Todo escritor narra acontecimientos que ha vivido, que
han vivido otros o aquellos que nacen de su imaginación.
En el caso de esta poesía, penosamente admito que toda
ella, excepto la última línea es experiencia vivida por mí y
sin ninguna exageración.
La he escrito en nombre de miles de mujeres que se
acostumbran al dolor moral y no reaccionan.
En buena cuenta, para que no sufran lo que yo sufrí.
Y para que sepan que una sí se recupera y sale adelante
mejor que nunca cuando se libra del Síndrome de
Estocolmo y cesa de ser masoquista
Pedro o como sea
que te llames
me quitaste mi tiempo
y mi mejor edad
y hace años ya que tu
cuerpo es tan solo
una sombra en mi
cama.
Si te pidiera que me
abraces
aunque sea una vez
como la primera vez
tu burla sería igual de
terrible que las
palabras que me
encarcelaron a ti
esas que desdibujaron
mi identidad
¿ recuerdas'?
Loca, inútil, gorda,
descarada
no, no voy a repetir la de
cuatro letras
porque era tan , tan común
y tan baja como injusta.
Y aún así yo te quería.
Aún así pensaba que si te
daba
más amor tú
cambiarías.
Te justificaba
ante mí y ante terceros.
Nunca entenderé
el porqué me hiciste tanto daño.
Ni porqué me odiabas.
Ni porqué yo seguía a tu lado
soportando indiferencia o martirio.
Hasta que te fuiste.
Simplemente me dejaste y
sin ninguna explicación.
Ni siquiera porque hubiera otra.
Te fuiste de mí
y lo más lejos posible.
Y
para que mi llanto
no incomodase tus
oídos
me enviaste lejos a
mí también
al exilio,
lejos de mi hijo
lejos de mis
poquísimas amigas.
No sé porqué te
disgustaban ellas
también.
Total, ni venían
porque les inspirabas
miedo.
Además Pedro, vives
muy bien sin mí.
Yo creía que no
podría vivir sin ti
y tuve que aprender a
hacerlo.
Ya estoy vieja
y me siento muy
cansada
pero Pedro, dime:
¿Qué hago con este
amor
que aún siento por ti?
Disenio - Asgraphic – Alex Segal – Modiin - Israel
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