DOMINGO 14º del Tiempo Ordinario - Ciclo B
La gente que lo oía se preguntaba asombrada: … ¿ no es éste
el carpintero, el hijo de María…? Y desconfiaban de él.
Jesús les decía: - No desprecian a un profeta más que en
su tierra. Entre sus parientes y en su casa. ( Mc 6, 1-4)
“ Te hagan caso o no te hagan caso, sabrán que
hubo un profeta en medio de ellos” (Ez 2,5).
Nunca ha sido fácil la tarea de los profetas.
El fracaso está ya previsto en la misión.
Pero, ¿por qué es tan frecuente que sean rechazados?
Cuando el mensaje incomoda a los oyentes,
lo más fácil es negar la competencia del profeta:
 No está preparado,
 es un iluso,
 no se entiende bien su mensaje,
 no conoce el terreno que pisa…
A veces es innegable que
el mensaje del profeta es correcto y atinado.
Molesta a los poderosos, y tratan de silenciarlo:
• con la gritería de la propaganda,
• con mentiras y calumnias,
• con la violencia de las armas.
Rechazamos al profeta porque...
nos incomoda,
nos hace renunciar a nuestros intereses.
Este evangelio recuerda el retorno de Jesús a su propia tierra.
Sus paisanos quedan admirados de su sabiduría y de sus milagros.
Son tan evidentes que sería de necios negarlos.
Pero no están dispuestos a acoger el mensaje de Jesús.
Y la razón es sorprendente:
Saben quién es
y conocen a su familia,
lo han visto caminar por las
calles del pueblo.
Hace tiempo que lo tienen
bien clasificado
y no están dispuestos
a admitir
que pueda hablarles
de parte de Dios.
Hoy, en nuestra sociedad, estas actitudes se repiten de mil maneras.
Admitimos la verdad y la coherencia de
las razones que se nos exponen,
pero si no nos interesan, las rechazamos
“No rechazan a un profeta más que en su
tierra, entre sus parientes y en su casa”.
Rechazamos a Jesús cuando lo identificamos con
personas de cuyas normas queremos liberarnos
“No rechazan a un profeta más que en su
tierra, entre sus parientes y en su casa”.
El profeta Jesús es rechazado por la nueva Europa Democrática
que, por afirmar una tolerancia selectiva,
ha caído en el vicio de la “Cristofobia”.
Señor Jesús,
tú te extrañaste de la falta de fe de tus vecinos de Nazaret.
También hoy nuestro abandono de la fe
resulta sorprendente.
Ten piedad de nosotros. Amén.
La gente que lo oía se preguntaba
asombrada: …
¿no es éste el carpintero,
el hijo de María…?
Y desconfiaban de él.
Jesús les decía:
- No desprecian a un profeta más que
en su tierra. Entre sus parientes y en
su casa.
( Mc 6, 1-4)
Texto: José
Román Flecha Andrés
Palabra del Señor
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