PENSAMIENTOS DE
D. ANTONIO AMUNDARAIN
SOBRE LA VIRGEN
¡Qué pocos abarcan
a María en toda su
extensión, en todo
lo que Ella es!
María es Reina y
Señora de los cielos
y de la tierra, Madre
de Dios Hijo, Hija de
Dios Padre, Esposa
del Espíritu Santo.
Y, como tal, merece
(y la Iglesia se lo
tributa) un culto
especial, distinto
del que se da a Dios
y del que se da a los
demás santos.
El cielo y la tierra se tocan
en María; en Ella se han
unido los extremos más
distantes.
Allí se ha abrazado Dios
con el hombre, y allí Dios
espera el retorno, si éste
se ausenta.
María, la encarnación de la
virginidad, prodigio de pureza
virginal en su maternidad, árbol
cargado de fruto divino sin
marchitarse su flor, sus fragancias,
sus bellezas, sus glorias…
María modelo, María maestra, María protectora
y abogada de la pureza y de todas las demás
virtudes, en el hogar de Nazaret, en el
templo, en el matrimonio, en la sociedad, en
la familia…
María: ni la
Iglesia encuentra
palabras
suficientes para
ensalzarte,
porque has
cautivado entre
tus suavísimas
fragancias a
Aquél para quien
los cielos son
demasiado
pequeños.
María es agradable y poderosa delante
de su Hijo Jesús, en primer lugar, por su
santidad, su virtud, la perfección de su
gracia y méritos imponderables.
María es camino para ir a Jesús, no sólo
seguro, sino único; no porque Dios no
pueda prescindir de María, sino porque no
quiere prescindir de Ella. Y por lo tanto,
cuanto más esté una persona consagrada
a María, tanto más lo estará a Jesús.
María es el símbolo y la realidad
más sublime de nuestros triunfos y
de nuestras glorias.
María debe ser
alabada, honrada,
amada; María debe
ser servida,
obsequiada,
obedecida, imitada,
copiada, vivida; María
es bandeja de oro
donde van nuestros
corazones, imán que
nos atrae a Jesús.
El reino de María es el principio del
reino de Cristo Rey. En el corazón
de María está el primer trono del
Corazón de Jesús.
María fue la que
proveyó al mundo
de Redentor,
dándole el fruto
de sus entrañas;
por eso, María es
cooperadora con
su Hijo en la
redención del
género humano.
María lleva en su
corola escondido el
fruto más sabroso y
exquisito que vieron
jamás los siglos.
María ha
venido, no a
enseñar,
sino a dar a
Jesús al
mundo.
Flor del campo y
lirio de los valles
podemos, como a
Jesús, llamar
también a María.
Virgen del pueblo,
del hogar, del
taller, es María.
María en medio de sus tareas diarias, nunca
perdía de vista a Jesús, y de Aquél a quien Ella
dio el ser recibía continuamente celestiales
raudales de vida divina y sobrenatural.
María es modelo perfecto y acabado. No
hay en Ella imperfección alguna. No hay
mancha, ni impureza, ni incorrección; todo
es terso, perfecto y acabado. Es Ella, al
mismo tiempo, la criatura más rica en
gracia y en todo género de virtudes.
María nunca está sin Jesús; por eso,
ir a María es ir a Jesús.
En María todo es imitable, porque todo es
sencillez y pequeñez.
Si en la imitación nos acercamos a María,
nos acercamos también a Dios; se acortan
las distancias.
María es muy imitable y por eso se
presenta como modelo de nuestra vida.
Que vivas en María. Que vivas como
María. Que imites a María. Que por María
vayas a Jesús.
María guardaba todas las cosas en su
corazón. El velo de una encantadora
sencillez ocultaba los más sublimes
misterios.
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