LA IDENTIDAD PERSONAL
Amín Maalouf (1999) “ Identidades Asesinas”.
Dice: es necesario hacer un “examen de
identidad”.
Resulta asombroso que unas personas
maten a otras por motivos de raza, lengua,
religión, sexo, cultura... Lo cierto es que
una forma de vivir fanáticamente la
identidad nos conduce al exterminio de
los que no son como nosotros.
¿CON QUÉ RASGOS NOS DEFINIMOS?
¿QUÉ ES NUESTRA IDENTIDAD?
En términos genéricos podríamos decir que
es “aquello que nos permite diferenciarnos
de cualquier otro”.
Los componentes de la identidad son:
Adquiridos.
Incluso los innatos están condicionados
por la cultura y por la historia.
No es igual nacer negro en Tanzania que
en Suiza.
No es igual nacer mujer en Noruega que
en Argelia.
•
Múltiples. Tenemos múltiples pertenencias.
 Diversos. No todos tienen la misma naturaleza,
importancia o jerarquía.

• Cambiantes. Evolucionan debido a
movimientos culturales, a acontecimientos
significativos.
• Tienen diferente combinación. No es una
yuxtaposición de pertenencias autónomas.
Es un dibujo sobre la piel tirante: basta tocar
una sola de esas pertenencias para que vibre
la persona entera.
Cada individuo es:
ÚNICO
IRREPETIBLE
IRREEMPLAZABLE
COMPLEJO
DINÁMICO
Las diferencias de personas puede ser entendida y
vivida como una riqueza o una carga.
Respeto o discriminación
Algunas veces atribuimos a cada persona (en
función de uno de sus rasgos) una forma de ser y de
actuar como si la compartiese con todos los que lo
poseen:
- “Los negros han incendiado...”
- “ Los chilenos se han opuesto...”
- “Los porteños son agrandados...”
- “Los gallegos son brutos...”
La identidad de cada uno está fraguada
en la amalgama
de todas las pertenencias.
Los demás, como un espejo,
nos devuelven la imagen
de nuestra identidad.
Somos, de alguna manera,
como los demás nos ven,
como nos vemos en ellos.
Theodora Markovitch decidió cambiarse el nombre.
Pasó a llamarse Dora Maar. Criada en Buenos Aires desde los
tres a los 19 años, vivió en un ambiente hostil de padres
distanciados.
Apasionada por la fotografía, quiso ser ayudante de Man Ray,
pero éste la rechazó.
Paul Eluard la presentó a Picasso quien la pintó muchas veces
siempre con un rictus grave, entre amargo y desesperado.
Poseía una voz fuerte, elegante y segura que provocaba el
embeleso .Mantuvieron una relación compleja. En 1946,
después de diez años de disputas y amarguras, Françoise
Gilot la reemplazó en el corazón del artista.
Ella decidió retirarse del mundo, destruida y melancólica
(“Después de Picasso, sólo Dios”, dijo), y se convirtió en una
ermitaña que falleció medio siglo más tarde, en 1997.
Retrato de “Dora Maar au chat”, de
Picasso se remató en 95,2 millones
dólares en Nueva York en una subasta
organizada por la firma Sotheby’s.
La obra que muestra a una de las
amantes y musas más importantes del
artista malagueño alcanzó el segundo
mayor precio para la subasta de una de
sus pinturas.
De tu rostro purísimo y resplandeciente
surge una luz silenciosa
que todo lo desnuda, descubre
paraísos y mares de ceniza,
oculta sombras con su bella campana
y vuela como un pájaro.
Olvidar tu rostro es ahogar el corazón,
tratar de ignorarlo es vivir
a ciegas, dando tumbos;
no es necesario volver a decir
que tu rostro nos promete un reino
en un universo inmóvil y destruido.
OSCAR ACOSTA
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