Ejerció el ministerio
episcopal en la ciudad
de Écija,
sobresaliendo por su
amor a la predicación
evangélica y a la
disciplina eclesiástica.
Del latín fulgentem,
significa
"resplandeciente". Es un
nombre que nace en el
cristianismo. Se ha
prodigado muy poco,
pese a su gran belleza.
Hermano de los santos
Leandro e Isidoro, y de
santa Florentina
Hijo de nobles, fueron
desterrados sus padres
a Sevilla, a causa de su
fe y allí nació
Fulgencio. Lo
encomendaron sus
padres al obispo Eterio,
benedictino, para que
le educase en la fe
cristiana.
El resultado fue que Fulgencio abrazó la vida
monástica en la orden de San Benito, en
Sevilla.
Tan pronto como llegó Fulgencio a ocupar la sede
episcopal de Écija, su natural dulce, indulgente y
compasivo obró el milagro de disolver los odios
enconados de Écija.
Puso orden en las costumbres de los clérigos
y en los monasterios, hasta convertir a Écija
en un remanso de paz. Reclamado de nuevo
a Cartagena, allí acabó sus días el año 658.
Su fiesta se celebra el 16 de enero.
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