
La historia, lugar donde Dios actúa, no es fácil
camino para el elegido.
SALMO
RESPONSORIAL
«Gusten y vean qué
bueno es el Señor»
«Gusten y vean qué bueno es el Señor» (v. 9): aquí los
sentidos son símbolos de la experiencia espiritual.
Se saborean las bondades que Él dispensa como si
fueran manjares exquisitos.
Dios se convierte en verdadero festín.
El gustar, disfrutar, saborear las cosas de Dios es un don
del Espíritu Santo.
Y esta delicia y este gusto se hacen realidad
especialmente en la Eucaristía.
Dios no abandona a nadie. Su protección se
extiende a todo lo que ha creado.
Cuando el afligido lo invoca, «Él lo escucha».
Basta con reconocer la propia debilidad y abrirse a
la fuerza que de Él procede.
La misión no es fácil. A menudo lleva a afrontar los
más graves peligros.
Pero en medio de ellos brilla la confianza en la
compañía de Dios.
Esto da valor para continuar en la misión, sabiendo
que el Señor «libra a los justos de todas sus
angustias».
No se puede afrentar al pobre.
Sería ir en contra del proceder de Dios en
toda la Historia de la Salvación.
Los pobres son los herederos del Reino.
Y la comunidad mesiánica es una comunidad
de pobres salvados.
Es la constante de la elección: Dios escoge lo pobre y
sencillo.
Es el cumplimiento del salmo: «si el afligido invoca
al Señor, Él lo escucha».
Por muy grande que sea nuestro sufrimiento mayor
es el ánimo que nos proporciona la unión con Dios.
Es la experiencia que nos quiere comunicar el
salmista: hay que
«gustar y ver lo bueno que es el Señor».
SEGUNDA
LECTURA
«Cristo amó a la
Iglesia y
se entregó
por ella»
El mensaje de la Carta a los Efesios es muy rico. San
Pablo compara la Iglesia con el matrimonio; el amor entre
Jesús y su Iglesia, y el amor entre marido y mujer.
Por un lado, aprendemos que no nos es posible separar a
Cristo de la Iglesia.
Por otro lado, no podemos destruir el lazo permanente
del matrimonio:
... el matrimonio es un misterio que comparte, de
alguna manera, el misterio del amor fiel de Cristo.
El camino del cristiano es una aproximación continua a la
unidad.
Unidad que nace de una entrega total siguiendo el camino
de Cristo que se entregó a la Iglesia. «Sed sumisos unos a
otros...». Dar importancia al otro, es seguir los pasos de
Cristo.
Toda unión humana, toda entrega en autenticidad, es
signo de la entrega y del amor de Dios al hombre, de Cristo
a la Iglesia.
Esta entrega de Cristo fue hasta la muerte y muerte de
cruz y la respuesta de la Iglesia debe llegar al mismo grado
de sinceridad y de amor.
Amar hasta la muerte, vivir totalmente para Aquel, que es
nuestra vida, ése es el destino de los cristianos.
Sumisión, entrega, el amor, la misión de salvar, la
donación total renovada cada día son exigencias del amor
que Dios nos tiene y deben también manifestarse en nuestro
mutuo amor y entrega
EVANGELIO
«Señor, ¿a
quién iremos?
Tú tienes
palabras de
vida eterna»
EVANGELIO DE JESUCRISTO
SEGUN SAN JUAN
R/. Gloria a Ti, Señor.
60
Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es
duro este lenguaje. ¿Quién puede
escucharlo?». 61 Pero sabiendo Jesús en su
interior que sus discípulos murmuraban por esto,
les dijo:
«¿Esto los escandaliza?
62
¿Y cuando vean
al Hijo del hombre subir adonde estaba
antes?... 63 El espíritu es el que da vida; la
carne no sirve para nada. Las palabras que
les he dicho son espíritu y son vida. 64 Pero
hay entre ustedes algunos que no creen».
Porque Jesús sabía desde el principio quiénes
eran los que no creían y quién era el que lo iba a
entregar.
65
Y decía: «Por esto les he dicho que nadie
puede venir a mí si no se lo concede el
Padre». 66 Desde entonces muchos de sus
discípulos se volvieron atrás y ya no andaban
con él.
Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También
ustedes quieren marcharse?»
67
68
Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién
vamos a ir? Tú tienes palabras de vida
eterna, 69 y nosotros creemos y sabemos
que tú eres el Santo de Dios».
Palabra del Señor.
R/. Gloria a Ti, Señor Jesús.
RE-LEAMOS LA PALABRA PARA INTERIORIZARLA
a) Contexto: Jn. 6, 1-71
Estos versículos constituyen la conclusión del cap. 6 del
Evangelio de Juan.
Este Evangelio toma la última parte del discurso de
Jesús en Cafarnaún, en el cual el Evangelista presenta su
«teología eucarística».
El les ha hablado a sus discípulos:
- sobre el valor absoluto de su liberación del pecado y la
muerte;
- sobre la vida eterna y la verdadera vida del espíritu;
- sobre su cuerpo y sangre que debemos comer y tomar
para que esta vida -su propia vida- venga a nosotros.
Esta conclusión es el culmen de todo el capítulo, porque
la Palabra nos hace ir cada vez más profundamente, más
al centro:
-desde la Multitud que aparece al principio (cfr. vv. 2240),
- a los Judíos que discuten con Jesús en la sinagoga
de Cafarnaúm (cfr. vv. 41-58),
- a los Discípulos (vv. 59-66),
- a los Doce (v. 67),
- hasta Pedro (vv. 68-69), el único que representa a
cada uno de nosotros, solos, cara a cara con el Señor
Jesús.
El objetivo es mostrar las exigencias de la fe y la
necesidad de un compromiso firme con Jesús y con su
propuesta.
Hasta aquí todo se pasaba en la sinagoga de Cafarnaún.
No se indica el lugar para esta parte final.
b) Organización del pasaje:
vv. 60-66: la discusión de los discípulos entre sí y con
Jesús
vv. 67-69: la conversación de Jesús con Simón Pedro.
c) Comentario del texto:
v. 60: En el texto de hoy, muchos discípulos reaccionan
contra sus palabras.
Su discurso es demasiado fuerte, demasiado increíble.
Pero Jesús no se retracta de Sus palabras.
El sigue insistiendo en la necesidad de confiar en El y en
sus palabras, la única fuente absoluta de verdad y vida.
Es un juicio por parte de algunos discípulos de la Palabra
de Señor y, por tanto, contra el mismo Jesús, que es el
Verbo de Dios.
Dios no es considerado como un Padre bueno, sino
como un patrono duro (cfr. Mt. 25, 24), con el cual no es
posible dialogar.
«Es
duro este
escucharlo?» (v. 60).
lenguaje:
¿quién
puede
¿Es, de verdad, dura la Palabra del Señor, o es duro mi
corazón que solamente sabe encerrarse en sí mismo y no
quiere escuchar?
¿Por qué no es dulce para mí la Palabra del Señor, más
que miel en mi boca (Sal. 119(118), 103)?
¿Por qué no me gusta conservarla en el corazón (Sal
119(118), 9. 11. 57), y recordarla día y noche?
¿Por qué no es mi lámpara, aún encendida cuando llega
la noche, y no es luz que ilumina mis noches y la lámpara
para todos mis pasos (Sal. 119(118), 105)?
vv. 61-62: «Pero sabiendo Jesús en su interior…».
El Señor nos conoce en lo más profundo, Él sabe, Él
escruta, Él nos ha creado (Sal 139(138)), nos ha elegido
desde toda la eternidad (Pv. 8, 23).
Conoce nuestro corazón y sabe lo que hay dentro de
cada hombre (Jn. 1, 48; 2, 25; 4, 29; 10, 15).
Pero, ante su mirada, ante su voz que pronuncia nuestro
nombre, ante su venida a nuestra vida, ante su llamar
insistente (cfr. Ap. 3, 20), ¿cómo reaccionamos nosotros?
¿Qué decisiones tomamos?
¿Qué respuesta ofrecemos?
¿Tal vez comenzamos a murmurar, también nosotros, a
traicionarlo, a alejarnos y a olvidarlo?
vv. 63-65:
Jesús desenmascara la incredulidad y la dureza de
corazón de sus discípulos y revela sus misterios de
salvación: su Ascensión al cielo, la venida del Espíritu
Santo, nuestra participación en la vida divina.
Estos misterios solamente pueden ser comprendidos a
través de la sabiduría de un corazón dócil, capaz de
escuchar, y no con la inteligencia de la carne.
«El espíritu es el que da vida».
Nos colocamos en presencia del Espíritu y evocamos a
aquéllos personajes de la Biblia que confiaron plenamente
su existencia a la obra del Espíritu Santo.
¿Nos acercamos a la Virgen María: «He aquí que el
Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo
te cubrirá con su sombra» (Lc 1, 35)?;
... pero ¿sabemos repetir con fuerza, o junto con Ella,
con convencimiento: «Que se cumpla en mí tu Palabra»
(Lc 1, 38)?
Si el Espíritu Santo es el que la da vida, nuestro ser, vivo
o muerto, depende de él, de su presencia en nosotros, de
su acción; quizás deberíamos profundizar e intensificar la
relación con el Espíritu de mi Señor…
v. 66:
Este texto del Evangelio muestra uno de los momentos
más críticos de la vida pública de Jesús.
Su verdad divide a los discípulos, y aquéllos que lo
seguían por razones ambiguas se retiran.
Es la primera gran traición por parte de muchos
discípulos que no han sabido aprender la gran ciencia de
Jesús.
En vez de volver la mirada al Maestro, le vuelven la
espalda; interrumpen de este modo la comunión y no van
ya más con Él.
El vocabulario de Jesús es demasiado fuerte.
Su luz no es de las que se acostumbran a utilizar entre
los hombres, luces tamizadas de miles de engaños.
Por eso, muchos abandonan a Jesús.
El largo camino hacia la cruz va reduciendo el grupo de
Jesús, que a medida que se entrega, se va quedando
más solo.
vv. 67:
Al final, Jesús necesita la seguridad de sus Apóstoles,
aunque El también esté listo a perderlos, en caso de que
ellos compartan las dudas de los discípulos que se retiran.
Jesús habla con los Doce, sus más íntimos, y los coloca
ante la elección definitiva, absoluta: permanecer con Él
o marcharse.
Pedro responde por todos y proclama la fe de la
Iglesia en Jesús como Hijo de Dios y en su Palabra, que
es la verdadera fuente de la Vida.
v. 68-69:
Y Pedro responde a nombre de todos ellos, y responde
bien: «Señor, ¿a quién iríamos? Estamos
convencidos de que eres el Santo de Dios».
Estas palabras son en realidad una oración.
Nosotros también debemos aprender de ellas y rezar con
ellas; ellas expresan nuestra fe en Jesús.
Asimismo, son aplicables a la Iglesia.
Las podemos usar también para expresar nuestra
creencia, que , a pesar de todo, creemos en la Iglesia
como el lugar de la Palabra y Vida de Jesús.
Conclusión:
En estos pocos versículos Juan nos habla de un misterio
muy bello y profundo que él encierra en los verbos «ir»
«venir», referidos a Jesús.
Comprendemos ahora que nuestra vida encuentra su
sentido verdadero, su razón de ser, de continuar cada día,
justo en relación a este movimiento de amor y de
salvación: «Venir a mi» (v. 65), «no iban ya más con
él» (v. 66), «¿quieren irse?» (v. 67), «¿a quién
iremos?» (v. 68).
La pregunta de Pedro, que en realidad es una
afirmación fortísima de fe y de adhesión al Señor
Jesús, significa esto: «¡Señor, yo no iré a
ningún otro, sino solamente a ti!»
... ¿Es así nuestra vida?
...
¿Sentimos en
apasionadas?
nosotros
estas
palabras
Respondamos cada día, en cada momento, en las
situaciones más diversas de nuestra vida, en nuestro
ambiente, delante de las personas, a la invitación que nos
hace Jesús personalmente:
«¡Vengan a mí! ¡Ven a mí!¡Síganme!»
¿A quién vamos nosotros?
¿Hacia dónde corremos?
¿Qué pasos estamos siguiendo?
Meditación
¿QUÉ NOS DICE ELTEXTO?
Creer no es fácil
Creer en Dios hoy es difícil.
Hay tantas cosas que nos ofrecen apoyo en el camino,
que nos cuesta trabajo el comprender que ninguna podrá
sostenernos.
Nuestros mercados están llenos de cosas y nos han
engañado diciéndonos que el problema de nuestra vida es no
«tener», cuando en realidad nuestro problema es «ser».
Dios no da respuesta en el orden del tener, sino que es la
respuesta única que da sentido a nuestra vida.
La fe o es llenar nuestro cerebro de «verdades»;
creer es dar un sí apasionado y total a la única razón de
nuestra existencia, a Jesús.
Perdemos la fe en Él que todo lo da y creemos en los que
todo nos lo quitan, y sobre todo en los ídolos que con bocas,
manos y pies caminan robotizados entre inciensos de
imbéciles;
... pero caminos por la vida sin corazón, sin sangre y sin
alma.
Tenemos seca la garganta de gritar a seres de polvo,
que no pueden salvar.
... Luchamos por cosas creyendo que dan vida y lo
único que en ellas encontramos es la muerte.
En un mundo de egoísmo es difícil el creer en las
locuras del Amor.
Nosotros, como los apóstoles y los cercanos de Jesús,
sentimos el mismo escándalo, la misma tentación; pero
hoy también suena la voz sencilla y dura de Pedro:
«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes
palabras de vida eterna».
Creemos como ellos en Jesús y nuestra fe es don del
Padre;
... no somos nosotros los que por nuestra virtud y fuerza
tenemos más luz en los ojos;
... la fe es puro don y regalo de Dios (Jn. 6, 37-40,
44; Mt. 16, 17).
Creer no es comprender...
...Es arriesgarse y comprometerse;
... pues estamos en buenas manos y sabemos en quién
hemos depositado nuestra confianza: JESÚS.
No nos gusta Dios
Nuestros ojos cargados de cosas -y cosas hermosas- no
saben mirar a la profundidad y la hondura donde surgen
las grandes preguntas del sentido de nuestra existencia.
No es Dios quien se aleja... somos nosotros los que nos
alejamos de él,
... los que construimos murallas infranqueables de
egoísmo,
... los que evitamos citarlo en nuestra conversación y
vivirlo en nuestra vida,
... pues los tiempos son malos y es más vistoso hablar
de la «muerte de Dios».
El problema no es la muerte de Dios, sino la muerte
del hombre doblado y empequeñecido ante las obras de
sus manos.
No nos gusta Dios, que cada día nos abre horizontes
nuevos, y que nos empuja a amar y a dar la vida.
Preferimos lo acostumbrado, lo estable
... y Dios es fuego, que nos funde y transforma.
No somos nosotros los que dejamos el mundo en las
manos de Dios;
... El es Él que ha dejado el mundo en nuestras manos
para que hagamos una morada digna de los hijos de Dios.
Nuestro Dios es exigencia
...y nosotros buscamos la comodidad.
Nuestro Dios dice que los otros, nuestros hermanos,
existen y nos llaman,
... y nosotros preferimos la vida egoísta y cerrada.
Hemos descubierto que Dios no es precisamente
tranquilidad y descanso
... y huimos.
El Señor camina delante de nosotros en el largo camino
de la historia y nos obliga a soñar y a fabricarnos un
mañana.
En la Escuela de Jesús
Esta Palabra del Domingo nos invita y compromete a
detenernos, sobre todo, en la figura del discípulo
... y dejarnos interrogar, retar, como si nos pusiéramos
delante de un espejo en el cual vemos reflejada la verdad
de de nuestro ser y de nuestro obrar.
Entonces, cada uno se pregunta: ¿Qué clase de
discípulo soy yo?
¿Trato de aprender cada día en la escuela de Jesús, de
recibir su enseñanza, que no es doctrina de hombres, sino
sabiduría del Espíritu Santo?
La única ciencia verdaderamente necesaria es la
relación de amor con el Padre, la vida con Él.
Pero, ¿quién es nuestro Maestro?
¿Somos también del grupo de discípulos que continúan
preguntando a Jesús: «Señor, ¡enséñanos a orar!» (Lc. 11,
1) ...
... o de aquéllos que caminan detrás de Él a lo largo de
los caminos de la vida e insisten en preguntarle:
«Maestro, ¿dónde vives?» (Jn 1, 39), impulsados por
el deseo de permanecer con Él?
También podemos ser como María Magdalena, que
continúa repitiendo aquel nombre, incluso después de las
terribles experiencia de muerte y de aniquilación:
«¡Rabbuni!» (Jn. 20, 10). ?
Subrayemos los verbos que Juan refiere a los
discípulos:
- «después de haber oído» (v. 60),
- «murmuraban» (v. 61a),
- «¿Esto los escandaliza? (v. 61b)»,
- «no creen» (v. 64),
- «se volvieron atrás y ya no andaban con Él»
(v. 66).
Los meditamos uno por uno, los rumiamos, los
repetimos, los ponemos en relación con nuestra vida…
La Palabra del Señor
y la relación de amor con ella
En este fragmento Juan me presenta la Palabra del
Señor como punto de encuentro, lugar de cita con Él;
... me percato que ella es el lugar de la decisión, de las
separaciones cada vez más profundas de mi corazón y de
mi conciencia.
Me doy cuenta de que la Palabra es una Persona, es el
mismo Señor, presente delante de mí, entregado a mí,
abierto a mí.
Toda la Biblia, página tras página, es una
invitación, dulce y fuerte al mismo tiempo, al
encuentro con la Palabra,
... a conocer a la Novia, a la Esposa, que es
la Palabra que sale, como un beso de amor, de
la boca del Señor.
Hace falta la escucha del corazón, del alma
(Sal. 94, 8; Bar. 2, 31);
... hace falta la obediencia de los hechos, de
toda la vida (Mt. 7, 24-27; St. 1, 22-25);
... hace falta una decisión verdadera y decidida
que me haga preferir la Palabra del Señor hasta
tenerla por hermana (Pr. 7, 1-4) o como esposa
en mi casa (Sb. 8, 2).
La murmuración y la cerrazón del corazón
¡Es la más grande de las sinrazones!
En el libro del Éxodo, de los Números o en los Salmos,
encuentro que el Pueblo del Señor llora, se lamenta, se
enfada, murmura, se cierra en sí mismo, se va, muere (Ex.
16, 7ss; Nm. 14, 2; 17, 20ss; Sal. 105, 25);
... un pueblo sin esperanza y sin vida.
Comprendo que esta situación se crea cuando no hay
ya diálogo con el Señor,
... cuando se ha roto el contacto,
... cuando, en vez de preguntarle y de escucharlo,
permanece en mí solamente la murmuración:
... esta especie de zumbido constante dentro del alma,
en los pensamientos, que me hace decir: «¿Podrá el
Señor preparar una mesa en el desierto?» (Sal.
78(77), 19).
Si murmuramos contra nuestro Padre,
... si dejamos de creer en su Amor hacia
nosotros, en su ternura que nos colma de todo
bien,
... permanecemos sin vida, sin alimento
para el camino de cada día
Oración
¿QUÉ LE DECIMOS NOSOTROS
A DIOS?
Bendito seas, nuestro Dios y Señor,
que permaneces inmutable y fiel
en medio de nuestra pobreza
y nuestras dudas.
Ayudados por tu Espíritu creemos en Ti ,
y confesamos tu bondad y tu gloria.
Te damos gracias, Señor, por el don de la fe.
Porque nos has elegido
antes de que nosotros pudiéramos elegirte.
Nosotros queremos creer en Jesús,
aunque su modo de hablar resulte inaceptable
a nuestra comodidad, a nuestro miedo,
a nuestro deseo de dominio y bienestar.
Pero necesitamos tu ayuda
también para creer.
Envíanos, Padre, el Espíritu que da vida,
para que ilumine nuestras decisiones
y nos mantenga fieles.
Que él confirme nuestra fe.
Acepta nuestra fe vacilante;
haz que no nos volvamos atrás
ante los criterios opuestos
del mundo en que vivimos.
Confirma a tu Iglesia en la fe y en la unidad.
Te pedimos por aquellos cristianos
que, ante la exigencia
de la palabra liberadora de Jesús,
renuncian a seguirlo: ayúdalos.
Por todos los que siguen
luchando con sus dudas.
Por los que buscan
palabras de verdad y de vida
en medio de tanta palabra de mentira.
Acuérdate de los que, guiados por la fe,
han hecho opciones
comprometidas en su vida;
que no les falte la luz
y la fuerza de tu Espíritu.
Acuérdate de los que, creyentes o no,
viven y mueren
por la redención de los humildes.
Padre de todos, que tu Hijo, cuando vuelva,
encuentre fe y amor en este mundo.
Con El empezará una nueva tierra,
donde podremos alabarte y darte gracias
en la comunidad de todos los salvados
y en la unidad del Espíritu de amor
por los siglos de los siglos.
Amén.
Contemplación
Acción
¿QUÉ NOS PIDE HACER LA
PALABRA?
Recorrer un camino
Dios, en un mundo donde todo se mide por la
utilidad, es necesariamente desechado.
Dios no puede ser utilizado.
El interviene en la historia humana empujándonos
a servir y a dar la vida, y tampoco esto es
demasiado agradable.
Además Él guarda silencio, un silencio pesado y
agobiante que no rompe ni ante la blasfemia, ni ante el
aplastamiento del hombre...
Creer hoy es recorrer un camino penoso que sube y
nos aleja de todo lo que la mayoría de los mortales adoran.
Creer no es un sí a un sistema de verdades; sino una
entrega a Aquél que puede salvarnos.
Para orar y vivir la Palabra:
«Bendigo al Señor en todo momento»
Yo quiero, como el salmista,
bendecir al Señor a todas las horas.
Quiero hacer de mi alma
un pequeño monasterio
donde mi alabanza a Ti
no cese ni de día ni de noche.
A esta bella tarea nos invita también
tu apóstol cuando nos dice que
"debemos orar en todo tiempo".
Yo no puedo hacer esa oración
si no es porque el mismo Espíritu Santo
ora dentro de mí.
Haz, Señor, que toda mi vida
esté acompasada al ritmo de tu Espíritu.
Relación con la Eucaristía
El amor del Padre nos atrae hacia la Eucaristía para que
encontremos en el Hijo, que nos salva por su entrega y
donación, «palabras de Vida Eterna».
Comulgando la Pascua del Hijo, permanecemos en el
seguimiento y no abandonamos la marcha...
¿A quién iremos?... Al Señor y Salvador que se entrega
para darnos Vida.
Algunas preguntas
para meditar durante la semana
1. Mi fe sufre, de vez en cuando, momentos críticos.
¿Cuál es mi reacción?
2. ¿Es Jesús mi Maestro, más que cualquier otro maestro
humano?
3. ¿Veo a la Iglesia, como la única y verdadera Maestra
de religión?
María,
MUJER EUCARÍSTICA,
ruega por nosotros.
«Para ofrecer bien una Eucaristía,
se necesitan tres eternidades:
una para prepararla,
otra para celebrarla
y una tercera para dar gracias»
«El abismo de mis miserias
atrajo el abismo
de su Misericordia»
19
de
Agosto
Fundador de la Congregación de Jesús y María (CJM)
PADRES EUDISTAS
P. Carlos Pabón Cárdenas, CJM.
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