“Ningún criado puede servir a dos señores.
No podéis servir a Dios y al dinero”
Lc 16,8-13
El evangelio de hoy nos presenta la parábola
del administrador astuto.
Pero él se apresura
a rebajar las cantidades que los deudores deben
a su amo para asegurarse amigos cuando
se encuentre sin trabajo.
No se felicita
al administrador
por estafar a su amo.
Sino por la astucia de la que hace gala.
Una astucia para el mal
que Jesús quisiera
que los hijos de la luz
aplicaran para el bien.
Ante el administrador astuto
su amo descubre
que las riquezas no lo son todo
y le alaba por la lección que le da.
El amo ha aprendido que el dinero no es el fin en sí mismo
y puede orientarse al servicio de la persona.
No caben dos absolutos.
Esa es la primera convicción de todo creyente.
Frente al primer absoluto, el otro es ya relativo.
Sólo podemos adorar a quien nos da la libertad.
El dinero es útil para
asegurarse unas condiciones
aceptables de vida.
Lo malo es cuando este medio
se convierte en fin por sí mismo.
Cuando sirve para esclavizar
a los demás.
Señor Jesús,
sabemos que tú no
tenías donde reclinar
la cabeza.
Te pedimos perdón
por nuestra avaricia.
Y la sabiduría para
convertir en
humanas nuestras
estructuras
económicas. Amén.
José Román Flecha Andrés
Palabra del Señor, Salamanca , Editorial.Secretariado Trinitario,2007
Presentación:
Antonia Castro Panero
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El Hijo Amado