Mateo 5, 13-16. 5 Tiempo Ordinario A.
Autora: Asun Gutiérrez.
Música: Beethoven. Himno a la Alegría.
Se trata de que uno organice su vida de manera que,
en el ambiente en el que viva y entre las personas con quienes conviva,
haga todo lo que esté a su alcance para que los demás se sientan bien,
vivan en paz, convivan a gusto y, sobre todo, sean personas tan felices
que la alegría se transparente a todas horas en sus rostros.
Sueño con un mundo más soportable y una vida más llevadera.
El mundo y la vida que hacen los que, en cualquier caso,
consiguen que los demás se sientan mejor cada día.
La felicidad se contagia, es decir, el que es feliz,
hace felices a los que le rodean y conviven con él.
La capacidad de contagiar felicidad es determinante
para quien quiere hablar de Dios.
José María Castillo
“Espiritualidad para insatisfechos”
El texto es continuación de las bienaventuranzas.
No es un mensaje para que un grupo se sienta privilegiado o superior a [email protected] demás.
Son palabras dirigidas a [email protected] [email protected] [email protected]
Jesús emplea el símil de la sal, que actúa disolviéndose y sin ser vista, para definir la
misión de [email protected] [email protected] que quieran seguirle. Lo que significa que la Buena Noticia se
ha de anunciar con gracia y “salero”, para dar buen gusto a la vida de [email protected] demás.
Quien opta por los valores del Reino aporta el sabor del Evangelio a la sociedad en la
que vive.
Vosotros sois la sal de la tierra
pero si la sal se desvirtúa, ¿con qué se salará? Para nada vale ya, sino para
tirarla fuera y que la pisen los hombres.
Jesús avisa del peligro de volverse [email protected] e insí[email protected], ¿por rutina, por miedo,
por incoherencia, por...?, y desvirtuar la fuerza del Evangelio.
La misión no consiste solo en anunciar un mensaje, sino en transformar el mundo
para que la convivencia humana tenga mejor sabor.
¿Somos realmente [email protected] [email protected] estímulo y signo eficaz de un mundo distinto,
menos egoísta, más solidario, más alegre, más feliz?
¿Nuestra “sal” tiene fuerza, sabor y vigor evangélico?
¿Nos distinguimos [email protected] [email protected] por ser personas felices? ¿En qué se nota?
Vosotros sois la luz del mundo.
El Espíritu de Jesús es la luz que ilumina y capacita para hacer más clara la vida de
las personas, para ser más transparentes y limpios [email protected] [email protected] para con [email protected] [email protected]
La fe, la apertura al Espíritu, es la única luz que nos puede hacer vivir todo de
manera nueva, renovada y renovadora: la vida y la muerte, la convivencia, la soledad,
la alegría, las dificultades, el trabajo, la fiesta...
No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Tampoco
se enciende una lámpara para taparla con una vasija de barro; sino que se
pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la
casa.
Quien vive el espíritu de las bienaventuranzas, despegad@ del dinero, con hambre
de que el mundo sea justo, con corazón compasivo y transparente, trabajando por la
paz y la justicia, y estando dispuest@ a luchar por todo ello, contagia, no puede
ocultar su propia felicidad y el bienestar que crea a su alrededor. Como Jesús.
Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que, al ver vuestras
buenas obras, den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
Jesús nos invita a hacer visible con nuestra vida la fuerza transformadora del
Evangelio.
Es sal y luz quien hace presente en el mundo al Dios del reino y el reino de Dios.
Se da un testimonio gustoso (sal) y luminoso (luz) cuando se practica la solidaridad
y la justicia, se comparte el pan, se trata de defender la dignidad de las personas...
El testimonio es el que convence y hace vislumbrar la cercanía y la bondad de Dios.
Como la tierra eres necesaria.
Como el fuego sustentas los hogares.
Como el pan eres pura.
Como el agua de un río eres sonora.
Hoy, alegría, encontrada en la calle,
lejos de todo libro, acompáñame:
contigo quiero ir de casa en casa,
quiero ir de pueblo en pueblo,
de bandera en bandera.
No eres para mí solo.
A las islas iremos, a los mares.
¡Contigo por el mundo!
¡Con mi canto!
¡Con el vuelo entreabierto de la estrella,
y con el regocijo de la espuma!
Voy a cumplir con todos
porque debo a todos mi alegría.
No se sorprenda nadie porque quiero
entregar a los hombres los dones de la tierra,
porque aprendí luchando
que es mi deber terrestre
propagar la alegría.
Y cumplo mi destino con mi canto.
Pablo Neruda
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