La misión
–anunciar el Reinoes la esencia
del seguimiento de Jesús.
Marcos 6, 7-13
15 domingo Tiempo Ordinario –B12 julio 2009
7 Llamó
a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre
los espíritus inmundos.
[email protected] somos [email protected] e [email protected] a echar los espíritus inmundos
del cansancio, crispaciones, tristezas, cobardías... , mostrando
que la felicidad es estar [email protected] en Jesús, en su Palabra, en su Vida.
8 Les
ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un
bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero en la faja. 9 Que calzaran
sandalias, pero que no llevaran dos túnicas.
La austeridad y la pobreza que quiere Jesús requiere no acumular
"bastones, dinero, sandalias ni túnicas“, sentirse más [email protected] que
[email protected], sin buscar seguridades ni prestigios humanos.
La pobreza y el desinterés es un lenguaje que convence y que todo el
mundo comprende. Confiar en los propios medios, en el propio equipaje
más que en la fuerza del mensaje, hace perder credibilidad.
10 Les
dijo además:
–Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de aquel
lugar. 11 Si en algún sitio no os reciben ni os escuchan, salid de allí y sacudid el
polvo de la planta de vuestros pies, como testimonio contra ellos
No se sigue a Cristo porque haya prometido éxitos y aplausos fáciles, sino
por el convencimiento de que hoy y siempre la vida que él ofrece es la
verdadera liberación y la puerta de la felicidad auténtica.
12 Ellos
marcharon y predicaban la conversión. 13 Expulsaban muchos
demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
Lo que nos toca a [email protected] es anunciar y construir el Reino. Si seguimos a
Jesús en nuestra vida de cada día, iremos haciéndonos más [email protected],
transformando y mejorando nuestro entorno y el de [email protected] demás.
Te doy toda mi persona
Te doy mis manos para hacer
tu obra.
Te doy mis pies para andar
tu camino.
Te doy mis ojos para ver como
Tú ves.
Te doy mi boca para decir
tus palabras.
Te doy mi espíritu para que
Tú ores en mí.
Te doy mi corazón, para que
puedas amar en mí al Padre
y a toda la humanidad.
Te doy toda mi persona,
para que puedas crecer en mí,
de manera que seas Tú quien
viva y actúe y ore en mí.
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