Himno al Señor rey
V. 1: Comienza según la fórmula clásica invitando a
la alabanza y enunciando el motivo.
V. 2: Las victorias de Dios son acciones salvadoras
en la historia: el brazo de Dios se manifiesta con
poder irresistible. Y la victoria, ganada para salvar a
un pueblo escogido, es revelación para todas las
naciones; porque es una victoria justa, es decir,
salvadora del oprimido y desvalido.
V. 3: Esta victoria histórica no es un hecho particular,
sino un punto en una línea coherente de amor: el
Señor es fiel a sí mismo, se acuerda de su fidelidad.
Su amor por Israel es revelación para todo el mundo.
VV. 4-6: Segunda estrofa: intermedio orquestal con
aclamaciones del pueblo al Señor Rey.
VV. 7-8: En la tercera estrofa la naturaleza es
invitada a la alabanza.
VV. 8-9: El salmo culmina en la venida del Señor a
establecer su reino en la tierra: un reino de justicia y
rectitud.
1. CON ISRAEL
No olvidemos nunca que el sentido original de los salmos es aquel querido y orado por el
pueblo de Israel. Este es un "salmo del reino": una vez al año, en la fiesta de las Tiendas
(que recordaban los 40 años del Éxodo de Israel, de peregrinación por el desierto),
Jerusalén, en una gran fiesta popular que se notaba no solamente en el Templo, lugar de
culto, sino en toda la ciudad, ya que se construían "tiendas" con ramajes por todas
partes... Jerusalén festejaba a "su rey". Y la originalidad admirable de este pueblo, es
que este "rey" no era un hombre (ya que la dinastía Davídica había desaparecido hacía
largo tiempo), sino Dios en persona. Este salmo es una invitación a la fiesta que
culminaba en una enorme "ovación" real: "¡Dios reina!", "¡aclamad a vuestro rey, el
Señor!
2. CON JESÚS
Habiendo leído el salmo en su sentido "literal", tal como Israel lo leía, es necesario en un
segundo tiempo, leerlo a la luz del "acontecimiento Jesucristo"... Decirlo en nombre de
Jesucristo y con sus sentimientos, y la oración que encontraba en él para luego
aplicarlos a su misión en los designios del Padre.
3. CON NUESTRO TIEMPO
¡Vamos, no lo dudemos. Dejémonos "invitar" a la fiesta! ¡Vamos! Saquemos todos los
instrumentos, trompetas, bocinas, guitarras, panderetas, flautas... Y nuestras voces y
aplausos. ¿Hay personas que se escandalizan por la "alegría" y el "ruido" que hacen los
muchachos de hoy en sus fiestas? Hay un tiempo para la oración silenciosa. Sí. Hay un
tiempo para la meditación y la oración íntima. ¡Sí. Pero hay también un tiempo para la
oración de aclamación!
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad:
tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.
Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud.
CANTICO DE VICTORIA
EI Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia
Creo en tu victoria, Señor, como si ya hubiera llegado, y lucho por ella en el campo de batalla
como si aun hubiera que ganarla con tu poder y mi esfuerzo a tu lado. Esa es la paradoja de mi
vida: tensión a veces, y certeza siempre. Tú has proclamado tu victoria ante el mundo entero, y
yo creo en tu palabra con confianza absoluta, contra todo ataque y toda duda. Tu eres el Señor,
y tuya es la victoria. Sin embargo, Señor, tu tan anunciada victoria no se deja ver todavía, y mi
fe está a prueba. Ese es mi tormento.
Proclamo la victoria con los labios y lucho con las manos para que venga. Celebro el triunfo y
me esfuerzo porque suceda. Creo en el futuro y sudo en el presente. Me regocijo cuando
pienso en el ultimo día y me echo a temblar cuando me enfrento a la tarea del día de hoy. Sé
que pertenezco a un ejercito victorioso, que al final, acabará por derrotar a toda oposición y
conquistar todo el mundo.
Robustece mi fe y abre mis ojos para hacerme ver que tu victoria ya ha llegado, aunque quede
velada bajo apariencias humildes que ocultan la gloria de toda realidad celestial mientras
seguimos en la tierra.
Entre tanto, gozo viendo en sueño y profecía la victoria final que te devolverá la tierra entera a
ti que la creaste. Entonces todos lo verán y todos entenderán; la humanidad se unirá, y todos
los hombres reconocerán tu majestad y aceptarán tu amor. Ese día es ya mío, Señor, en fe y
esperanza.
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Padre lleno de amor, que te acordaste de tu misericordia
y tu fidelidad en favor de la casa de Israel, haciendo
maravillas y dándole la salvación, haz que sepamos
vitorearte y tocar en tu honor, y revela también a las
naciones tu justicia, para que también los confines de la
tierra te aclamen como Rey y Señor.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
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SALMO 97 - Ciudad Redonda