2, 13-17
Jesús tomó consigo
a Pedro, a Santiago
y a su hermano Juan,
y se los llevó aparte
a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos.
Y aparecieron Moisés y Elías
que conversaban con él.
2, 13-17
2, 13-17
¿Dónde está Dios?
2, 13-17
Buscamos y no terminamos de encontrarlo.
Dios se esconde siempre
tras “ la nube del no saber”.
También los otros nos preguntan con frecuencia
dónde está nuestro Dios.
Nos desafían porque :
• Nos ven demasiado crédulos
y poco eficientes en la vida.
• Nos consideran demasiado alienados
de las responsabilidades de este mundo.
• Como si la adoración de un Dios del cielo
nos alejara de las demandas de este suelo.
• No nos encuentran convencidos
de la bondad y la santidad del Dios
que decimos adorar.
• Nos presentamos como abandonado
en nuestro dolor por un Dios
en el que decíamos
tener la confianza.
2, 13-17
“Maestro,
¡qué bien se está aquí!”.
Ante las mil palabras
que nos confunden
comprendemos que
el silencio es elocuente.
El silencio de Dios
es la única palabra
que da vida.
“Maestro,
¡qué bien se está aquí!”.
Ante las tentaciones de poder y de prestigio que nos
asaltan, hay que valorar la cercanía del Señor
y la participación en su destino.
“Maestro,
¡qué bien se está aquí!”.
Ante las satisfacciones
que se nos ofrecen,
descubrimos que la
felicidad no está en algo
sino en alguien.
En Alguien que es
nuestra luz y paz.
“Maestro,
¡qué bien se está aquí!”.
Señor Jesús que, transfigurado en el monte,
nos muestras tu gloria de Hijo de Dios, enséñanos
a descubrir el camino de la cruz que nos revela
la majestad de tu luz. Amén.
José Román Flecha Andrés
DIOS CON NOSOTROS–Salamanca
Presentación: Antonia Castro Panero
Música: Monjes de Silos,Spiritus Domini
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El Hijo Amado